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En Hacienda Blanca también querían matarnos; federales aventaron bombas a casas con adultos mayores y bebés: testigo

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Emma Martínez/ Enviada especial

(14 de julio, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- “El niño se puso pálido, comenzó a llorar y luego llegó el ahogo, se desmayó, pensamos que se había muerto, no reaccionaba y además comenzó a sangrarle la nariz, apenas tiene tres años, pensamos que ya no iba a resistir.

Lo peor es que nosotros estábamos en nuestra casa, los policías estaban aventando las bombas a las casas; por cada dos bombas que lanzaban a los manifestantes, una era para alguna casa. Lo hicieron durante dos horas. Yo salí con mi hijo en medio de la trifulca, pensé que si les decía que mi hijo estaba muy grave me dejarían pasar, pero no, por el contrario me cerraron el paso.Por eso lloro, porque aunque mi hijo se salvó, los malditos policías me bloquearon con sus armas, porque traían armas”, asegura a Revolución TRESPUNTOCERO Rosario, pobladora de Hacienda Blanca.

Aquel 19 de junio del 2016, luego de los ataques a maestros, padres de familia y población en general de Nochixtlán, las fuerzas de seguridad pública parecían haberse replegado, sin embargo esto no sucedió, ya que sus movimientos indicaban que buscaban abrirse paso hacia la ciudad de Oaxaca.

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Fue así que luego de retirarse de la carretera federal 190, donde habían dejado cientos de heridos por arma de fuego y una decena de muertos, se dirigieron al crucero de Hacienda Blanca donde hubo un enfrentamiento más. Los federales se posicionaron desde las oficinas de la Policía Federal (entronque a la supercarretera) hasta Hacienda Blanca.

Los elementos estaban armados y también tenían gases lacrimógenos, con los cuales no solamente buscaban replegar a los manifestantes que se encontraban detrás de las barricadas, sino a la población en general, ya que atacaron desde los que por ahí transitaban, hasta los habitantes que se encontraban en sus casas.

En Hacienda Blanca, las bombas de gas lacrimógeno también comenzaron a caer desde un helicóptero, lo que provocó mayores afectaciones para quienes ahí se encontraban, puesto que no había un lugar seguro a donde correr, “estábamos sitiados desde arriba, porque ellos tenía un escenario amplio, corríamos pero nos lograban atrapar con gas”, asegura a Revolución TRESPUNTOCERO, Guadalupe, una joven madre de familia que se encontraba apoyando a los maestros.

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La estrategia de la policía federal en Hacienda Blanca tuvo una ligera variación a la hora de ejercer un ataque en contra de maestros y padres de familia que se encontraban resguardando dicho crucero perteneciente al municipio de Etla, Oaxaca, por lo que los ataques también llegaron y con mayor intensidad desde el aire, mientras los elementos policiacos avanzaban hacia los principales puntos.

“En Hacienda Blanca también querían matarnos. Primero querían marearnos sin posibilidad de poder hacer más, para que llegaran los federales y estatales, quienes tuvieron la oportunidad de atacarnos libremente. Lo peor que hicieron fue aventar gases a las casas de los vecinos que nada tienen que ver, afectando a adultos mayores y bebés.

En la casa de la señora María, una bomba cayó en el techo de láminas de cartón, a unos centímetros de la cama de su madre, una mujer de más de 90 años que no tiene movilidad, pero ese día con la ayuda de algunos vecinos tuvo que ir a otro sitio para no ser afectada, porque el gas estaba inundando toda la casa”, narra Guadalupe.

Aunque se asegura que en Nochixtlán la violencia fue aún mayor, en Hacienda Blanca hubo un muerto y poco más de 50 heridos. En tanto los hospitales de todos los puntos cercanos a lo disturbios se mantenían escoltados por federales y en dicha región el puesto de atención médica que los docentes implementaron en una escuela también fue atacado con bombas de gas lacrimógeno desde un helicóptero.

