Josè Carlos Moreno @jcmoreno3_0
El pasado viernes 31 de Julio, cinco personas fueron asesinadas en la Colonia Narvarte en la calle Luz Saviñon número 1909, en la Ciudad de Mèxico. Sus nombres: Rubén Espinosa, Nadia Vera, Yesenia Quiroz, Simone, y Alejandra. La tragedia representa un caso paradigmàtico para la los Derechos de la Verdad, la Memoria, y la Justica, y se enclava en al menos dos dimensiones de suma importancia para el contexto histórico y político actual de nuestro país: la dimensión de la violencia de género, y la dimensión de la cruda represión a la libertad de prensa y al activismo.
El gremio periodístico, impactado e indignado, ha protestado mientras guarda luto y busca tejer la verdad detrás del crimen, con más éxito que el de las instancias de investigación oficiales, y muchos sectores de la sociedad continuamos reclamando justicia desde que se supo del miserable evento. Y la verdad de lo ocurrido y el por qué ocurriò, es decir quièn lo hizo y a quièn o quienes beneficia, está ahí, tironeada hacia el fondo por el aparato de represión y de muerte, secuestrada porque si acaso se rescata esta podría dar pie a la justicia. Sin la verdad no puede existir la memoria, sin la memoria se puede caer en el olvido, y desde el olvido es muy difícil acceder a la justicia.
Tan importantes resultan para este caso la verdad y la memoria que, rápidamente, el aparato de represión conformado por Estado y poderes fácticos se dispone a poner en marcha la eliminación de la verdad y la memoria. No se mata la verdad matando periodistas. Pero se hará lo posible para seguir ocultándola:El despliegue de versiones dudosas y con tendencias distractoras, reduccionistas, y criminalizantes en medios oficialistas, no tardó mucho en ponerse en acción aprovechando la “legitimidad” que le da el acceder a versiones y documentos oficiales del caso (como si la confianza en las instituciones estuviera en su mejor momento), y para muestra un par de botones: El diario Reforma tituló a una de sus notas al respecto “Termina fiesta en ejecución en la Narvarte”, y el portal “La Razón” informa en su titular al respecto que las “Víctimas conocían a sus homicidas”.
En el primero se sugiere que de algún modo existe una relación entre las reuniones sociales con alcohol y el asesinato múltiple de las personas que en ellas participan, además de que se omite la dimensión del crimen de la represión a la prensa, y en el segundo se cataloga a los o las ejecutores o ejecutoras como homicidas, olvidando la dimensión de la violencia de género y proponiendo de manera pasiva y sutil la idea de que quizás si las víctimas conocían a sus agresores algo habrán tenido de culpa.
Otro lamentable hecho de este último portal de noticias es que aparentemente le cambió el nombre a la mujer colombiana que fue torturada, abusada sexualmente, y ultimada. Le pone como nombre Nicole, la Jornada después refiere que se llamaba Simone, y como si esto no fuera poco insulto a la memoria de una víctima de tal atrocidad, se atreve a inducir en el lector la idea de que el móvil del crimen fue el automóvil de la misma mujer, un Mustang que ella poseía “pese a no tener empleo” (¿Acaso, quizás, era criminal? Es la idea entre líneas), ya que esta es la pista principal de la investigación, junto con unas alhajas de oro.
En ningún caso reconocen la labor de Nadia como activista y Defensora de Derechos Humanos en Veracruz, parte de #YoSoy132, y la reducen a mera “promotora de arte”. Tampoco parece importante la pre existencia de la fotografía de portada que Espinosa logró para Proceso Veracruz en donde retrata al gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, enfundado en su poder y que tanto le molesto al mismo; fan del franquismo dicen que es.
Tampoco hacen referencia al hostigamiento sufrido por el periodista, o por la activista, de parte del aparato estatal de Veracruz y su gobernador, quien por su parte declaró su reprobación a los hechos y manifestó su confianza en las autoridades capitalinas para resolver el caso. ¿No debería haber declarado, al menos por pura retórica política, la disposición de su administración y de su aparato estatal de administración de justicia para colaborar activa y profundamente en lo necesario para las investigaciones?
Por su parte Mancera declara que en efecto las líneas de investigación están abiertas y que no quedará impune este caso, y yo me pregunto qué entenderá por impune, ¿Impune como los 60 casos en el país del 2000 al 2014 a los que se suman los 15 de Veracruz, 10 de las cuales han sido en la administración de Duarte? Impune puede ser otro de esos eufemismos que ensucien la verdad e impidan el acceso a la memoria y a la justicia, impune puede ser la creación de elaboración de pruebas y de fabricación y encarcelamiento de culpables. Justicia puede ser darle al coliseo mexicano a la romana la cabeza de un piojo por delitos electorales y nada màs.
