Tomemos un tiempo para detenernos a pensar con cierto sentido común lo que está sucediendo con respecto a los normalistas. Sin apasionamientos, sin prejuicios de ningún tipo, sea por identidad hacia algún sector social o por saturación de información emitida desde los medios de comunicación; sólo como una guía planteo hacernos algunos cuestionamientos básicos de acuerdo con el contexto.
Ayer fueron encarcelados 52 estudiantes de las escuelas normales de Michoacán ¿qué exigían mientras los apresaron? ¡Trabajo!, sí, una plaza de docentes para desempeñar la profesión para la que estudiaron en una escuela pública que depende del estado; estamos hablando de un grupo de jóvenes que enérgicamente gritan, se manifiestan y realizan acciones de presión ¿por qué no decirlo?, todo para que les den la oportunidad de tener un modo de vida honesto ¿eso es un crimen o un delito? O por qué mandarlos encerrar a una cárcel preventiva o de rehabilitación social ¿acaso pedir empleo es un comportamiento antisocial que debe corregirse?
Los detenidos son hombres y mujeres de pueblos originarios, de situación económicamente precaria, de estratos sociales rurales y marginales ¿estarán exigiendo ir a una escuela de la ciudad, bien acondicionada, con tecnología e infraestructura resuelta? Por supuesto que no, son perfectamente conscientes de que su labor será en los pueblos alejados, o en la periferia de las grandes y pequeñas zonas urbanas en el mejor de los casos; en las comunidades donde las carencias son agudas, porque la marginación es estructural, producto de una política de abandono que arrastra décadas de exclusión.
Los egresados de las diferentes normales saben que se internarán sin salir por meses en las alturas de la Meseta Purhépecha o en la Costa Náhuatl, entre el mar olvidado por el turismo y la sierra inhóspita en la que han sido desplazados poblados enteros acechados por la minería y los grupos armados como ruta del narcotráfico; otros más se irán a los pastizales áridos de la Tierra Caliente, pero ahí no hay transporte, salvo bestias de carga y varias horas de camino para llegar a un caserío donde ni siquiera existe escuela, con suerte un techado de lámina de cartón y la disposición de los padres de familia para cubrir lo demás con cualquier material que se encuentre en el ambiente.
Cabe otra pregunta ¿en esos lugares habrá alumnos que necesiten maestros?, la respuesta es más que obvia, muchas de esas comunidades se han sostenido con un solo docente que atiende todos los grados, otras han tenido que esperar meses para que llegue un maestro y atienda la escuela primaria, misma que representa la máxima posibilidad que tienen los niños para estudiar; después un reducido grupo tendrá oportunidad de abandonar su terruño e ir al poblado más cercano para continuar estudiando.
Entonces, en esas condiciones ¿qué sentido tiene hacer un examen de ingreso al Servicio Profesional Docente si la demanda total de docentes no ha sido cubierta?; por ejemplo, para atender escuelas de educación indígena se requiere ser parte de los pueblos originarios, conocer su cultura y hablar una lengua autóctona, pero resulta que sólo hay una Normal en todo el estado de Michoacán que tiene esa condición como requisito para empezar a estudiar para maestro, no hay otra ni pública ni privada y los egresados están en estos precisos momentos “exigiendo” que se quieren ir a cumplir con su labor ¿qué más garantía de vocación que alguien dispuesto a ser maestro en cualquier lugar, aún el más olvidado, en cualquier condición, aún en la más adversa?.
Finalmente, pongamos en cuestión las declaraciones de Silvano Aureoles justificando las el uso de la fuerza pública y las aprehensiones de los manifestantes cuando dice: “provocaron un hartazgo social, un malestar generalizado en diversos sectores de la sociedad”. ¿Dónde han sido esas muestras de rechazo popular que encaren a los estudiantes? No las hay, por el contrario, comuneros de diversas poblaciones se dispusieron a su defensa mientras eran reprimidos y apresados por la policía federal; sin embargo, tales muestras de solidaridad no han sido la característica de los michoacanos para su gobernador. En su corta gestión, prácticamente no ha encontrado un municipio en el que la gente no lo enfrente, no lo repudie, lo cual ha sido registrado ampliamente por la prensa oficial e independiente. Entonces, ¿quién lo va reprender a él por sus excesos y abusos de poder?

