La cúpula empresarial pondrá en marcha una iniciativa encaminada a fomentar un proceso electoral sin problemas. Es fácil afirmar que se trata de una medida mediática que no tendrá ninguna repercusión, porque en realidad a los convocantes lo único que les interesa es que las cosas en nuestro país les sean favorables todo el tiempo. Bajo el lema “Por el México que merecemos”, las 25 organizaciones que hacen un llamado a la sociedad y al gobierno a realizar comicios participativos y sin conflictos, se comprometen a trabajar con esa finalidad. Nada sería más positivo, sobre todo en las condiciones que atraviesa el país, que la élite oligárquica mostrara una mínima sensibilidad social, porque eso es lo que se necesita para que el “México que merecemos” la gran mayoría de ciudadanos, se haga realidad.
Lo que ocurre en realidad es que las organizaciones representativas del empresariado empiezan a preocuparse por el rumbo que está siguiendo el país ante los múltiples desaciertos, abusos y corruptelas de la alta burocracia. Esperaban otra cosa del “gobierno” de Enrique Peña Nieto, a quien condujeron a Los Pinos en contra de la voluntad mayoritaria del electorado, como seis años antes había sucedido al apoyar el fraude cometido por el PAN para continuar en la presidencia con Felipe Calderón Hinojosa. Ahora se quieren “desgarrar las vestiduras”, mostrándose ajenos a los gravísimos problemas que sufre la nación, cuando la élite empresarial ha sido cómplice de la tecnocracia que nos ha llevado al pantano en que nos estamos hundiendo.
El dirigente de la Confederación Patronal de la República Mexicana, Juan Carlos Castañón, al dar a conocer esta “iniciativa”, afirmó: “Somos más los mexicanos que queremos vivir en la democracia para la libertad y la responsabilidad”, y se comprometió a trabajar con las organizaciones sociales “para cultivar la cultura de participación, enriqueciendo la propuesta y la agenda ciudadana”. Asimismo, señaló que darán seguimiento a las campañas y exigirán cuentas a los candidatos que ganen. ¿Con qué autoridad moral se arrogan esa tarea, cuando llevamos tres décadas en las que han demostrado hacer todo lo posible por obstaculizar la agenda ciudadana y fomentar una desigualdad injustificada?
Están como los obispos que ahora se dan cuenta que los jóvenes mexicanos, en su gran mayoría carecen de oportunidades para llevar una vida digna. Nunca antes, en las últimas tres décadas, se han mostrado preocupados por una realidad social y económica que sólo ha propiciado una desigualdad estrujante, ahora lo hacen porque el Papa Francisco decidió poner un alto a la complicidad de la alta jerarquía de la Iglesia Católica con los estados al servicio del neoliberalismo, y porque la situación de descomposición social en nuestro país ha llegado a límites exasperantes. En el contexto de la 99 asamblea plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), se plantearon “acercarse, reconocer, escuchar y asumir la vida de los jóvenes en sus lugares vitales, para comprender sus situaciones y acompañarlos”.
Ni que decir tiene que son propósitos plausibles, que sin duda podrán cumplirse en la medida que las élites dejan a un lado su mezquindad y voracidad, entiendan que nada favorece más a una sociedad en su conjunto que la estabilidad social y económica, así como una gobernabilidad basada en el respeto a la participación de todos los sectores y grupos sociales. Ahora estamos viviendo las consecuencias de una forma de proceder contraria a estos principios, que favoreció un clima de ingobernabilidad que ahora los asusta. Sin embargo, en los hechos no se observa que quieran actuar conforme a sus buenas intenciones, como lo demuestra el temor que le tienen a la verdadera democracia.
Sería muy recomendable que la cúpula empresarial se tomara en serio su compromiso con la democracia participativa y aceptara el imperativo de cambiar el modelo económico antidemocrático e inhumano que nos fue impuesto desde el exterior con la abierta complicidad de una alta burocracia apátrida y corrupta, sin parangón con ninguna otra de América Latina. ¿No es para morirse de vergüenza que en Brasil hayan aprendido al tesorero del Partido del Trabajo por el robo de apenas 100 mil dólares? ¿No es un hecho incontrovertible que aquí la corrupción es de miles de millones de billetes verdes? Lo más preocupante es que no están satisfechos y quieren seguir por la misma ruta.

