Por: Valentina Pérez Botero
Twitter: @vpbotero3_0
Todavía se diagnostica como epilepsia. Los médicos se escudan en los movimientos rítmicos constantes, en los episodios –que pueden llegar a ocho en un solo día- en el que el bebé se entumece, abstrae, tiene un enrojecimiento súbito y termina con una sensación de fatiga.
Al encadenamiento de acciones no se le asocia con la masturbación porque los genitales, en esta primera etapa, suelen estar excluidos de la escena: no hay una estimulación directa ni en el pene ni en la vagina. La energía se concentra en los muslos, en el movimiento y, en menor medida, en la fricción con otros objetos.
Se sabe desde hace más de 100 años pero el hecho es aún un tabú: los niños, e incluso los fetos, se masturban. Los radiólogos han documentado, desde principio de los noventa, erecciones en los fetos e incluso, hace pocos años, se dio el avistamiento de la acción masturbatoria dentro del útero.
La última investigación que documenta la existencia de la masturbación infantil recopila 12 estudios de casos de niñas. Los episodios pueden empezar a los dos meses, tienen un pico de intensidad a los cuatro años y reaparecen con mayor fuerza en la adolescencia, para arraigarse durante el resto de la adultez.
Los casos recopilados en el estudio encuentran que la masturbación infantil es, en un alto porcentaje, no reconocida y mal diagnosticada; lo que evidencia una carencia de investigación sobre la sexualidad infantil.
El vacío teórico y práctico sobre esta etapa humana se enfrenta tanto a la delicadeza de abordar directamente el tema con el menor como a los filtros que la información encuentra cuando es recolectada a través del tamiz de los padres. También se ha procurado reconstruir la sexualidad en la niñez a partir de ejercicios de memoria por parte de personas adultas, pero los resultados han mostrado que la historia oral del recuerdo y experimentación sexual sólo ha llegado hasta los seis años cuando la actividad sexual del humano incluso se da durante su proceso.


