Hace unos días la empresa internacional Carolina Herrera lanzó su más reciente colección “Resort 2020”, en la cual aparecen diseños basados en los tradicionales tenangos elaborados por los artesanos de la zona Otomí Tepehua en Hidalgo, lo que representa un nuevo caso de plagio hacia las obras mexicanas y que de inmediato fue aprovechado por políticos que vieron en esta condición una oportunidad para ser parte del ojo público sin la necesidad de verdaderamente defender a los artesanos.
Carolina Herrera no es la primera ni la última empresa que se “inspira” en las artesanías hidalguenses para promocionar algún producto que “muestre el orgullo mexicano” y en ninguno de los casos los artesanos han visto justicia, pues no existe una figura legal que los proteja como tal, por lo que los reclamos de algunos personajes públicos no han tenido repercusión en un beneficio para las comunidades indígenas.
Empresas como Bonafont, Mango y Nestlé utilizaron los diseños de los tenangos en los últimos años para difundir algunos productos con las figuras y colores de los artesanos, además de que la youtuber Yuya también plagió los modelos y sólo ha procedido la demanda contra Nestlé, aunque aún no se resuelven y la corporación apuesta al desgaste de la defensa legal de las comunidades indígenas.
En la mayoría de los casos de plagios, los artesanos desconocen qué acciones legales pueden interponer para prevenir que ocurran situaciones similares en lo sucesivo, sin embargo, no hay una figura legal que permita defender la creación de las comunidades indígenas de la región Otomí Tepehua—una de las zonas con mayor pobreza en México–, donde las remuneraciones económicas que perciben por sus bordados no son comparables con las que obtienen las empresas con sus diseños.
Aunado a ello el escaso asesoramiento que reciben para realizar alguna demanda es mínimo, por lo que prácticamente se tienen que acostumbrar a que constantemente se “inspiren” las grandes empresas de sus diseños sin recibir algún tipo de beneficio económico como tendría que suceder con cualquier acción lucrativa que se realice sobre una creación artística.
Mientras los políticos en turno se aprovechan de repudiar y mostrar su indignación al respecto, no se legisla al respecto y por ello esa situación permea en que continúen los plagios sin repercusiones legales contra las empresas que utilizan los diseños de los artesanos hidalguenses.
Desde 2015 se mencionó la posibilidad de regular dicha situación, pero los propios artesanos han reconocido que no han recibido respuesta por parte de las autoridades estatales y federales, por lo que es hasta que se dio a conocer el caso de Carolina Herrera en el que el gobierno federal contemplan la posibilidad de buscar una retribución para los creadores indígenas, aunque el proceso será largo y dependerá de las herramientas legales con las que cuenta la Federación para garantizar un fallo a favor de los autores.

