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Transportarse en la Ciudad: el viacrucis de los “workilómeters” (CRÓNICA e INFOGRAFÍA)

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Por: Enrique Legorreta

Twitter: @enriquelego3_0

Aún no amanece en San Martín Cualtlanpan, Estado de México, y Mario ya está desayunando un plato de cereal y un pan de la noche anterior. Debe comer a prisa, pues antes de que salga el sol comenzará un viaje de dos horas hacia la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas (UPIICSA) del Instituto Politécnico Nacional. Dos veces a la semana corre contra el reloj, para llegar a las 7 de la mañana a las aulas de la carrera de Ciencias de la Informática.

Antes de salir de su casa, Mario toma su mochila y su iPod: con lo primero, completa en el camino las tareas del sexto semestre; con lo segundo, aligera el viaje de 40.9 kilómetros entre calles rotas y congestionadas.

Como este joven de 19 años, miles de personas que se trasladan en transporte público del Estado de México al Distrito Federal tardan en promedio dos horas con ocho minutos en llegar a su destino, según revela un estudio de mercado de la empresa De La Riva.

Este fenómeno ha dado nombre al estilo de vida de millones de personas en la Zona Metropolitana del Valle de México: “workilómeters” (de las palabras en inglés “work” –trabajo– y “kilometer” –kilómetro–), aquellos que dedican entre una hora y media hasta tres horas o más de su día a viajar en transporte público o automóvil. Y es tal el desgaste que, al mes, pasan un promedio de 40 horas trasladándose en una ciudad como el DF, la segunda con más tránsito en el mundo.

Estos “workilómeters” son resultado del crecimiento enorme que ha tenido la población en zonas conurbadas del Distrito Federal: de 1970 al 2010, únicamente la población del Estado de México pasó de 7.6 millones a 15.1 millones de habitantes.

Muchos siguen los mismos pasos que Mario: viajar en la “combi” que lo lleva a Chalco, la única ruta cercana a su casa que va al DF. “Mi  escuela está lejos, pero eso no hace que me dé flojera. En las mañanas no pasa, eso es en la tarde cuando ya me cansé de estar en la escuela”, comenta.

El Viacrucis metropolitano de los workilómeters 1

“Yo quiero que mi familia se sienta orgullosa de mi, ya que todos estamos jalando parejo para que salgamos adelante en este país, sé que se está en una situación difícil, pero trabajando duro lograremos ser mejores”, comenta.

Se es “workilómeter” también por miedo: según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la tasa de desempleo entre los jóvenes mexicanos de 15 a 24 años es de 9.8 por ciento. La ruta es larga, pero es mejor hacerla todos los días, antes que ser un desocupado.

La “combi” va a buena velocidad. Mario paga doce pesos de pasaje para llegar a Chalco y en el trayecto sube un auténtico collage de tipos urbanos: obreros, comerciantes, profesionistas, jóvenes como él que también van a la escuela y todos los días “trabajan” esta ruta kilométrica que llega hasta la Calzada Ignacio Zaragoza.

“Aquí hay que irse bien despierto, porque los accidentes suelen ocurrir o también los asaltos, una vez se subieron a asaltar y tuve que dar el cambio que traía, pero como ya sé que pueden pasar esas cosas mejor separo un poco de dinero para que no me quiten todo”, cuenta.

Datos de la Secretaría de Seguridad Pública del DF (SSPDF) señalan que en 2012 se registraron alrededor de 17 mil 317 delitos en el área metropolitana.

Al llegar al DF, ya ha pasado una hora de camino. “Cuando estamos aquí en Zaragoza, el tráfico para llegar a Tepalcates es pesado, porque pasar el puente de Neza hace que sea pesado sólo ese trayecto y aparte la clínica del ISSSTE que está cerca aumenta el tráfico”.

En Tepalcates, Mario prepara la “Tarjeta del Distrito Federal”, el plástico de la Ciudad de México que da acceso a los sistemas de transporte de la capital como el Metro, el Tren Ligero y el Metrobús. Caminamos hacia las escaleras que bajan al andén de abordaje, una zona ya abarrotada.

En medio de empujones y tras 20 minutos de espera, ingresamos a la unidad. En la estación de la Línea 2 se puede observar a personas con el ceño fruncido, señoras que utilizan su lugar de asiento como su salón de belleza personal, jóvenes indiferentes con audífonos.

El Viacrucis metropolitano de los workilómeters 2

Ellos saben en la práctica lo que el Instituto de Tecnología de Georgia descubrió en teoría: por cada 30 minutos sentado en el coche o transporte público, crece el riesgo a desarrollar obesidad en un 3 por ciento, ya que el aumento de consumo de alimentos y el sedentarismo provocan que no se consuma la energía que aportan  esos alimentos.

“¿Por qué venir a estudiar hasta acá, Mario?”, le cuestiono. Su respuesta la interpreto con su mirada y su sonrisa, “Porque aquí es donde la educación está medianamente decente, si la comparas con las escuelas que están en el estado obvio hay una gran diferencia, además, quiero ser el primero en sacar un papel en la familia, mis papás tienen la prepa y yo quiero ser el primero en tener una carrera”, me sonríe.

Datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) señalan que la escolaridad promedio de los mexicanos llega hasta el segundo año de secundaria, lo que representa una tasa de nivel bajo en comparación con los países del primer mundo, cuyo promedio está en el nivel superior. En México, el Distrito Federal ocupa el primer lugar de aprovechamiento escolar, con la finalización de la preparatoria.

Llegamos al destino final a las 6:45 de la mañana. Mario me dice que es como una aventura diaria, porque la escuela siempre deja algo, dentro y fuera de las aulas. Llegó a su escuela con 33 pesos en  una ruta de tres transbordos, de su casa a Chalco, de Chalco a Tepalcates y de Tepalcates a UPIICSA. Al año gastaría alrededor de 14 mil pesos: una cantidad con la que un estudiante podría adquirir una computadora personal.

Mario pagará lo mismo en su regreso, un total de 66 pesos diarios. La ruta del “workilómeter” cuesta más que un salario mínimo en México.

 Y lo hará todos los días, por 10 semestres, gastando cerca de 70 mil pesos a lo largo de su carrera… sólo por usar esos microbuses, “combis”, y vagones del Metro en los que, esperando la próxima estación, dejará una parte de su vida.

Infografía Transporte público metropolitano

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