Según el presidente del Consejo de Administración de BBVA Bancomer y de la Asociación de Bancos de México, Luis Robles Miaja, “las familias mexicanas tienen capacidad para endeudarse más”. Tal afirmación parece una tomadura de pelo como las que se acostumbran el Día de los Inocentes. Sin embargo lo dijo con absoluta seriedad, lo que demuestra que los banqueros “mexicanos” están preocupados porque se les cierran las posibilidades de sacar al mercado su enorme liquidez, derivada de las extraordinarias utilidades que tienen desde hace dos décadas.
Se han dedicado a esquilmar a las familias mexicanas, con el firme apoyo de las autoridades hacendarias, y ahora se dan cuenta que las condiciones del mercado han cambiado radicalmente: se está muriendo la gallina de los huevos de oro luego de tres décadas de libertinaje del capital financiero, mayoritariamente en manos extranjeras, y ahora quieren revivirla con el señuelo del otorgamiento de créditos al consumo de los hogares. Saben que ellos, los banqueros, saldrán ganando aunque no recuperaran el dinero prestado: le cobrarían al gobierno federal.
Una medida como esa no resolvería el grave problema de la pobreza en que viven más de dos terceras partes de los mexicanos. El régimen neoliberal no quiere enfrentarlo sino llevarlo a una situación extrema por conveniencias políticas. Se busca mantener la economía informal tal como está, en la que seis de cada 10 personas en edad de trabajar están en ella, porque eso favorece la corrupción en las altas esferas de la sociedad. Además, la lumpenización es una fórmula idónea para contar con un ejército de reserva necesario en momentos de crisis generalizada, que la oligarquía “corrige” con represión y altas dosis de demagogia.
Es obvio que no hay condiciones objetivas para que las familias proletarias se endeuden. Está documentado por el Inegi que alrededor de 85 millones de personas reciben en promedio 1.7 salarios mínimos al mes, cuando éste apenas llega a 70.10 pesos diarios, 2 mil 103 pesos mensuales. Es muy reducido el número de familias que queda con capacidad real de endeudarse con los bancos, quienes de hecho ya lo están. Lo que buscan los banqueros es despertar su apetito consumista y que se endeuden de manera que ya no puedan enfrentar los intereses y se apruebe un nuevo Fobaproa.
La desaparición del Fondo Nacional de Pensiones de los Trabajadores del Estado (Pensionissste), aprobada el martes en la Cámara de Diputados por las bancadas del PRI, PAN, PVEM, Panal y Encuentro Social, obedece al imperativo de la oligarquía financiera de contar con dinero fresco para aumentar sus utilidades trabajando conjuntamente con empresas capaces de operar en el ramo energético, principalmente. Con la reforma aprobada, se podrá contar con más de 120 mil millones de pesos que pertenecen a miles de burócratas, quienes con esta reforma se sumarán al resto de trabajadores cuyas pensiones se están haciendo polvo.
La Comisión Nacional del Sistema de Ahorros para el Retiro (Consar), en su más reciente informe enviado al Congreso reconoció que 50.8 por ciento de los recursos para la jubilación de los trabajadores se encuentran invertidos en bonos gubernamentales, lo que equivale a un billón 297 mil 969.46 millones de pesos. Sin embargo, de aquí a 40 años, 61 por ciento de los adultos mayores de 65 años dependerán de un familiar o de la caridad, según la empresa administradora de fondos Old Mutual México.
El Consejo Nacional de Población (Conapo) calcula que sólo 4 por ciento de los adultos en edad de jubilación serán económicamente independientes. ¿Adónde van a parar los 2.5 billones de pesos que es el saldo actual de los recursos acumulados por las Afores, que reconoce la Consar en su último informe? La respuesta es muy simple: a las empresas que según Enrique Peña Nieto “arriesgan” sus capitales en obras de infraestructura, la mayoría sumamente costosas y cuyos beneficios seguirán generando utilidades a los contratistas por décadas.
Por eso es que los banqueros alzan la mano para decir que allí están, que tienen recursos para que los mexicanos más pobres se endeuden hasta la quinta generación, al fin que como un recurso infalible está la Secretaría de Hacienda como una firme garantía de esos créditos. Mientras, la proletarización crece a marchas forzadas, como conviene para seguir comprando millones de votos a cambio de oprobiosas despensas.

