Por: Carlos Bauer
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Canal 11, antes llamado oficialmente XEIPN Canal Once y ahora Once TV México, es lo más cercano a una cadena de televisión pública que existe en nuestro país. Fundado en 1959, la programación de Canal 11 siempre estuvo supeditada a la voluntad de la dirección del Instituto Politécnico Nacional (IPN), es decir, del presidente de la República: a diferencia de la mayoría de las grandes universidades públicas de México, el IPN no cuenta con autonomía y sus directores son designados por el presidente en turno.
Sin embargo, el Canal 11 se identificó siempre como un canal Politécnico más que como un medio gubernamental –pese a los reiterados intentos por someterlo. Su contenido era primordialmente educativo y su preocupación principal no era el rating sino la identidad como canal público y cultural. Su presupuesto era limitado, no podía –legalmente, no puede aún– contratar publicidad. El lema de Julio Di-Bella, director del canal durante el sexenio de Vicente Fox, era “hacer más con menos”. La gestión de Di-Bella, posiblemente uno de los pocos aciertos de Fox, fue reconocida por el posicionamiento del canal a nivel latinoamericano y por la calidad de sus contenidos, pese a las restricciones presupuestales para producir contenidos propios.
Todo cambió el primer mes de 2008, cuando Felipe Calderón designó como director de XEIPN Canal Once a Fernando Sariñana, exitoso director de cine comercial, ahora concuño de Enrique Peña Nieto. Sariñana era amigo de Calderón y había sido productor de su campaña a la presidencia. Estos dos elementos de la carrera previa de Sariñana se conjuntaron en su labor frente al Canal Once: el cambio en contenidos le quitó su perfil público, volviéndolo indistinguible de la (mala) televisión comercial, y una serie de medidas buscaron reforzar el control y el uso propagandístico por parte del Gobierno Federal.
Una acción aparentemente positiva que realizó el gobierno de Felipe Calderón fue la ampliación de la cobertura de Canal Once, que al finalizar el sexenio llegaba al 70% del territorio nacional. Sin embargo, la ampliación de la cobertura tenía una trampa. En julio de 2010 se firmó el convenio entre Canal Once y el recién creado Organismo Promotor de Medios Audiovisuales (OPMA), una entidad de la Secretaría de Gobernación. Mediante dicho acuerdo el canal del IPN se obligaba a proporcionarle a OPMA su programación íntegra para que éste la retransmitiera en sus frecuencias. Además, en lo sucesivo el presupuesto destinado a la gestión del canal sería administrado por OPMA. Con esto, el Instituto Politécnico Nacional perdió de hecho el control sobre su canal de televisión, en una maniobra cuya ilegalidad fue denunciada por un grupo de trabajadores del canal.
Además, la contratación abierta de publicidad y los cambios en la programación pusieron toda la operación del para entonces Once TV México en franca ilegalidad. Su carácter televisión pública le prohíbe expresamente la contratación de publicidad, y sus estatutos establecen que se trata de un medio de apoyo a las labores del IPN, por lo que no tienen cabida los programas que han elevado el rating del canal a costa de diluir su identidad. La producción de series propias –que sería aplaudible si se hubiera realizado con otra visión– se llevó a cabo mediante una mimetización con la TV comercial. Las nuevas series son hechas en México pero bien podrían confundirse con los últimos éxitos internacionales de las grandes productoras estadounidenses como HBO.
¿Es malo que Canal 11 tenga series exitosas con una producción de primer mundo? Si lo hace violando sus propios estatutos e ignorando el papel de la televisión pública, sí. ¿Qué puede aportar a México una televisión pública hecha a imagen y semejanza de la privada, reproduciendo todos sus vicios y apostando a esa arraigada idea de que un programa sólo puede ser exitoso si cuenta con una barra de mujeres atractivas actuando como sugestiva carnada?
En abril de 2011 Fernando Sariñana dejó la dirección de Canal 11 sin dar razones. Al poco tiempo se anunció que estaba trabajando en una telenovela para TV Azteca. Pero el daño estaba hecho. Once TV México mantiene el convenio con OPMA que lo priva de su autonomía, los contenidos siguen la línea trazada por Sariñana. Al ex director lo persiguen, aunque posiblemente nunca lo alcancen, las acusaciones de haberse beneficiado mediante contratos otorgados a empresas de su propiedad para que prestaran servicios al organismo que dirigía. Con su indefinición sobre el papel y la gestión de los medios públicos, difícilmente la reforma a las Telecomunicaciones actualmente discutida en el Congreso traiga nuevos aires al canal que, al menos en su membrete, pertenece a la comunidad politécnica.
Cobertura a la Reforma en Telecomunicaciones en REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO:







