La fuerza de la sororidad

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El 8 y 9 de marzo México vivió un hecho histórico sin precedentes. Las mujeres alzaron la voz y demostraron su peso específico en la sociedad, en todos los sectores, primero marcharon de forma multitudinaria el domingo pasado y el lunes pararon dejando en claro que sin ellas, el país no se puede mover.

El reclamo por los feminicidios, por la violencia de género normalizada y la impunidad en la que se cometen los delitos contra las mujeres, fueron algunas de las razones que provocaron este movimiento que obliga a las autoridades de todos los niveles a actuar de forma eficiente para detener y procesar a los criminales, pero también a sensibilizar a la sociedad, a los varones principalmente, a percatarse que existen aún muchas condiciones de desigualdad.

Las mujeres mexicanas realizaron un paro masivo en el que los espacios públicos permanecieron casi vacíos, las oficinas gubernamentales, las empresas, los bancos estuvieron operando a menos de la mitad de su capacidad, situación que también se vio reflejada en el transporte público que estuvo vacío tanto en la capital del país como en el resto de la nación.

La sororidad demostró que el hartazgo general por la violencia hacia las mujeres puede más, y por ello México se solidarizó también con ellas, con quienes protestan por cesar las agresiones, por quienes claman por justicia, por quienes han sido víctimas de acoso en sus trabajos, en la escuela y en la familia, por quienes temen salir a la calle por ser vulneradas, por quienes sufren diariamente una pequeña gota de violencia que las aqueja, por todas ellas, el país no puede seguir igual.

En un país donde mueren diariamente diez mujeres por cuestiones de violencia, el reclamo de la sororidad generalizada no es suficiente, se debe continuar con la lucha por los derechos, por frenar ese machismo que ha detentado contra la integridad de cada persona, y porque los varones, también involuntariamente, no entendamos la agresión que empleamos por la forma en la que nos educamos por patrones sociales históricos.

México está cambiando, es un país más plural que, esperamos, este movimiento haya dejado en claro que sin las mujeres, simplemente no se puede progresar, son el motor de las familias, del desarrollo económico, político, social y cultural, que luchan por salir adelante, por progresar y dejar de lado los roles específicos que les han asignado históricamente.

Es inconcebible que alguien agreda a una mujer porque se le antoje, porque quiere, porque puede. Nadie merece sufrir de esa manera y por ello deben implementarse políticas públicas más eficientes que atiendan la problemática de violencia más graves.

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