Permiso de Peña a extranjeros para matar impunemente

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Ilustración: Pe Aguilar

¿Serán capaces los senadores de la derecha aprobar la iniciativa de reforma a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos que acaba de enviar Enrique Peña Nieto al Senado, con el fin de permitir que agentes de migración y aduanales estadounidenses, principalmente, ingresen armados a territorio nacional? Desgraciadamente, así como el inquilino de Los Pinos obedece órdenes de la Casa Blanca en Washington, los legisladores reaccionarios acatan todas las instrucciones que reciben del Ejecutivo. Con todo, es tan grave tal propuesta que equivale a una lesa traición a la patria, y un desprecio absoluto a nuestras fuerzas armadas.

¿Adónde quiere llegar Peña Nieto con su comportamiento? ¿Qué nos espera en caso de que sea aprobada la reforma y cualquier agente estadounidense pueda ingresar a México portando sus armas? Obviamente, serán como el equivalente al 007 británico de Ian Fleming, con permiso para matar a quien se les ocurra, a sabiendas de que tendrán plena inmunidad, aunque así entren en conflicto con las autoridades mexicanas, incluidos miembros del Ejército y de la Marina. La “justificación” legaloide a tan grave iniciativa es por demás absurda. ¿Qué beneficio pueden recibir los viajeros en los puertos de entrada y salida del territorio nacional con que agentes estadounidenses entren armados a nuestro país?

Tal parece que Peña Nieto desconfía del profesionalismo de nuestros agentes aduanales y los cree incapaces de adaptarse a métodos tecnológicos de punta que permitan agilizar los trámites migratorios. ¿Qué tienen que ver las armas en estos movimientos y por qué agentes estadounidenses podrían portar armas en un territorio que no es el suyo? ¿Acaso autoridades mexicanas pueden hacerlo en Estados Unidos? ¡Serían aprehendidos de inmediato bajo cargos de conspiración y terrorismo!

El inquilino de Los Pinos no quiere dejar pasar la oportunidad de entregar lo que queda de nuestra soberanía, aunque ello le signifique pasar a la historia como el que abrió las puertas de par en par al gobierno estadounidense para que haga y deshaga lo que se le antoje en nuestro país. Es obvio que tal propuesta está orientada a facilitar la contratación de guardias blancas por parte de las empresas extranjeras que le tienen echado el ojo a nuestros recursos energéticos, a nuestras minas, a los últimos recursos estratégicos que aún nos quedan debajo de la tierra.

Es el regreso a los tiempos que fueron reseñados certera y fielmente por B. Traven en su magistral novela La Rosa Blanca. Si no la conoce léala, o busque la película dirigida por Roberto Gavaldón, para que se dé una idea de lo que nos espera en caso de que los legisladores reaccionarios y corruptos que padecemos se atrevan a aprobar la reforma que le ordenaron a Peña Nieto presentar al Senado. Conviene que se pongan a pensar un poco en las consecuencias de una medida tan terrible, pues lo único que se habría de conseguir, con las guardias blancas actuando a su libre arbitrio, sería una violencia incontrolable y el pretexto idóneo para que la Casa Blanca o el Capitolio ordenen la invasión a México en defensa de sus intereses.

Así lo deja ver que se pida a los senadores que aprueben la autorización a que, “en casos excepcionales”, las escoltas de jefes de Estado y de gobierno, ministros y altos funcionarios de otros países que visiten México, puedan actuar armados “para su debida protección”; incluso se podrá autorizar otro tipo de armamento, “siempre que a juicio de la Defensa se justifique la necesidad de su uso”. No se especifica a juicio de cuál “Defensa”, por lo que conviene una precisión. No sería razonable que la Secretaría de la Defensa Nacional “justificara” que guaruras extranjeros entraran a nuestro territorio con cañones o misiles atómicos.

Una elemental prudencia indica el imperativo de oponerse tajantemente a semejante reforma, que sólo demuestra una grave falta de respeto a la institución presidencial por parte del actual inquilino de Los Pinos, en su afán de lograr un mayor apoyo de la Casa Blanca a su administración, aunque ello le signifique por otro lado un grave debilitamiento, que afectará al PRI y lo obligará a actuar con más marrullerías para no perder capacidad de maniobra política. Una nación sin un Estado que la defienda está condenada a la ruina.

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