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Circuncisión sin anestesia: otro elemento de lucha contra el VIH

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Por: Valentina Pérez Botero

Twitter: @vpbotero3_0

 

La epidemia del VIH en África detonó estudios científicos y antropológicos que encontraron, en 1989, una baja prevalencia del virus entre los hombres que por prácticas culturales habían sido circuncidados. La diferencia no era poca: 63 por ciento menor.

Aunque el procedimiento podía significar una escalada contra el VIH, por la baja oferta y uso del condón, los resultados no se repitieron en estudios fuera de África y el procedimiento, no ritual y en la adultez, sometía al adulto a nuevos y mayores riesgos no sólo de contraer VIH sino un amplio espectro de infecciones y enfermedades.

La explicación del por qué era menor el índice de contagio entre los hombres circuncidados consistía en reducir los factores de transmisión -se utilizó el símil entre recibir un estornudo con la boca abierta o cerrada-, por lo que los métodos se han perfeccionado.

Prepex es un mecanismo que en siete días, sin sangre, sin anestesia inyectada, sin sutura ni dolor permite la remoción del prepucio del paciente: se mide la circunferencia, se traza el lugar, se prepara para meter el anillo interior, se mete el anillo exterior: la presión de la piel que recubre el pene deja inerte, paulatinamente, la piel.

Siete días después, el prepucio está muerto, se corta y retira sin dolor. Por lo que el mecanismo evita la necesidad de tener médicos especializados y asepsia en el lugar.

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