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El maltrato a los adultos mayores, una realidad a considerar

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Enrique Legorreta/@enriquelego3_0

(15 junio, 2013).- El día de hoy se celebra el Día internacional de la toma de conciencia sobre el abuso y el maltrato a la vejezLeonardo Strejilevich define el maltrato a los adultos mayores como “el trato indebido o negligente a una persona mayor por otra persona que le cause daño o lo exponga al riesgo de sufrir daño a su salud, su bienestar o sus bienes”.

Se calcula que para 2050, la población adulta mayor representará entre un 25 y 30 por ciento de la población total. Muchos países no están listos para enfrentar esta situación desde el punto de vista político, económico ni social.

Actualmente, más del 10 por ciento de la población está constituida por adultos mayores y se calcula que alrededor del 10 por ciento de ellos son maltratados. El abuso y la violencia hacia los ancianos se da en sus familias y en los centros de asistencia que se supone existen para cuidarlos y atenderlos. Quienes maltratan a los ancianos, se aprovechan de su estado de indefensión y aislamiento para hacerlo bajo una impunidad total.

“Los principales victimarios de los adultos mayores son sus propios hijos adultos con el 44.4%, los cónyuges 14.6%, pareja actual (afectivo y/o sexual) 9.7%, u otros familiares (nuera, yerno, etc.) 17%. Es necesario destacar que las edades de los hijos/as agresores fluctúan entre 26 y 45 años y son en un 68% varones. En el ámbito familiar el tipo de violencia que mayoritariamente se ejerce contra los adultos mayores es el maltrato psicológico hasta en un 95%. Siendo la agresión más frecuente los insultos (85%), humillación y desvalorización (66.3%), amenazas de muerte (40%), y rechazo no están exentos de la violencia física. Las bofetadas, empujones, puntapiés y puñetazos son las formas de agresión más frecuentes”.

La mayor parte de los abusos no son denunciados, debido al temor, la dependencia física, económica o emocional con el agresor. Además, la carencia de políticas públicas y de recursos suficientes, contribuyen a incrementar la vulnerabilidad de este sector de la sociedad.

Las dificultades que viven los adultos mayores se refleja incluso en los índices migratorios. Pese a que los migrantes más comunes son los jóvenes –principal fuerza de trabajo–, los niveles de migrantes de entre 60 y 80 años que se van a vivir a las grandes ciudades con la esperanza de mejorar su calidad de vida, se incrementan. Se trata de un sector aceptable para algunos empleadores, ya se le puede pagar menos y trabajarán los siete días a la semana, sin prestaciones, gracias a su desesperación.
Un estudio realizado por Lilia Susana Padilla y Sotelo, del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Arun Kumar Acharya y José Juan Cervantes Niño, del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en el que se entrevistó a 156 adultos mayores (69 mujeres y 87 hombres) que migraron a Monterrey en los dos años previos, encontró que las principales causas para desplazarse son: seguir a familiares y buscar una mejor calidad de vida.

La mayoría de los ancianos son contratados de forma informal, pues así no se hacen acreedores a las prestaciones que el resto de la población puede disfrutar. Son trabajos muy pesados como: albañiles, limpieza, taxistas, vendedores, que no son los más apropiados para una persona de edad avanzada. Además de ganar menos –entre mil 500 y tres mil pesos mensuales– y vivir en la constante inestabilidad laboral (al no tener contrato), también llegan a ser víctimas de la violencia en sus lugares de trabajo.

 

“Los patrones no quieren contratarnos por mucho tiempo porque saben que no somos tan productivos ni fuertes como los jóvenes. Prefieren hacerlo por día o semana, y si les gusta nos emplean de nueva cuenta, pero si no, consiguen a alguien de menor edad y nos reemplazan”, dijo uno de los entrevistados por los investigadores.

 

Aunque se han hecho campañas para promover el respeto a los adultos mayores, aún falta que la sociedad en general tome conciencia y sensibilice ante la difícil situación que representa la vejez. El gobierno debe diseñar políticas públicas para proteger a este sector poblacional, pero dependerá de cada persona comprender que quizá algún día, se encuentre en esa misma condición.

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