(27 de septiembre, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- Somos muchos. Hacia adelante, hacia atrás, hacia los costados. Donde se vuelva la vista, hay gente. Niños, mujeres, hombres, ancianos; ni el frío ni la lluvia que amenazaba desde las primeras horas del día les impidió llegar y acompañar con sus pasos a los muchos otros que a gritos de justicia, se encaminaban hacia el primer cuadro de la Ciudad.
¿A alguien le queda alguna duda sobre la rabia e indignación de un pueblo contra un gobierno que mucho más allá de representar protección y seguridad, provoca pavor y aborrecimiento? ¿Puede alguien permanecer totalmente indiferente ante el dolor que el Estado ha causado hondamente a su país? Para las miles de personas que hoy protestaron, la respuesta es obvia; no. Ayotzinapa no se supera ni se olvida.
Algunos gritan sentencias conocidas, otros tocan tambores y bailan, algunos, en cambio, caminan en silencio. No importa, la indignación es compartida y es el motor esos pasos. La lluvia, que deja de ser una amenaza y se hace presente por ratos más intensa, por ratos más leve, pero parece ser en lo último que se piensa.
Cerca de las tres de la tarde, situados en el cruce de Bucareli y Reforma, justo donde se instaló hace unos meses el antimonumento en memoria de los 43 desaparecidos, se pasó lista a los desaparecidos, acompañando a sus nombres un: presentación con vida. Este pequeño mitin, donde hablaron algunos padres de familia agradeciendo el apoyo de las personas presentes, fortaleció el ánimo del camino que seguía.
La lluvia arreció, pero eso no mermó los ánimos de quienes, una vez más, en estos doce meses desde la masacre ocurrida en Iguala han mostrado su apoyo incondicional a los padres de familia. Porque, más allá de compartir un país y, desgraciadamente, un gobierno homicida e inhumano, de fondo se encuentra un reconocimiento que nos iguala; el dolor del otro que también es nuestro.


