(28 de enero, 2015).- El presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Silvano Aureoles Conejo, ha declarado que, incluso con las conclusiones brindadas por la Procuraduría General de la República (PGR), el caso Ayotzinapa no será sometido a carpetazo y no se cerrará.
Indicó que es una herida que no cerrará nunca, al preguntársele acerca de la opinión de Enrique Peña Nieto de “superar los hechos”, pero, para suavizar el tono, agregó; “hay que interpretar la expresión presidencial bajo la connotación de que hay que seguir adelante y hacerle frente a los retos que tenemos”.
Refrendó que la única forma de evitar de nueva cuenta esta clase de hechos trágicos es haciendo justicia y corrigiendo las inconsistencias que llevaron a los sucesos que se encargaron de evidenciar la incapacidad del Estado Mexicano.
Y concluyó: “Porque lo que reflejó este caso de Guerrero es; hasta dónde somos vulnerables y qué cosas no están funcionando bien, qué cosas hay que corregir, cuál es la capacidad del Estado para hacerle frente a estos hechos y que habrá que ponernos a trabajar a fondo para evitar que se repitan; cada quien lo que le toque; el gobierno hará lo suyo y, desde luego, el Congreso haciendo la parte que le toca para que el Estado tenga la capacidad para hacerle frente a hechos como el que hoy nos tiene enlutados a todos”.
A su vez Ricardo Anaya Cortés, coordinador de los diputados del Partido Acción Nacional (PAN), señaló que el encargado de tener la última palabra sobre los estudiantes desaparecidos es el Poder Judicial de la Federación (PJF) pero que la solución “de fondo” estará en manos de lo que dictamine el Sistema Nacional Anticorrupción.
“La PGR investiga, el PJF juzga. “Más allá de la verdad histórica, la verdad política, la verdad incuestionable, es que detrás del trágico acontecimiento, hay complicidad de autoridades con criminales. Hay actos de la más despreciable corrupción, la que cuesta vidas humanas”.
Dejó claro que el informe brindado por la PGR ha dejado insatisfechos tanto a los padres de los normalistas como a la sociedad en general, misma que ya no cree en los partidos ni en las instituciones nacionales, mismas que han demostrado ser corruptas.

