Los ricos estudian, los pobres no

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Por Marta Durán de Huerta

Ilustración: Pe Aguilar / @elesepe1

 

 

Durante una marcha de protesta estudiantil, alguien escribió en un muro: “Los ricos estudian, los pobres trabajan”. Esa frase resume los resultados de todos los estudios y encuestas sobre la deserción estudiantil, aunque en los lugares donde no hay escuelas, no se puede hablar de deserción.

El equipo de reporteros de la revista Contralínea recorrió los municipios más pobres de México. Fruto de esas investigaciones periodísticas nació el libro “Morir en la Miseria”, que es acompañado de cuatro videos. Los periodistas encontraron cosas espeluznantes; por ejemplo, Zósimo Camacho, en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, entrevistó a familias que viven en cuevas. José Rodrigo López narró al reportero como el único maestro que ha llegado a esa región, al ver esa miseria, dio la media vuelta y se marchó.

Celia Torres solo estudió la secundaria. Ella es la única maestra en la región de Santa Catarina, en la Montaña de Guerrero. Tiene un grupo único de alumnos de primero a quinto de primaria; nadie ha llegado a sexto.

La maestra narró a los reporteros de Contralínea que los niños caminan solos por el monte dos horas para llegar a la escuela. Arriban tempranito, andrajosos, descalzos y temblando de frío. Muchos de ellos se desmayan a media clase. Todos están desnutridos, incluso desde antes de nacer. Los niños le dicen constantemente, “maestra, tengo hambre”. A Celia Torres a veces el gobierno le paga su salario, a veces no.

A algunos de los alumnos de Celia, sus papás ya no los dejan asistir a la escuela después del fallecimiento de varios niños por mordeduras de serpiente de cascabel.

Las víboras, como la justicia en México, sólo muerde el pie descalzo.

A otros chiquillos, sus familias prefieren tenerlos como ayuda, desyerbando la parcela, sembrando o recogiendo la cosecha. A los más débiles, las enfermedades los postran.

La pobreza es ya como una segunda naturaleza de los pueblos indios y campesinos. El niño yuntero que describiera el poeta Miguel Hernández, aún existe en el México rural. Comunidades enteras de Oaxaca, de Guerrero e incluso de Chiapas, cruzan el país para ir como jornaleros temporales al norte para recoger las cosechas. Los campos de Sinaloa, por ejemplo se llenan de familias que trabajan 14 horas al día por una mínima paga. Allá, los niños no van a la escuela.

El antropólogo Abel Barreda, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña de Guerrero Tlachinollan, afirma que las migraciones de los pueblos son por hambre, no por tradición indígena como se dice en la prensa. En el informe titulado, “Migrar o Morir”, el Centro Tlachinollan describe la amarga migración de esa baratísima mano de obra.

La discriminación va a la par de falta de oportunidades. Donde hay población indígena, hay marginación y pobreza y discriminación.

El Índice de Desarrollo Humano
El Índice de Desarrollo Humano se mide principalmente con la sobrevivencia infantil, el acceso a la educación y el nivel de ingresos. La sobrevivencia infantil es el indicador más sensible del estado de salud de una población. En el rubro educativo, los índices se calculan considerando la tasa de analfabetismo en personas mayores de 15 años y la asistencia escolar de la población de 6 a 18 años. Hay por lo menos 122 zonas de México con el Índice de Desarrollo Humano más bajo.

El 5 de junio del 2015, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro Robles, dijo que en México aún hay 5 millones de analfabetos y señaló en tono severo: “¡Es que es una vergüenza!”. Y sentenció: “El analfabetismo es un mecanismo de exclusión”.

Cuando uno compara las cifras de miseria, analfabetismo, deserción escolar y desnutrición, todas coinciden en tiempo y espacio. Es fácil deducir que hay una intrínseca relación entre pobreza y abandono escolar. Además, los maestros no quieren vivir en las zonas más pobres. Los programas de combate a la pobreza no llegan a sus destinos, no hay infraestructura en las escuelas; es más, no hay escuelas.

En las zonas más pobres, los mismos pobladores improvisan un techo y un pizarrón. Le dicen escuela. Las enormes distancias en lugares accesibles solo a pie, son un factor para la deserción de alumnos y maestros

Los servicios concentrados
En las ciudades donde sí hay electricidad, agua, escuelas y doctores, la deserción escolar tiene otros motivos, pero siempre la pobreza es una constante así como la negligencia de las autoridades. En las urbes hay niños que viven en las coladeras, que buscan en la basura algo para comer, que inhalan solventes hasta quedar como zombis.
Otros pequeños están sometidos al trabajo doméstico en calidad de esclavos, como las niñas que tienen que ayudar a sus mamás en las labores y cuidar a sus hermanitos.

La pedagoga Astrid Salazar enumeró las principales causas del abandono escolar.Personal:La persona no quiso o no le gustoì estudiar:37.4%.

Económica:Falta de dinero o tenía que trabajar: 35.2%.

Escolar:La escuela estaì muy lejos o no hay: 2.3%.

Familiar:La familia ya no le permitió continuar estudiando o para ayudar en las tareas del hogar: 2.4%.

Matrimonio y unión: Abandonó sus estudios por contraer matrimonio o emparejarse: 5.8%.Terminoì sus estudios.

Concluyó una carrera:(de cualquier nivel) o dejoì los estudios en el grado o nivel que teniìa como objetivo a alcanzar: 5.4%.Otra causa: 3.1%.

El sitio web Revolución TRESPUNTOCERO reprodujo el 1 de junio las cifras del informe “Escuela de Excelencia”, de la Secretaría de Educación Pública (SEP), donde se afirma que diariamente 5 mil alumnos dejan la escuela, estos son “captados por la vagancia, el trabajo derivado de la necesidad o el crimen”.

Datos de la SEP dan a conocer que algo más de jóvenes y niños, inscritos en el sistema escolarizado, en el ciclo escolar anterior abandonaron sus estudios

Las reformas estructurales de corte neoliberal de Peña Nieto, en especial la educativa, sacaron a los maestros disidentes, nuevamente a la calle a protestar.

Los estados de mayor pobreza como Oaxaca y Guerrero, con los últimos lugares de escolaridad y los mayores de analfabetismo, para colmo, son los que enfrentan mayor violencia.

A más de 500 años de la Conquista, a más de 200 de la Independencia, a más de 100 de la Revolución Mexicana, la educación en México sigue siendo una asignatura pendiente.

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