Ilustración: Pe Aguilar / @elesepe1
La cúpula empresarial está lista para evitar cualquier desviación política que pudiera afectar sus mezquinos intereses, así lo deja ver el protagonismo político de sus principales dirigentes, quienes no parecen darse cuenta de la dramática realidad que se vive en el país. Sin embargo, precisamente porque tienen claridad sobre la situación por la que atraviesa México, han acentuado su presencia pública con el fin de que el Ejecutivo no se deje llevar por sus impulsos mediáticos y se comprometa a lo que no puede cumplir debido a su excesiva verborrea.
Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), no pierde oportunidad de hacer acto de presencia en cuanto acto público en el que su protagonismo se pone de manifiesto. Este comportamiento no es por el afán de aparecer al lado de los dirigentes de los poderes del Estado, que en realidad son inexistentes, sino demostrar que el verdadero poder en este país lo ejerce la élite del empresariado. Así debe actuar porque no existe un líder confiable para ellos, como en la Alemania nazi con Adolfo Hitler al frente de las instituciones.
La cúpula empresarial está muy preocupada porque sabe que el país está al borde de un estallido social de magnitud insospechada, a pesar de lo que nos quiere hacer creer Enrique Peña Nieto con su costosa y permanente campaña mediática, orientada a pintarnos una nación sin problemas graves. Los dirigentes ultra reaccionarios de la élite empresarial, saben muy bien que las contradicciones de toda índole en México están a punto de desbordarse, no obstante las escenas preparadas de las giras de Peña Nieto, donde se le mira rodeado de mujeres, sobre todo ancianas, quienes son llevadas con el fin de que lo abracen y besen.
La cúpula empresarial sabe perfectamente que esa no es la realidad del país, aunque desgraciadamente hay en el pueblo quienes creen que la popularidad de Peña Nieto es la que nos muestran esas escenas pagadas a muy alto costo. Esto es resultado del analfabetismo funcional en que el régimen mantiene a las clases mayoritarias, motivo fundamental por el que la educación camina en reversa desde hace tres décadas, al igual que la economía. Pero como el empresariado tiene información objetiva de la realidad nacional, de manera permanente, como nunca antes, se mantiene alerta para forzar al régimen a proceder conforme se presenten las circunstancias.
Lo que les interesa es no ver afectados un ápice sus intereses, y como las reformas estructurales no han caminado de acuerdo con los planes iniciales, las expectativas de ganancias rápidas se han venido diluyendo. De ahí su preocupación y la razón de la ubicuidad de Gutiérrez Candiani, quien se ve forzado a declarar que las próximas elecciones deben realizarse sin contratiempos, con el mayor número de votos en las urnas, como si realmente le interesara el tema. Es obvio que su temor es a que el régimen pierda su máscara “democrática”, que tenga que actuar como lo que es realmente y ellos, la cúpula empresarial, se vean obligados a pagar los costos de la total descomposición del régimen que obligara a tomar medidas ajenas a ellos mismos.
Sin embargo, si no hay más remedio para conservar sus privilegios, a costillas de los bienes nacionales, lo aceptarían sin chistar porque la otra alternativa, la que conviene al país en su conjunto, no la aceptan bajo ninguna circunstancia. Esta es la de una democracia participativa, en la que la sociedad mayoritaria tenga oportunidad de hacerse escuchar por las élites, en razón de una auténtica división de poderes. Desgraciadamente, la que sería la mejor opción para que el país salga adelante, no está en la agenda de la élite empresarial, por la sencilla razón de que actualmente tiene un poder incontrastable y no lo quiere perder.
Para ellos es inconcebible el regreso a los tiempos en que sus predecesores tenían que hacer antesala en las oficinas del gobierno federal, cuando el presidente mandaba realmente en el país. Ahora las cosas son al revés, por eso es impensable que acepten cambios de fondo en México, sin antes lograr la independencia del Estado. La cuestión es lograrlo de manera pacífica, y que lo entienda la élite empresarial para evitar males mayores al país en su conjunto.

