Cuando se pierde un elemental sentido autocrítico todo puede esperarse. Y si a ello sumamos un profundo desconocimiento de la realidad, los resultados son terribles. Así sucede en México, donde el grupo en el poder demuestra una cosa y la otra, consecuencia sin duda de un total desinterés por las responsabilidades gubernativas y una absoluta falta de respeto al pueblo, al que se considera incapaz de reaccionar para reclamar justicia y exigir condiciones mínimas de equidad y democracia.
Para Enrique Peña Nieto, el país vive en la actualidad un periodo de progreso sin parangón en las últimas décadas, aunque con semejante desfasamiento de la realidad lo único que logra es perder cada día la confianza de la gente, incluida la más desinformada, que para desgracia de la derecha cada vez es menos. Según él, se han alcanzado niveles de desarrollo nunca antes vistos, con un avance “significativo, importante y relevante” en la creación de empleos.
Podrá decir lo que quiera, incluso que gracias a su gobierno los mexicanos estamos ya en el primer mundo, pero la terca realidad nos muestra lo lejos que estamos de los niveles de crecimiento que alcanzamos los mexicanos cuando aún estaba vigente la economía mixta y el régimen de la Revolución Mexicana permitía un Estado de bienestar que nada tenía que ver con el populismo, sino con políticas públicas responsables, orientadas a garantizar movilidad social.
En los casi tres años del sexenio de Peña Nieto, México ha caminado en reversa, como lo patentizan los recortes a las tasas de crecimiento año tras año, que no han rebasado 2.6 por ciento, cuando la inflación ha estado arriba de 3 por ciento. Según el inquilino de Los Pinos, es un gran logro que se haya reducido de 60.1 por ciento a 57.4 por ciento la tasa de informalidad en el país, cuando hay más de 13 millones de mexicanos expatriados porque aquí no encontraron ninguna posibilidad de empleo. No es difícil imaginar lo que sucedería en México si la mitad de ese número de connacionales, fueran repatriados.
Aun así, Peña Nieto afirma que el gobierno federal “no recurre ni a la estridencia ni a la ocurrencia”, porque actúa con responsabilidad y claridad de objetivos, “para generar desarrollo y bienestar a los mexicanos”. ¿Acaso no es estridencia pura la demagogia con la que se ufana de éxitos que la sociedad mayoritaria no alcanza a distinguir? ¿Puede afirmarse que sea una actitud responsable presumir la existencia de un salario mínimo que no alcanza ni para media canasta básica? Sin embargo, para él se trata de un avance que debe festinarse, porque “tenemos un solo país y queremos que todos los mexicanos se beneficien de un mismo salario, multiplicado varias veces a partir de la productividad que tenga cada trabajador”.
La decisión de dejar un solo salario mínimo, adoptada recientemente, no beneficia en absoluto a más de 6 millones de trabajadores que lo reciben, porque para efectos del consumo es inexistente. Lo que salva a las familias más pobres es que ya se acostumbraron a comer una vez al día, o que tienen la fortuna de que varios miembros de la misma laboren, en la informalidad la mayoría de los casos. Cuando no hay posibilidad de acceder al subempleo, queda el recurso de la delincuencia, donde siempre hay vacantes, con resultados terribles para la sociedad.
Sin embargo, según Peña Nieto el país “está creciendo, hay resultados positivos para bien del desarrollo”. ¿Cómo puede afirmar tal mentira cuando es una verdad incuestionable que México es el país con mayor estancamiento económico, con menor tasa de crecimiento real entre los países de la OCDE? Dicho organismo acaba de informar que uno de cada cuatro niños mexicanos vive en hogares donde los ingresos son menos de la mitad de la media nacional.
De ahí que sea “normal” que haya niños sicarios, como el adolescente de 14 años que en Tijuana, Baja California, fue aprehendido por asesinar en la vía pública a un hombre. Por ese “encargo” recibió un pago de 31 mil pesos. No es difícil imaginar lo que será este muchachito cuando sea adulto, aunque así como va sería un milagro que llegara a rebasar los 30 años de edad. Con todo, para Peña Nieto el país nunca ha estado tan bien. ¿Así lo cree usted?

