Al parecer la revolución democrática, que alguna vez tuvo como referente al partido que lleva su nombre, ya no reside en las preocupaciones de la cúpula perredista.
La izquierda predicada por el PRD aparenta ser un lastre discursivo para sus líderes y tribus; quizás estarían más cómodos desarrollando su actividad política si pudieran de pronto proclamarse con un corte ideológico distinto: el corte del pragmatismo, y ¿por qué no? algo de la derecha también.
La verdad es que con la despedida de Andrés Manuel, después de la elección del 2012, y con la posterior renuncia del mismísimo fundador, Cuauhtémoc Cárdenas, el PRD se vio desprovisto de dos importantes referentes ideológicos. El PRD como institución, maquinaria de la cúpula inmoral por la que fue alienado de la izquierda, no tuvo el mínimo interés en asumir su responsabilidad histórica frente a las últimas grandes traiciones a la democracia mexicana.
Si el PRI compró votos de manera grosera en las elecciones de 2012, no es importante en la lógica del Partido de la Revolución Democrática, pues para ellos la democracia y su defensa pueden esperar; es mejor hacer un Pacto por México con el verdugo, todo sea por el pragmatismo. ¿Qué sigue después? jugar a la oposición, hacer como que nos enfrentamos, como que nos molesta mucho la privatización del patrimonio nacional; eso sí, cuando el partido tuvo a los presidentes de las cámaras del congreso de la Unión, éstos, Silvano y Barbosa, no pudieron perder su oportunidad de retratarse con quien lucrara con el voto y la “democracia”, Enrique Peña Nieto, en el balcón presidencial.
Pero, a pesar de lo vergonzoso que lo apenas comentado resulta, el PRD confirma su vocación electorera y totalmente anti-ideológica, con sus nuevas alianzas con el Partido Acción Nacional; y aunque si bien no es la primera vez, este tipo de incongruencias no hacen más que sumarse al historial de traiciones del partido en comento.
En 2006, en el marco de las elecciones presidenciales, Felipe Calderón, en entrevista con Denise Maerker, declaró que la guerra sucia contra Andrés Manuel López Obrador corrió a cargo de su partido, Acción Nacional.
En aquel entonces, el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, establecía, como obligación de los partidos políticos, abstenerse de realizar campañas como la que el PAN desplegó contra López Obrador.
El Partido Acción Nacional, con total aprobación y apoyo de su candidato, violó la ley electoral, perjudicando enormemente al candidato del PRD, esto como ejemplo de algunas de las tremendas irregularidades de dicha elección. Recordado lo anterior ¿Cómo es posible que el PRD, insisto, el partido de la revolución democrática, tenga a bien aliarse con el partido que violara la ley electoral de manera burda? ¿En dónde cabe ahí la defensa de la democracia?
Pero aún con más cinismo, tras el derrumbamiento de las negociaciones entre panistas y perredistas para ir juntos en Puebla, la presidenta del PRD en este Estado, declara que no descarta una alianza con Morena. Sin entrar en mayor controversia ideológica, nos queda claro que Morena y el PAN ninguna coincidencia ideológica podrían tener. ¿De qué se trata entonces? simplemente de ser pragmáticos ante una situación de crisis. Quizás sería mejor que el PRD cambiara sus siglas a PRP, para ser el Partido de la Revolución Pragmática, o PRE, Partido de la Revolución Electorera.
La defensa de la democracia es un peso muy grande y es mucho más que andar postulando candidatos electoralmente viables; sin embargo, cabe advertir que los votantes que compran estas alianzas son ciudadanos mexicanos, ni más ni menos. ¿Por qué seguir con esta cultura política?
La defensa de la democracia, la auténtica revolución democrática, será siempre algo que los ciudadanos debemos asumir con valentía, responsabilidad y coraje. Ya veremos cómo se acomoda el mapa electorero rumbo al 2018, por lo pronto es buen momento para construir o mirar hacia un verdadero contenido ideológico.


