Por: Valentina Pérez
Tw: @vpbotero3_0
A las feministas les preocupa el rol de la mujer en el porno: como objeto, pasiva, sumisa a las órdenes de un hombre, todo como vehículo del placer más que como una persona capaz de sentir y demandar satisfacción. Los guiones se justifican en que la visión viene de ellos y es para una audiencia predominantemente masculina – a muchos les asusta justo que un argumento misógino sea demandado y escrito por hombres-.
Lo hechizo del sexo: rugidos fingidos, producto de un placer exacerbado para generar pruebas del disfrute de la penetración, centra toda la atención en los genitales cuando, de acuerdo a los sexólogos, el sexo debe involucrar todo el cuerpo y no sólo el pene o la vagina.
El consumo de porno por parte de mujeres ha incrementado en los últimos años, pero muchas se quejan de que las escenas se ven coreografiadas, carentes de naturalidad y sin ningún trasfondo sobre la historia que cuentan -¿Son amigos, esposos, infieles?-. También la audiencia de lesbianas y mujeres heterosexuales está desatendido, de acuerdo con Aurora Snow, estrella y directora porno.


