Teherán aseguró que ya no se considera comprometido con el Memorándum de Islamabad y endureció su postura frente a Estados Unidos, en medio de la disputa por el control de una de las rutas marítimas más importantes del mundo
Irán aseguró que ejercerá su soberanía sobre el estrecho de Ormuz «cueste lo que cueste» y afirmó que actualmente no se considera obligado a cumplir el Memorándum de Entendimiento de Islamabad, firmado con Estados Unidos en junio de 2026. El viceministro de Asuntos Exteriores, Kazem Gharibabadi, sostuvo que esa vía marítima forma parte de la seguridad nacional iraní y reiteró que Teherán mantendrá su postura frente a las acciones emprendidas por Washington.
Las declaraciones se producen después de que Estados Unidos restableciera el bloqueo contra embarcaciones que entren o salgan de puertos iraníes. Mientras Washington sostiene que el resto de los buques puede continuar utilizando el estrecho, Irán insiste en que tiene facultades para administrar el tránsito marítimo y autorizar las rutas de navegación. El Gobierno iraní también afirmó que no mantiene compromisos vigentes con el acuerdo negociado en Pakistán, el cual había permitido una tregua temporal y la reapertura parcial de la navegación comercial.
El endurecimiento de la postura iraní incrementa las tensiones sobre el futuro del estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el comercio energético mundial. Aunque Irán sostiene que puede regular el tránsito de embarcaciones por razones de seguridad nacional, Estados Unidos, los países del Golfo y la Organización Marítima Internacional rechazan que Teherán tenga jurisdicción exclusiva sobre toda la vía marítima y defienden el derecho de libre navegación internacional.
La incertidumbre también ha generado preocupación por sus posibles efectos en el comercio internacional. Antes del conflicto, alrededor de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado transportados en el mundo cruzaban diariamente por el estrecho de Ormuz. En paralelo, Reino Unido anunció medidas para clasificar a la Guardia Revolucionaria Islámica como una organización vinculada con amenazas estatales, decisión que Irán calificó como injustificada y advirtió que podría responder con acciones recíprocas.









