El fin de semana pasado se llevó a cabo el Congreso Nacional Extraordinario del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), en el cual fue elegido el diputado federal Alfonso Ramírez Cuellar como dirigente nacional interino para reorganizar el partido, sin embargo, Yeidckol Polevnsky ha afirmado que se mantendrá al frente del partido guinda para atender el ordenamiento del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Ante la disyuntiva que existe, Morena tiene que reordenarse y mantener la unidad para garantizar la fortaleza de un partido que se ubicó como la primera fuerza política del país tras los comicios de 2018, pero que tendrá un nuevo desafío en 2021, cuando se renueven 15 gubernaturas, la Cámara de Diputados federal y más de dos mil ayuntamientos.
Aunque este año sólo se llevarán a cabo elecciones locales en Hidalgo y Coahuila, en las que se renovarán los ayuntamientos y el Congreso local, respectivamente, el partido fundado por el presidente Andrés Manuel López Obrador debe reorganizarse para garantizar la unidad entre la militancia y definir los perfiles más competitivos.
Está claro que ser la cabeza del partido más importante del país en la actualidad es una aspiración en la que varios personajes quieren obtener, pero antes que las ambiciones personales debe garantizar la unidad para que Morena se mantenga como un partido competitivo para los comicios intermedios del próximo año.
El año pasado se intentó desarrollar el Congreso Nacional de Morena para definir al nuevo dirigente nacional, pero el TEPJF anuló el mismo al señalar las inconsistencias en el padrón electoral de Regeneración Nacional, por lo que la nueva dirigencia tendrá una difícil misión de mantener la unidad y reordenar a toda la militancia.
Morena no debe confiarse, pese a que la oposición no se asome como una competencia seria, pues los proyectos que ha postulado el gobierno federal podrían frenarse en caso de resultados menos positivos para esa fuerza política en los comicios de 2021 y por ende será una etapa crucial para consolidar la denominada cuarta transformación.
La presencia de ex perredistas, priístas y panistas en Morena puede desalentar la unidad, pues más allá de un compromiso ideológico de cambio profundo para el país, pueden estar los intereses de buscar los cargos que no obtuvieron o por los cuales no pueden competir en los partidos de los que emanaron, situación que los militantes fundadores han advertido para evitar que se posicionen como los candidatos para las siguientes elecciones.

