Vital cerrar filas para evitar que la Casa Blanca se salga con la suya en Venezuela

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Ante la imposibilidad de que las élites en las naciones de firme tradición imperialista, actúen con un mínimo de sensatez y comprendan que su voracidad está llevando a la humanidad a perder la oportunidad, por primera vez en la historia, de hacer compatible un progreso sustentable, con avances humanos orientados a fortalecer una vida más racional, debemos prepararnos para sufrimientos comparables a los que padeció buena parte del mundo en los años de la Segunda Guerra Mundial. Desgraciadamente no se trata de una apreciación subjetiva, fundada en un pesimismo irredento, sino de hechos que nos demuestran que otra vez la irracionalidad y el egoísmo nos están llevando al inicio de una situación bélica de alcances insospechados.

La alta burocracia en Washington no acepta que el mundo dejó de ser unipolar, que es absolutamente insostenible mantener una hegemonía sobre la humanidad con base en la explotación de los pueblos, el apoyo a dirigentes corruptos y el castigo a los gobiernos que se deciden a poner en práctica proyectos democráticos y progresistas. Así lo constatamos en estos días, luego de que Barack Obama emitió un decreto declarando al gobierno venezolano de ser “una amenaza” para Estados Unidos. Tan absurda decisión dio la pauta para que el Parlamento Europeo secundara el ataque de Obama, aprobando una condena por la “represión y la violación a las libertades” en la nación andina. A su vez, el Banco Mundial aprovechó para obligar al gobierno de Nicolás Maduro al pago de 455 millones de dólares por la nacionalización de dos empresas estadounidenses.

Aunque Maduro ha demostrado no estar a la altura de las circunstancias, con sus tibiezas, indecisiones e incapacidad para continuar el proyecto que no alcanzó a concretar el extinto presidente Hugo Chávez, en este momento es vital cerrar filas en defensa del pueblo venezolano, para evitar que la Casa Blanca se salga con la suya de fracturar el proyecto nacionalista y democrático encabezado por la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), como lo quiere llevar a cabo de manera por demás obvia. No son fortuitas las movilizaciones en contra del gobierno de Dilma Roussef, ni tampoco Estados Unidos es ajeno a los ataques contra Cristina Fernández en Argentina.

En la Casa Blanca consideran que no deben seguir esperando a que las fuerzas reaccionarias y antidemocráticas internas hagan su trabajo en los países de la Unasur. No tienen condiciones para avanzar, como sí las hubo y sigue habiendo en nuestro país gracias al servil trabajo realizado por la camarilla tecnocrática apátrida, la que en la actualidad sigue en el poder con métodos que violan las libertades y anulan el Estado de derecho, realidad que no preocupa a los grupos de poder trasnacionales que quieren seguir controlando a la humanidad, como si siguiéramos viviendo en el siglo diecinueve. ¿No han puesto como ejemplo de “estadista” a Enrique Peña Nieto gobiernos y medios estadounidenses y europeos? ¿Acaso no es un ataque a la libertad de expresión haber obligado a MVS a rescindir el contrato que tenía desde 1999 con Carmen Aristegui?

Es evidente que el gobierno estadounidense y sus aliados europeos quieren frenar los avances del grupo conocido como BRICS, aunque su principal preocupación sea la alianza estratégica entre Rusia y China. La Casa Blanca no quiere perder más tiempo en la que considera zona geopolítica de su propiedad, se quitará la careta de gobierno respetuoso de las libertades y de la democracia, como ya lo hizo abiertamente en el caso de Venezuela, y se aprestará a intervenir como sea necesario con el fin de asegurar que América Latina se doblegue a sus intenciones bélicas y así frenar la conformación de un eje China-Rusia-Brasil-Argentina.

En este marco geopolítico, México juega el papel de patio trasero del imperio, lo que nos coloca en una posición  muy vulnerable, porque no contaremos con el apoyo de los BRICS ni tampoco el de Washington, en tanto que no necesita negociar nada con el corrupto e ineficiente gobierno mexicano, extremadamente reaccionario y entregado a los grandes intereses trasnacionales, además de ser rehén del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Por ello, la Casa Blanca lo pone como un gobierno “ejemplar”. Desde luego lo es, pero de lo que no debe hacer una clase política en un país doblegado por la oligarquía ultra reaccionaria y la voracidad imperial.

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