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Deuda extrema y mayor déficit; extranjeros aplazan o cancelan inversiones en México

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(09 de diciembre, 2014).- La crisis económica viene a constituir un elemento más que agrava la situación que vive el país e incrementa el grado de inconformidad que han demostrado ya los ciudadanos. El petróleo sigue en picada y aun y cuando algunos analistas ven la ventaja de que la venta del combustible sea en dólares, lo que puede acarrear alguna ganancia cuando los presupuestos tanto de Ingresos como de Egresos se hacen en pesos, se antojan tales argumentos como una pequeña aspirina, de esas chiquitas, de las que se toman para proteger el corazón, cuando lo que se padece es un cáncer terminal. 

El Banco de México (Banxico) ha advertido una y otra vez del peligro de un proceso inflacionario en el que se pierda el control, y sin embargo, tal panorama parece no inquietar en lo más mínimo al “vicepresidente” y marqués Luis Videgaray. El orgullo de hoy es la estabilización del tipo de cambio, lo cual es muy bueno para los jitomates, para las colegiaturas y los pagos de servicios médicos, sin olvidar la hipoteca.

Las bajas en la producción, en las ventas tanto de mayoreo como de menudeo, la desaceleración que, cierto es, no se vive sólo en este país sino en los latinoamericanos, abarca ya todo tipo de industrias, entre ellas la editorial. Tal pudo observarse perfectamente en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara celebrada recientemente. Las ventas de textos se cayeron y con ellas la esperanza de que la facturación por ediciones digitales se incrementara. Apenas si han significado para los editores un dos por ciento de los 10 mil 909 millones de pesos que lograron facturar durante los primeros 10 meses de este año.

Activar subastas para frenar el dólar e inclinarse por un mayor endeudamiento, a decir de los especialistas en esta rama, no son las mejores opciones y mucho menos soluciones. Si bien en el pasado reciente se pretendió dar liquidez al mercado tomando medidas precautorias en caso de que se presente la necesidad de intervenir en el mercado cambiario, tal decisión a los únicos que hace felices es a los banqueros y a los importadores y exportadores de grandes volúmenes, ya que son los que tienen capacidad tanto efectiva como crediticia para acceder a estas subastas que se presentaron de noviembre del 2011 a abril del 2013, y que consideraron efectiva, aunque muchos se preguntaron ¿por qué las reservas internacionales no bajaron? La respuesta fue: se contrajo un mayor endeudamiento.

Así, frente a una baja considerable en el ya de por sí anunciado raquítico crecimiento y la baja en el precio del barril del petróleo, los analistas consideran que la deuda aumentará hasta en un 45 por ciento y si el titular de Hacienda, Luis Videgaray, informó que ésta ascendía ya a más de cuatro billones de pesos, ésta alcanzará los seis billones de pesos al sumarse los pasivos tanto de Petróleos Mexicanos (Pemex) como de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Esta suma representa el 40 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), por lo que el déficit de cuatro puntos calculado también para el siguiente ejercicio gubernamental se verá notablemente incrementado. Por lo tanto, y en vista de que el gasto del gobierno no es una ley y en consecuencia no hay penalización hasta por su mal uso –como se ha demostrado año tras año en la revisión de las cuentas de la Presidencia de la República y otras áreas más—, habrá que tomar medidas de jerarquización para la aplicación, ya que sin duda las afectaciones por el precio del petróleo serán mayúsculas con todo y los seguros que afirman tener y que garantizan el precio presupuestado durante varios meses.

A lo anterior habrá que sumar la reducción que se hizo sobre las reservas del gas Shell, mismas que alcanzaron de un 90 por ciento a un 25 por ciento, lo cual tiene a las empresas que se supone invertirían en su extracción, a punto de cancelar cualquier trato con México. La danza de las cifras mexicanas es ya conocida internacionalmente y es precisamente esta serie de desinformaciones la que evita que sean vistas con seriedad y en abundancia las inversiones en temas que, como el energético, son de primer orden. Con esta baja en el gas, señalada en la Cámara de Senadores, ya puede hablarse del fracaso de una reforma que sólo ha traído muchos más movimientos negativos entre la sociedad y el gobierno que beneficios tangibles.

