En el marco de la visita papal, y a raíz de la valiosa investigación realizada por Carmen Aristegui y la revista Proceso, ha surgido un nuevo escándalo que envuelve al presidente de México. En esta ocasión no se trata de un escándalo de corrupción inserto como tal en la administración que el presidente encabeza, ni se trata de algo relacionado con desapariciones forzadas o matanzas a manos del ejército. Ahora nos encontramos frente a un escándalo que cimbra con fuerza el proceso de construcción del patético personaje que hoy gobierna este país.
Por otro lado resulta alarmante, y debería serlo mucho más para la comunidad de católicas y católicos, la intervención que la Iglesia mexicana ha tenido en este asunto.
Lo expuesto ampliamente por Carmen y Proceso, involucra la injusta sanción a un sacerdote, el padre Salinas, y la invalidación de un matrimonio canónico.
Si bien al momento en que todo lo hoy revelado ocurrió, Enrique Peña Nieto no cargaba más que con su nefasta, pero mediáticamente pulida, administración en el Estado de México; los hechos en comento eran firmes preparativos para encaminar a Peña a la posición que hoy ocupa.
Así, lo importante del asunto es que revela un preocupante contubernio entre la desprestigiada arquidiócesis primada de México y las fuerzas políticas más oscuras de la actualidad.
En todo momento resulta claro que los objetivos del gobierno en turno no se limitan a ofrecer una linda boda como adorno para el presidente, sino que sus metas y los estragos que las mismas nos han causado, se extienden a miras económicas y políticas de enorme magnitud. La enajenación del patrimonio nacional, la privatización de la educación, las grandes concesiones entre amigos, la centralización de facultades y la nueva consolidación en el poder del Revolucionario Institucional, son algunas de las acciones que Peña Nieto tenía encomendadas. Dicho de otro modo: las aspiraciones políticas de EPN no se limitan a un legítimo deseo de gobernar México, sino que son sólo un eslabón en una maquinaria perversa más grande.
De este modo y con el caso eclesiástico que ahora referimos, la arquidiócesis primada de México se posiciona como otro eslabón más que sostiene al régimen. Y aunque si bien, todo esto ya se sospechaba, es importante brindar a la opinión pública este tipo de casos que se sostienen por su buena fundamentación y soporte en evidencia.
Por otro lado, no hay que dejar de recordar que el arzobispo primado, Norberto Rivera, es un hombre de dudosísima lealtad a la doctrina católica. El jerarca ya se ha visto involucrado en múltiples escándalos de abuso sexual a menores. Pareciera que en el entorno decadente en que se sumerge la política nacional, la Iglesia católica mexicana no podía desentonar.
Al respecto cabe plantear que si bien ha sido sumamente decepcionante la noticia de que el papa Francisco no se reunirá ni con los padres de los normalistas desaparecidos, ni con las víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes católicos, no hay que descartar la posibilidad de que la arquidiócesis de México haya jugado un papel importante en estas negativas.
El papa Francisco, al menos en el discurso y algunas acciones, se ha presentado al mundo con un hombre de fuertes convicciones y de corte revolucionario o reformador; sin embargo, es también el jefe del Estado Vaticano y como tal se encuentra sujeto a una compleja normatividad de Derecho Internacional Público que realmente limita su actuar frente a los Estados. Por otro lado, como supremo jerarca de la Iglesia, podemos presumir que se encuentra caminando en un difícil y peligroso sendero de intereses y problemas diversos.
Lo cierto es que no podemos suponer que el Estado mexicano no presionó o influyó en el hecho de que el papa no se reúna con diversas víctimas; tampoco podemos suponer lo mismo de la arquidiócesis mexicana. Sin embargo, este nuevo caso sin duda plantea una problemática alarmante para el Sumo Pontífice ahora que visita nuestra Patria, pues no se trata de un asunto puramente político, sino esencialmente eclesiástico.
Aún dándole el beneficio de la duda sobre las limitantes, impuestas o no, que existan en su itinerario, es cierto que su visita ha generado mucha expectativa, misma que en gran parte nació a raíz de su ya dicha “revolucionaria forma de ser”. Francisco habrá de encontrar la forma de tocar los temas que aquejan al país, de dar mensajes claros y contundentes, de modo que esté a la altura de la visita que nos brinda. Después de todo, tapar una declaración papal en tierras mexicanas, resultaría en una proeza titánica para las televisoras y demás medios oficiales.


