San Luis Potosí: ¿Vale más VERDE por conocido que PT por conocer?

Beto Anaya Gutiérrez, dirigente nacional del PT. Foto Cuartoscuro

San Luis Potosí.- Hay un viejo refrán que asegura que más vale malo por conocido que bueno por conocer. En la política de la 4T parece existir una versión corregida y aumentada: vale más Verde por conocido que PT por conocer.

Y no necesariamente porque MORENA tenga mayor cercanía ideológica con el Partido Verde.

De hecho, si la política se midiera exclusivamente por afinidades históricas, lealtades y acompañamiento al proyecto de Andrés Manuel López Obrador, probablemente el Partido del Trabajo tendría argumentos suficientes para reclamar un trato preferencial.

Pero la política no funciona únicamente con memoria. Funciona, sobre todo, con poder.

Y el Verde lo ha entendido perfectamente.

Mientras Alberto Anaya ha construido durante años una relación política basada en la permanencia dentro del bloque de izquierda, el Verde ha construido la suya sobre una extraordinaria capacidad de negociación.

Hoy el resultado comienza a observarse en el tablero de las gubernaturas.

En Zacatecas, Geovanna Bañuelos parece destinada a quedarse en el camino frente a Ulises Mejía. La encuesta sería la explicación y, bajo esa lógica, habría poco que reclamar.

En Baja California Sur, Christian Agúndez enfrenta una circunstancia semejante ante Milena Quiroga. Otra encuesta y otra posible derrota para el PT.

Pero en Quintana Roo el beneficiario podría ser el Verde: Gino Segura aparece con posibilidades de imponerse frente a Rafael Marín Mollinedo.

La encuesta vuelve entonces a convertirse en palabra sagrada.

El verdadero laboratorio político, sin embargo, está en San Luis Potosí.

Ricardo Gallardo no solamente gobierna uno de los estados donde el Verde ha logrado construir mayor poder territorial; también busca conservar ese poder después de concluir su mandato. Y la figura colocada en el centro de la sucesión es Ruth González, su esposa.

Para MORENA acompañar públicamente una sucesión familiar de esa naturaleza tendría un costo difícil de explicar.

Pero enfrentarla también tendría un costo político.

El morenista Gerardo Sánchez Zumaya. Foto Especial
El morenista Gerardo Sánchez Zumaya. Foto Especial

Entonces aparece la tercera vía: dejar que las cosas ocurran.

El problema para esa estrategia es que existe el PT y existe Gerardo Sánchez Zumaya.

Un candidato competitivo del Partido del Trabajo podría convertir una sucesión aparentemente controlada en una competencia real. Y ahí es donde descubriremos cuánto pesan verdaderamente las encuestas, cuánto pesan los acuerdos nacionales y cuánto pesa la relación de MORENA con cada uno de sus aliados.

Porque el PT puede argumentar lealtad.

El Verde puede ofrecer gobernabilidad.

El PT puede recordar años de acompañamiento.

El Verde puede poner sobre la mesa estructuras territoriales, gobiernos y votos.

Y cuando llega la hora de negociar poder, aparentemente MORENA tiene claro cuál de esas dos monedas prefiere.

Alberto Anaya debería observar con atención el mensaje.

Ser un aliado histórico garantiza un lugar en la mesa, pero no necesariamente garantiza recibir una parte proporcional del banquete.

El Verde aprendió hace mucho que en política no basta con ser aliado: hay que convertirse en necesario.

Quizá por eso, cuando MORENA tiene que elegir entre sus dos compañeros de viaje, termina aplicando una versión bastante peculiar del refranero mexicano:

Vale más VERDE por conocido que PT por conocer.

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