Según el testimonio de una voluntaria que atiende a los heridos de Hacienda Blanca, narrado a Revolución TRESPUNTOCERO, “aquel 19 de junio se comenzó a bloquear con mayor intensidad la ayuda médica y de víveres; cualquier médico o enfermera que intentaba llegar para brindar apoyo eran detenidos, la comida era confiscada en algunos puntos, querían que los que se salvaron se murieran por falta de atención”.

A su vez afirma que en ese momento las fuerzas policiacas dieron paso a un ataque generalizado, manifestante o simple transeúnte era atacado por igual. Como fue el caso de una persona de la tercera edad quien viajaba en una bicicleta, se identificó como alguien que iba “de paso”, sin embargo, asegura, un policía le aventó directamente a él un objeto que le provocó una severa herida en la cabeza y derramamiento de sangre.

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“Nadie estaba exento de ser herido o asesinado, los policías jamás llegaron a dialogar con los maestros, como antes se acostumbraba, llegaron directo a violentar a todo un pueblo, ellos han sido adiestrados para odiar por igual siempre y cuando sea pobre, padre de familia y maestro, porque estando en esas categorías, cualquiera merece morir”, declara Guadalupe.

Hacienda Blanca no ha sido una región tan mediáticamente mencionada, probablemente porque los hechos no adquirieron el mismo número de muertos y heridos que en Nochixtlán, sin embargo la violencia que se suscitó también provocó graves consecuencias en la salud de personas, principalmente de la tercera edad.

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Sin embargo, “ahí también se vio la lucha del pueblo, muchos se arriesgaron a llegar donde estaban los ataques con vinagre, refrescos de cola. En Hacienda Blanca hay una Farmacia del Ahorro en la esquina, ese día fue el día que más toallas sanitarias y cubre bocas han vendido, porque todos se solidarizaron comprándolas porque con eso se hacen las compresas para evitar los gases.

Eso no fue un saqueo, la gente, el pueblo fue a comprarlas con su dinero y decían ‘tengan maestros’, la gente pobre acudió con sus botellas de alcohol, curitas, agua oxigenada, todo lo que tenían nos lo dieron como una muestra de solidaridad, muchas camionetas llegaron con llantas viejas, troncos, piedras, sin faltar cientos y cientos de cohetones que la federal no imaginaba porque no saben que en esta región se fabrican, esos eran nuestros únicos medios de defensa”, explica a Revolución TRESPUNTOCERO un maestro miembro de la Asamblea Estatal de Oaxaca, quien prefiere mantener su nombre en el anonimato.

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Del otro lado para combatir a los manifestantes habían helicópteros que intensificaron las bombas de gas y armas de fuego, “ellos están entrenados para pelear y atacar, pero la solidaridad de la gente y del combate cuerpo a cuerpo superó esa acción, porque fue muy grande. Aprendimos mucho, ahora estaremos mejor preparados, porque los cubrebocas y toallas sanitarias remojadas en vinagre ya no sirvieron.

Estos gases vienen más fuertes, son más violentos para el organismo del ser humano. No exageramos cuando decimos que vamos a tener que comprar máscaras para evitarlos, porque si nos tenemos que armar para dar la lucha lo vamos hacer, todo sea por el movimiento y porque si retornamos en estos momentos a las aulas la población no va volver a creer en este movimiento, tampoco en la Sección 22 y nos van a tomar de cobardes”, señala el maestro.

Quien a su vez explica que “el pueblo y la sección 22 van a seguir luchando, en muchas comunidades nos dieron su apoyo, nos dijeron ‘vámonos con todo’ y si ellos están dando esa gran solidaridad, nosotros no vamos a dejar de estar en la lucha y de frente, teniendo como nuestro aliado natural al padre de familia; sabemos que ya se llevaron a las cabezas principales de la Sección, pero mientras exista la asamblea estatal y delegados, siempre habrá dirección, porque este movimiento es de bases, no de líderes”, puntualiza el docente.

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