Es difícil confiar en un gobierno que lleva 15 periodistas asesinados desde 2010 en su estado, a pesar de que su gobernador haya recibido un premio por su supuesto apoyo a la libertad de expresión. Es difícil creer en la PGJDF que dice tener “todas las líneas de investigación abiertas” pero realmente, ¿llegarán hasta Duarte en la investigación si así fuera necesario? No lo mencionaron como tal y no creo que lo hagan mientras usan técnicas tipo Gestapo como que los agentes ministeriales hayan dado la orden a los vecinos del edificio donde mataron a las 5 personas de no dar entrevistas (me pregunto en base a qué regulación están realizando esta prohibición).
Parece que estamos solos y solas frente a esta desconfianza en las instituciones y sus simulaciones y oscuras prácticas, y hay que asumirse como tal para retomar la iniciativa en el proceso de nuestro acceso a la justicia: se ha mencionado por parte de sociedad civil la importancia de acceder al sistema de cámaras de la ciudad, así como la recuperación del material captado por cámaras pertenecientes a particulares de la cuadra. Frente a esta demanda, las autoridades han respondido que las cámaras dentro del edificio estaban averiadas y que no fue posible recuperar nada de material con relación a los hechos.
¿Y de qué o por qué estaban averiadas? No dan razones técnicas, no hay transparencia, parece un invento para ocultar la verdad y comprar tiempo, presumiendo la ignorancia de quien solicita la información. Incluso si fuera verdad, ¿Y las otras cámaras? Solo mencionan las del edificio pero existen otras alrededor de la cuadra y en la colonia, ¡en todo el DF! Si ya encontraron el auto, ¿Acaso no se puede hacer un rastreo de la trayectoria del mismo que permita buscar ángulos para identificar caras o rasgos distintivos? El material que se podría recuperar contiene sin duda claves importantes pero no parece haber mucha voluntad de trabajar en serio.
Al poder no le basta con matar a la persona, tiene que matar la verdad y la memoria, de hecho, este es el problema real: le molesta el trabajo que realiza la persona, ya que en él se encuentran las verdaderas pistas para la verdad, y la posibilidad de la memoria; no en el robo de un coche y unas alhajas, esa es una ofensa grave a la memoria de las personas y a la verdad de los hechos que ya debe quedar totalmente descartada ahora que encontraron el auto en cuestión. En este caso es la trayectoria del periodista Espinosa junto con la de la activista Vera y lo que estas significaban para el gobierno veracruzano las que nos darán las pistas y conexiones más obvias y necesarias a investigar.
La tragedia es también para el sistema de Derechos en México: El Ombudsman nacional, Luis Raúl González Pérez, ha tenido buen tino en enfatizar sobre la necesidad del aparato de justicia de investigar la línea de trabajo de Nadia y de Rubén con el crimen, pero le falta subrayar la importancia de los Derechos a la Verdad y a la Memoria como presupuestos para la Justicia, la teoría y la visión de Derechos Humanos así lo plantea y así lo exige, por lo que si bien sus declaraciones son políticamente correctas, se quedan escuetas en cuanto a lo que deberían o podrían haber sido.
La labor de una Comisión Nacional de Derechos Humanos es cerciorarse de la reparación integral del daño y de abordar estos casos de manera holística, y podría empezar admitiendo el error de no tomar en serio el hecho de que las dos personas ya habían hecho denuncias públicas en diferentes medios y a diferentes organizaciones oficiales y de protección de Derechos Humanos sobre su preocupación fundada por su propia seguridad, y ambas personas se encontraban en el D.F. huyendo de Veracruz por miedo, y ambas ya habían responsabilizado a Duarte y su gobierno de cualquier daño a su persona. Esto es fundamental y debe de ser el punto de partida de cualquier investigación por parte de los visitadores o de las autoridades.
El estado mexicano atraviesa por una tremenda crisis en materia de Derechos Humanos y de legitimación de las autoridades en general. La sociedad se ve constantemente a sí misma como testigo de la violencia Estatal, Narco-Estatal, Para-Estatal, y demás formas de violencia que hacen urgente una política de reconciliación nacional que atienda puntualmente a las víctimas a través de la visión de Derechos Humanos: acceder a los Derechos de la Verdad, la Justicia, y de Reparación, además de reformular de una vez los mecanismo que vigilan los actuares institucionales, en ese ámbito, aquellos que participamos de contribuir al flujo de información que genera conciencia y propicia movimiento de autoridades no podemos dejar de hacerlo.
Si el Estado mexicano no responde con mayor seriedad y transparencia a esta nueva crisis, se encamina a enemistar todavía más con la sociedad afectada que está descubriendo nuevas fronteras para su indignación y su dolor, y corre el riesgo de tener entre sus manos quizás una respuesta social de otras proporciones.
¿Dónde están los 43?

