I.- El reportaje publicado por Ernesto Núñez en la agenda: Forma y fondo del periódico Reforma (5/VII/15), no tiene desperdicio. Es una entrevista a Erika Guevara-Rosas, directora de Amnistía Internacional para las Américas, y para quien “la ejecución extrajudicial en Tlatlaya, Estado de México, a manos del Ejército; la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, en Iguala. Guerrero; la participación de Fuerzas Federales y los abusos cometidos en enfrentamientos con población civil en Apatzingán, son sólo tres hechos notorios en una secuencia que revela un endurecimiento del régimen… No sólo quedó era el aire la promesa del presidente (Peña) de detener la crisis iniciada en el calderonismo, sino que los abusos se han agravado y, hoy, Peña Nieto está aplicando una política de mano dura quizás peor a la de Calderón”. El tema central son los derechos humanos sobre los que el alardea gobierno federal. Pero que viola sistemática y metódicamente. Dice la directora para las Américas de AI, que la mano dura no es solución, sino un problema más.
II.- En el memorándum: Los retos de México en Materia de Derechos Humanos, entregado a Peña el 17 de febrero de 2014 conminan al gobierno a comprometerse “con la erradicación de la tortura, desapariciones forzadas y detenciones arbitrarias; así como la impunidad, la discriminación y violencia hacia mujeres, indígenas y migrantes; y los ataques a periodistas y defensores de derechos humanos”. Ha transcurrido un año y cinco meses, y en México se violan todos esos derechos humanos. “Es muy decepcionante” –dice Erika Guevara-Rosas– que las cosas empeoren. El reportero le cuestiona: “¿Es el regreso de la mano dura del PRI de los setenta?”. Y la respuesta es: “Sí”. Y es que la realidad no nos deja mentir, pues durante el peñismo todo ha empeorado. Económica, política, socialmente las violaciones a los derechos humanos han agudizado el desastre generalizado.
III.- Pero en lugar de ensimismarse trabajando para resolver todos estos problemas, con más de 400 invitados Peña se fue a la tumba de Napoleón en París, entre otros de sus actos con motivo del aniversario de la Revolución Francesa. Más bien hubiera ido a la tumba de Porfirio Díaz; pues la Nación está en muy parecidas condiciones de pobreza, desempleo y pavorosa desigualdad con una concentración del ingreso en unos cuantos millonarios y un multimillonario. Y es que el presidencialismo mexicano tiene resabios porfiristas: peones acasillados, miles de niños trabajando; y los nuevos “científicos” son los neoliberales (Héctor Guillén Romo: La contrarrevolución neoliberal en México). Y los que predican la austeridad como Luis Videgaray, nuestro Limantour, formado por el economista australiano John Quiggin (Mark Blyth: Austeridad, historia de una idea peligrosa). La entrevista es una severa descalificación al régimen de Peña que va de mal en peor, pues el autoritarismo presidencialista no resuelve los problemas que le competen. Tenemos encima la crisis del nazineoliberalismo económico que terminará de barrer con los derechos humanos.

