La comparecencia del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en el Senado, demostró la inutilidad y pérdida de tiempo de tal ordenamiento constitucional. Los funcionarios pueden presentarse a cumplir el mandato, pero se reservan su derecho a no responder las preguntas que se les hacen. Nada los obliga a contestar puntualmente, y no salir del tema al que se les insta a dar respuesta; como no sucede así, el ritual anual de la glosa del Informe del jefe del Ejecutivo es un día de burla más para la sociedad.
Fue muy evidente que Osorio Chong no se salió del guion que llevaba preparado, como también lo fue el lamentable papel de paleros que juegan los legisladores de la derecha, particularmente el PRI y el Partido Verde. El PAN se ha visto forzado a aparentar ser de oposición, porque el rol que jugaba antes de la llegada de las huestes vergonzantes del “niño verde”, le fue arrebatado por éstas. El titular de Gobernación dijo lo que quiso y no se comprometió con respuestas puntuales a los temas acuciantes que más preocupan a los mexicanos: la ingobernabilidad a flor de piel, la represión cada vez más extendida e impune, la quiebra del régimen democrático burgués surgido de la Revolución Mexicana.
Para Osorio Chong, el país avanza sin tropiezos hacia la superación de los problemas que surgen, no porque los haya sino por la incomprensión de quienes no quieren ver los “logros” del gobierno de Enrique Peña Nieto. Para los voceros del PRI y del Verde, el titular de Gobernación es un funcionario ejemplar, que ha dado muestras de un sentido de responsabilidad que sólo los enemigos del país se niegan a ver. Para ellos, los reclamos de los legisladores que se niegan a perder su dignidad, son como gritos destemplados imposibles de descifrar. Así parece, en tanto que no los toman en cuenta y se niegan a responder las críticas que les hacen al funcionario y a ellos mismos.
El canal del Congreso se da incluso el lujo de sabotear a los legisladores más críticos, como Manuel Bartlett, Layda Sansores, Alejandro Encinas y Dolores Padierna, cuyos comentarios y críticas puntuales se quedaron sin respuesta. En cambio, la burocracia dorada puede afirmar que está cumpliendo cabalmente con el mandato constitucional, y presumir en el extranjero que México es un país democrático con división de poderes y pleno Estado de derecho.
Se trata de una simulación más de las muchas en que son expertos los palafreneros del inquilino de Los Pinos. Para ellos no existen problemas irresolubles en el país, caminamos por el rumbo correcto, nuestra democracia se perfecciona día tras día; lástima que tan idílica realidad sólo la vean ellos. Esto ya empieza a preocupar a la élite oligárquica, la cual cuenta con información real de cómo está la nación en estos momentos, motivo por el que han reconvenido a Peña Nieto para ver la manera de que actúe con un mínimo sentido de responsabilidad, conforme a sus intereses por supuesto. Les escuece saber que Andrés Manuel López Obrador va muy arriba en las encuestas, por encima de cualquier contendiente y sobre todo del propio Peña Nieto.
Les preocupa tener que recurrir a un nuevo y más problemático fraude electoral en el 2018, pues un resultado positivo del mismo no estaría asegurado en las actuales condiciones del país, y mucho menos al término del actual sexenio que se prevé muy complejo, más que cualquier otro en el pasado a partir de que la tecnocracia apátrida tomó el poder.
El esquema que ha elaborado la cúpula del poder económico para lo que resta del desgobierno de Peña Nieto, se le está descomponiendo rápidamente. Y más lo será en los meses venideros, porque no cuenta con operadores políticos a la altura de los retos que están por venir. En honor a la verdad, es tal la descomposición del régimen que ni Maquiavelo podría evitar su quiebra definitiva. Son muchos años de sostener un poder por encima de un elemental Estado de derecho, de ahí que haya hecho crisis una situación insostenible sobre las mismas bases antidemocráticas impuestas por los tecnócratas. Lo más preocupante es que ni la élite oligárquica ni la burocracia dorada tienen una mínima voluntad de modificar su estrategia de saqueo apátrida.

