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Con mensajes subliminales, buscan tener más y mejor sexo

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Por: Valentina Pérez Botero

Twitter: @vpbotero3_0

 

La década de los 60 fue protagónica de un escándalo en la publicidad. Un grupo de investigadores reclamaba que el contenido subliminal en los comerciales podía retribuir en el posicionamiento de marca. El tiempo ahondó la polarización: algunos decían que sí y otros aseguraban que era imposible que la publicidad subliminal tuviera, si es que tenía, un efecto a largo plazo en las personas y, por ende, una retribución directa en la parte comercial.

De la publicidad subliminal, muchas veces también asociada con imágenes que remitían al sexo, se pasó al rumor de los mensajes satánicos que contenía la música. Los cazadores de voces que encontraban mensajes incitadores al suicidio cuando escuchaban al revés las canciones, acaban de heredar un nicho de mercado al sexo: inducidores subliminales de orgasmos.

Aunque una búsqueda en google  arroja sólo un par de resultados, los hallazgos impresionan: venta de compendios que prometen una paulatina emersión al placer y la garantía de un orgasmo seguro. Pero la oferta se vuelve más especifica y se delimita al comprador: un hombre interesado en provocar, más allá que un orgasmo inmediato, la excitación al instante.

Una página vende salvapantallas –discretos- en los que aseguran que toda mujer cerca se excitará al verlo, y pistas que -al contener la respiración disimulada de bebés- le aportan, de acuerdo al portal, seguridad y tranquilidad a la mujer para posteriormente extasiarla.

Aunque existen descargas de mp3  gratis en las que se escuchan leves mugidos sexuales disimulados de sonidos oceánicos, el salvapantallas, los cedes y algunas canciones tienen un costo promedio de 20 dólares –personalizado cuesta más-; por lo que al parecer lo subliminal y el fin comercial fue heredado por aquel debate de la publicidad hace más de 50 años.

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