Valentina Pérez Botero /@vpbotero3_0
(13 de mayo, 2013).- El cuerpo no es una excusa. Simplemente se es. Un grupo anarquista chileno escribió, en su blog Missogina, un manifiesto sobre la irreverencia que significa asumirse y desplazar sus carnes gordas en una sociedad que alienta la delgadez y desprecia el sobrepeso.
“Somos vida desbordada de placer oral, porque nos gusta comer y no queremos reprimirnos tales deseos” el grupo incita a la anarquía corpórea a vivir fuera del closet de las tallas y a salir en un acto revolucionario: destruyéndolo, para que del encierro no quede rastro de nada.
El manifiesto establece que ser orgullosamente gordo es revolucionario pues se es parte de “Lo que no encaja, lo que excede, lo que estalla límites, costuras y cierres, asientos de micros, fronteras, ficciones, deseos.” Y rebasa la producción en masa -no se hace ropa para ellos-, revienta los estereotipos -supera las expectativas de tamaño-, y reivindican la diversidad -ser delgado no es igual a ser bello-.
La petición última es que se les reconozca “Acá están mis pliegues, acá están mis rollos, acá esta el cuerpo, ese que no corresponde, ese que aparentemente nadie quiere follar, este cuerpo enfermo”. Exigen: “que nuestro cuerpo se transforme en potencia de deseo por el simple hecho de ser cuerpo.”