INVERSIONES EN PICADA

En nueve meses, la inversión extranjera directa disminuyó en un 45 por ciento con respecto al año pasado. Las justificaciones ante tal baja son que hubo una transacción atípica registrada durante el segundo y tercer trimestres en la compra de acciones de la empresa América Móvil por parte de inversionistas mexicanos; los flujos de inversión se movieron hacia la industria manufacturera, servicios financieros y minería, así como en sentido opuesto se dio una desinversión por más de cuatro mil millones de dólares en el sector de información en medios masivos.

José Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), habló claramente sobre el anémico crecimiento de la región lo cual “va a obligar a los países latinoamericanos a remar hacia adentro para paliar sus principales debilidades, que son la baja productividad, la alta informalidad, el frágil estado de derecho, la logística deficiente y la débil competitividad”. Cualquier semejanza con lo que ocurre en México no es mera coincidencia es una realidad que ya marcó el índice de crecimiento real y que no llega sino al 1.4 por ciento y, para muchos, este porcentaje sigue siendo muy optimista frente a las realidades existentes.

Como ya se había mencionado, no hay más culpables ​de lo que acontece en el renglón económico que los ciudadanos, los que no redactaron la reforma fiscal, los que no marcan los índices de crecimiento, los que tampoco tienen que ver con la imaginación con la que calculan el precio del barril del petróleo, los que no hacen las asignaciones, los que tampoco autorizan las leyes que deben regir para los inversionistas nacionales y las que se establecen para los extranjeros y las que pueden darse ya por zonas, en franca y auténtica violación a mandatos constitucionales.

Por lo menos así siguen viéndolo quienes tienen la responsabilidad de que no se presente crisis como la que afecta a México, sobre todo teniendo en cuenta toda la riqueza con la que contamos. Agustín Carstens descubrió el agua tibia al señalar que los acontecimientos sociales registrados en México, como la desaparición de los 43 normalistas, si influyen en las decisiones que toman los inversionistas, pues la certidumbre y la confianza son elementos fundamentales para la toma de decisiones, tanto para invertir como para el consumo. Hay que aceptar, dijo, que algunas inversiones se han diferido. Pero todo eso fue una advertencia a tiempo proveniente de quienes no tendrán al Banco de México bajo su custodia pero sí saben lo que es la lógica, la razón, la aplicación del dinero en beneficio de la sociedad, para incrementar el mercado interno, para la producción, para la generación de empleos a los que por cierto no quieren mover en cuanto al salario y es este mismo funcionario quien considera que elevarlo un 10 por ciento sería “nocivo”. ¿Más de lo que lo han sido las medidas adoptadas por todo el gabinete económico y que con todo y autonomía lo involucran, señor Carstens?

Y, con la misma cara de niño espantado con la que ha salido en más de una ocasión Pedro Joaquín Coldwell, titular de Energía a dar información sobre el sector energético, ha informado que se aplazarán las inversiones que tenían ya muy programadas de la Ronda cero y la Roda Uno anda por las mismas. Ya los inversionistas, dijo, lo piensan dos veces y a decir de quien podrán aprovechar la oportunidad y que se respaldan en la reforma realizada por Peña Nieto, se tendrán que ofrecer mejores condiciones a las empresas que busquen participar y conseguir un mejor panorama para las finanzas públicas. Y no solo serán condiciones, sino reglas que los protejan como contar con vigilancia de sus países de origen en las áreas que les sean concesionadas y que se formen pequeños estados dentro de este país en el que sean otras reglas las que rijan. Remate total con tal de hacer válida una reforma fallida.

