La Nueva América Latina

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Por: Víctor Flores Olea

En realidad, no es de extrañar que los países latinoamericanos, hoy en su mayoría, difieran en una serie de aspectos centrales respecto a Estados Unidos, y así quedará claro durante la próxima semana cuando tenga lugar en Panamá la VII Cumbre de las Américas. Ya días antes surgen las diferencias, notablemente sobre el caso de las sanciones impuestas por la Casa Blanca a Venezuela, respecto a lo cual una mayoría de nuestros países ha mostrado su desacuerdo.

Lo que resulta lamentable es que prácticamente de inmediato, el Departamento de Estado, por voz de su Subsecretaria Roberta Jacobson, haya manifestado su “decepción” por esta mayoría latinoamericana en contra de las sanciones estadounidenses, pero sobre todo por el hecho de que un país con los flujos informativos con que cuenta mostrara tal “extrañeza”, lo cual confirma una vez más la ceguera del gran país del norte respecto a las transformaciones de América Latina en los últimos tiempos, y al hecho de la decisión de nuestros pueblos, de su gran mayoría, de escapar a lo que han sido inveteradamente, desde hace siglos, los mandatos de la gran potencia del norte.

En la mayoría de comentarios, se apunta en el mismo sentido, sin incluir en el ánimo de independencia a importantes países como México, Colombia y Perú, que seguirían más atados a la Casa Blanca que el resto de los países continentales. Por nuestra parte, lamentamos que esto en efecto sea así, porque simplemente refleja la tendencia regresiva de un país como el nuestro que, en otros tiempos, ha sido punta de lanza para demostrar su independencia y afirmar su soberanía respecto a Estados Unidos.

Pero así son las cosas, lo cual refleja el carácter “regresivo” de la política internacional del actual régimen que, por el otro lado, junta los extremos con una política económica neoliberal, también ampliamente regresiva y que es la causa clara de las grandes desigualdades internas y de nuestra incapacidad para abrir la brecha a un desarrollo económico más dinámico e igualitario. Política externa regresiva pero además una política económica sometida al Consenso de Washington, que es la fórmula de la sumisión a los grandes intereses transnacionales y globalizados, que hoy son precisamente la marca de los dominios imperiales que aun se imponen en el mundo y que nosotros, otra vez en el extremo “regresivo”, aceptamos como destino y fórmula de nuestra condición de explotados y sometidos.

Todo esto en nuestro país, cuando otros, por ejemplo en Europa, marcadamente Grecia con el nuevo partido mayoritario “Syriza”, y muy probablemente España con “Podemos”, emprenden un gran esfuerzo emancipador que podrá llevarlos a nuevos niveles de desarrollo, industrialización, empleo y democracia, Y, desde luego, mencionando en primer lugar la decisión latinoamericana, a través de un buen número de países que han establecido un conjunto de organismos como la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), y la Alianza de Gobiernos Izquierdistas (Alba), el Banco del Sur, Mercosur, Aladi, y otros más, que en primer lugar ofrecen, seguramente por vez primera en nuestra historia, un panorama de autonomía e independencia que no se había visto anteriormente.

Vemos también que muy distinguidos intelectuales estadounidenses, como Noam Chomsky, coinciden ampliamente el nuevo curso latinoamericano, sin que tal cosa signifique su adhesión incondicional a todas las medidas, y que no consideren los grandes esfuerzos y dificultades que deberán aún cumplirse para lograr mayor desarrollo y democracia. Chomsky, sostiene que “Ahora Bolivia junto con buena parte de la región, desde Venezuela hasta Argentina, ha resurgido. La conquista y su eco de dominio imperial de Estados Unidos están cediendo el paso a la independencia y a la interdependencia que marcan una nueva dinámica en las relaciones entre el norte y el sur continentales. Y todo esto con el telón de fondo de las dificultades económicas en Estados Unidos y en el mundo. Durante la pasada década, América Latina se ha convertido en la región más progresista del mundo. Las iniciativas a través del subcontinente han tenido un impacto significativo en distintos países y en la lenta emergencia de originales instituciones en la región”.

En la misma América Latina un intelectual de la talla de Atilio Borón ha declarado “que los países de nuestro continente han sido sometidos por el poder imperial a la exclusión y a la invisibilidad a la que se les pretende condenar, de allí que su lucha actual sea autoafirmativa y procure en primer lugar mostrar su voz y existencia frente a toda la sociedad, que procuren hacerse “visibles” destacando aquello que constituye su personalidad y cultura”.

En la gran mayoría de los movimientos sociales latinoamericanos está presente la afirmación de la autoorganización y la autonomía, que en algunos casos más avanzados se formula como democracia directa o radical. Por debajo de estas ideas hay la intención clara de afirmarse como organizaciones descentralizadas que logran acuerdos por consenso, y en definitiva por la toma de decisiones a través de asambleas democráticas y con la asignación de tareas rotativas con cargos revocables. (Uno de los ejemplos más notables es la formación de los Caracoles en Chiapas y sus correspondientes Juntas de Buen Gobierno, en que debe privar el autogobierno y la resistencia de los territorios rebeldes respectivos). Naturalmente, queda planteado como problema agudo el de la democracia y la horizontalidad de los movimientos, que traen consigo también problemas de eficacia.

Otra de las características presentes en estos movimientos sociales es la impugnación que llevan a cabo de los mecanismos tradicionales de representación y mediación entre la sociedad civil y el Estado, especialmente a través de los partidos político y los sindicatos. En los movimientos sociales que por definición son autoorganizados se rechazan por principio las representaciones y mediaciones externas, principalmente aquellas expresadas en los partidos políticos. Para ciertos críticos algunas de estas cuestiones están en la raíz de la relativa “desmovilización” actual en América Latina de los movimientos sociales: logrados sus objetivos primordiales las aguas tienden a tomar su nivel.

Vemos pues cuáles han sido en los últimos años algunas de las más importantes transformaciones latinoamericanas… mientras que el gobierno mexicano sigue aferrado al neoliberalismo y al control unipartidista!!!

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