Por Cristina Díaz (Maestría en Letras Portuguesas – FFyL, UNAM)
en la lucha de clases
todas las armas son buenas
piedras
noches
poemas
Paulo Leminski
(20 de junio, 2013).- El polaco-mulato Paulo Leminski nació en 1944 en la ciudad de Curitiba, Brasil, donde murió prematuramente a los 45 años, víctima de cirrosis hepática. Aunque ostentó las insignias de la contracultura, fue un poeta culto que se inició literariamente en la poesía concreta, pero transitó también por el movimiento tropicalista de los años 60 y por la poesía marginal y social.
Leminski fue un autor comprometido con la poesía y con la palabra. Participó activamente en el movimiento cultural y artístico brasileño de la segunda mitad del siglo XX, en el que relacionó dialécticamente su visión crítica de la realidad y la expresión poética. Sin embargo, se aventuró también por los caminos de la música popular, la prosa, el ensayo, la traducción, la poesía visual y el periodismo, a través de los cuales mostró su mirada ecléctica y al mismo tiempo caótica.
Precisamente, su poesía se caracteriza por ser del todo antisolemne y tratar lo común, lo cotidiano, con lenguaje y expresiones coloquiales, pero todo ello a través de una perspectiva analítica, casi filosófica. No obstante, cualquier lector puede sentirse identificado con la poesía de este autor, pues se aleja del academicismo y se revela como la obra de un “pensador salvaje”, como él mismo se denominaba, y que nos permite ver a un autor que salta entre géneros, lenguas y estilos, y en el que siempre predomina el humor como rasgo definitorio.
Si bien Leminski es un poeta que valora la palabra, también es, paradójicamente, un desencantado del lenguaje. Lo es de tal forma, que incluso él mismo muestra los andamiajes de la conformación de la poesía, y hace escarnio (y peor aún, autoescarnio) de las aspiraciones del sistema literario:
quería tanto
ser un poeta maldito
las masas sufriendo
mientras profundo medito
quería tanto
ser un poeta social
rostro quemado
por el aliento de las multitudes
en vez de eso
mírame aquí
poniéndole sal
a esta sopa rala
que mal alcanza para dos
Desde su contexto particular, la obra de Leminski sigue la línea del chileno Nicanor Parra, creador de la noción de “antipoesía”. La poesía del brasileño es constantemente autocrítica, al tiempo que se burla y cuestiona al lenguaje, al autor y los valores de “lo literario”. La frase hecha y el cliché son usados como armas no solo para la poesía, sino también para el análisis del mundo.
Paulo Leminski sabía que la poesía no vende, y que de hecho la verdadera poesía no debería tener este objetivo, “porque está hecha de una sustancia que es, básicamente, rebelde a la transformación en mercancía”. El poeta llevó esta actitud al extremo, pues se debatió siempre entre las fronteras del arte y la vida al seguir una utopía de transformar el mundo real en poesía:
vendrá el día
en que todo lo que diga
sea poesía
Las traducciones al español de la poesía de Paulo Leminski han sido publicadas en la antología Alguna poesía brasileña (2009),editada por la UNAM, y por Conaculta, en Aviso a los náufragos (2006).