REALIDAD QUE LASTIMA

Al interior del país, en la mayoría de los millones de hogares mexicanos, se resiente una convulsión económica, social y política, generada por factores de responsabilidad directa del actual gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto, la cual es agravada por factores económicos externos que ya escapan totalmente de su control. Para los observadores internacionales el mandato de Peña Nieto va “de mal en peor”, como lo tituló este viernes el editorial “From bad to worse” del diario británico The Economist, que anticipa el hecho de que la popularidad del mexiquense seguirá muy afectada por su anémica economía –que golpea a todos los trabajadores- y una confianza del consumidor especialmente débil.

Al arrancar su gobierno, la administración del actual residente de Los Pinos se centró únicamente en el tema económico,  evadiendo la realidad del país con un discurso que impulso la agenda legislativa de las reformas estructurales, estrategia que casi por dos años le funcionó, gracias a contar con un Congreso de la Unión a modo. Ahora Peña Nieto y su gestión están chocando de frente con la realidad del país.  La desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa mostró la descomposición que vive el sistema judicial mexicano y la incapacidad de las autoridades para sacarlo a flote. La serie de mentiras de las autoridades encargadas de las investigaciones, encabezadas por la PGR y su titular, Jesús Murillo Karam, ahondaron la peor crisis de la nueva administración priísta, que cada vez se parece más e incluso supera en incapacidad a sus antecesoras del blanquiazul.

Para los observadores internacionales, la falta de acción de la administración federal en el caso de Ayotzinapa, es un símbolo de la falta del gobierno federal en poner el tema de seguridad como prioridad, no sólo desde el terreno judicial, sino sobre todo el social y político, erosionados por una economía anémica. La inacción y las mentiras del gobierno detonaron manifestaciones, pacificas la mayoría de ellas, aunque hubo y comprobado está infiltrados, cuyas acciones fueron infladas por los medios de comunicación. Tan es así que fueron exhibidos encadenados para que la opinión pública comprobara que son grupos pagados por el propio gobierno federal.

Peña intentó parar las protestas con el anuncio de acciones para promover el desarrollo del Sur del país,  insistió en el modelo policial de las policías únicas estatales, recayó en la intervención en municipios infiltrados por la delincuencia, y otros mecanismos de control social. El mexiquense ha sido afectado además por el escándalo que causó la noticia sobre su residencia valuada en 7 millones de dólares, lo que puso en tela de duda su capacidad en hacer cumplir el Estado de Derecho en el país, lo que ya se había vislumbrado con una serie de hechos anteriores.

Ahora sus preocupaciones se incrementan en el terreno económico. Las opiniones entre el Ejecutivo Federal, encabezadas por el titular de la Secretaría de Economía, Idelfonso Guajardo, y el Banco de México, que encabeza Agustín Carstens fueron contrapuestas. Para el secretario de Economía, la depreciación del peso frente al dólar es un fenómeno temporal generado por fluctuaciones de corto plazo, por lo que pidió “tranquilidad”. En una entrevista en el marco de la presentación del programa Pro Auto, en Querétaro, Guajardo aseguró que la depreciación del peso se corregirá en el corto plazo, “tal como ha sucedido en otras ocasiones”. Es decir, que para él, “no pasa nada”.

La Junta de Gobierno del Banco de México, no opina igual, al considerar que la depreciación del peso frente al dólar, la debilidad de la economía mundial y el escenario social que se vive en México en las últimas semanas han deteriorado el balance de riesgos de la actividad económica y la inflación del país. Aunque se apresuraron  a aclarar que “los movimientos cambiarios tienen muy bajo efecto en el alza de los precios”, pero ya veremos en el corto plazo el impacto que tendrá en la inflación la depreciación sostenida del peso mexicano, sobre todo en la adquisición de lo básico, que son los alimentos. Por lo pronto y ante las expectativas negativas que se manejan en el exterior se dieron a la tarea inmediata de regular el mercado cambiario y “estabilizarlo”.

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