NOTA DEL EDITOR: del 15 al 19 de julio, REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO publicará cuatro textos sobre poesía relacionada con la guerra contra el narcotráfico que empezó en el sexenio de Felipe Calderón y continúa en la administración de Enrique Peña Nieto. Ésta es la segunda entrega del reportero Arturo García.
J. Arturo García / @SoyArturito
(16 de julio, 2013).- Don Nepo buscó justicia hasta el último respiro de su vida, pero sus asesinos lo encontraron primero. “No puedo dejar abandonado a mi hijo, hay que seguir pa’delante, más vale morirnos en la raya”, pronunció en más de una ocasión.
Ese medio día del lunes 28 de noviembre del 2011, Nepomuceno Moreno, el campesino y el padre en busca de su hijo, conducía su camioneta azul cuando fue baleado en Hermosillo, Sonora. Y ahí terminó su vida, pero no su historia.
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Uno de los últimos grandes amigos de don Nepomuceno fue don Melchor Flores, un campesino del Estado de México. Don Melchor –con el sufijo “don”, como se conoce a todos los padres y madres del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD)– recuerda que diez días antes de ser asesinato, su amigo Nepomuceno le envió un mensaje de texto al celular. Decía que se encontraba en la Ciudad de México para una cena que una amiga le haría al día siguiente. “Quería que yo estuviera presente”, dijo con orgullo don Melchor.
Debajo del Ángel de la Independencia, sentado por el cansancio de marchar una vez más, el 10 de mayo del 2012, junto a las madres que exigían justicia por sus hijos muertos o desaparecidos, fue donde Melchor contó que Nepomuceno seguía recibiendo amenazas de muerte, mismas que se acrecentaron en sus últimas semanas de vida. Con su marcado acento norteño, Nepomuceno Moreno les dijo que presentía que ahora sí lo iban a matar.
Y así ocurrió el último lunes de noviembre del 2011. Siete disparos acabaron con su vida en el cruce de avenida Reforma e Ignacio Pesqueira, en la colonia Centenario de su natal Hermosillo, Sonora.
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“Soy Nepomuceno Moreno y soy del estado de Sonora, y aquí estamos, buscando lo que no encuentro en mi estado: la justicia, la solidaridad y el consuelo, como lo encuentro aquí con ustedes. Aquí andamos, buscando a nuestro hijo”, son las palabras resguardadas en un video que circula en YouTube, titulado “Testimonio de Nepomuceno Moreno”.
Don Nepo contó al colectivo EmergenciaMx cómo fue la última llamada recibida de su hijo Jorge Mario: “En un OXXO entró a meterle saldo a su teléfono y fue cuando nos enteramos de que lo estaban siguiendo. Nos habló como a las 7 [de la noche]. Yo le dije que no se saliera para que no lo fueran a encontrar. Y gritó: ‘¡Ahí vienen por mí! ¡Ahí vienen por mí!’, como dice el poema ése, ‘Ahí vienen por mí pero era demasiado tarde’.
Al lugar entraron los policías. Con pistola en mano llegaron y sacaron a los jóvenes. Nepomuceno y su familia querían correr pero de nada serviría, pues se encontraban en Hermosillo, lejos del OXXO ubicado en Ciudad Obregón, de donde policías del estado sacaron a Jorge Mario Moreno León y tres de sus amigos.
Una de las hijas de Nepomuceno marcó al celular de su hermano Jorge Mario. Del otro lado del teléfono se escuchó la voz de un hombre que exigió 30 mil pesos. Don Nepo tomó el teléfono, les aseguró que conseguiría el dinero. Y lo hizo. Después, cuando él buscó entregarles el dinero, uno de los secuestradores le respondió que debían esperar “al comandante”.
Terminó la llamada.
Nepo no volvió a saber nada de su hijo, ni de los tres policías que lo secuestraron.
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Entre Nepomuceno y Melchor parecía haber sólo una coincidencia: sus hijos habían sido secuestrados por policías. Sin embargo, su parentesco iba más allá de ese común denominador: ambos padres consiguieron pruebas para demostrar que sus hijos fueron secuestrados por policías, pero las autoridades mexicanas los ignoraron, y los casos de Jorge Mario y el Vaquero Galáctico –como era conocido en Monterrey el hijo de don Melchor–, así como los de miles de personas en el sexenio de la guerra contra el narcotráfico, fueron reducidos a la nada.
Entonces el campesino del estado de Sonora y el del estado de México se encontraron en la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad que partió de Morelos a la Ciudad de México.
“Yo estaba resignado a pelear solito contra el gobierno de Sonora. Ya ni me quieren recibir. Se ríen de mí. Antes iba al cuartel del Ejército para denunciar el secuestro de mi hijo. Escribía cartas a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) y nadie me hacía caso; hasta ahora que me uní al Movimiento por la Paz veo que las organizaciones sociales tienen el poder para sentar al presidente Calderón en una mesa de diálogo y que los procuradores de Justicia están obligados a recibirnos para reabrir las investigaciones”, declaró Nepomuceno Moreno al periódico chileno El Clarín.
Habla don Melchor: “Incluso después de haberse reunido en el Castillo de Chapultepec con el presidente Felipe Calderón, a quien le comentó su caso y lo ocurrido con su hijo, [Nepomuceno] nunca recibió ayuda”.
En los Diálogos de Paz realizados en el alcázar del Castillo de Chapultepec, Nepomuceno Moreno le expuso a Felipe Calderón que “por denunciar a las autoridades del estado de Sonora he sido hostigado. Ahorita tengo a los soldados afuera de la casa”. Prosiguió: “Ellos secuestraron a mi hijo y a otros tres compañeros. Ahora tengo soldados a fuera de mi casa. Tengo bastantes pruebas de que los policías del estado secuestraron a mí hijo. Videos que me tienen ocultados y aparte el gobierno no me ha atendido para nada”.
En palabras del propio Nepomuceno dichas en el video de la campaña Un destello en la oscuridad se resume el último episodio de su vida: “A pesar de la represión y las amenazas que he recibido por buscar justicia, no me voy a quedar con los brazos cruzados. Esta lucha no sólo es por mi hijo, es por todos los muertos y desaparecidos de esta violencia sin fin”.
Y así fue como lo hizo.
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El video del colectivo EmergenciaMx continúa: don Nepo llora bajo un árbol mientras recrea la desaparición de su hijo. Guarda silencio. Recita el poema que llegó a su mente tras la última llamada que recibió de su Jorge Mario. El poema es del alemán Bertolt Brecht. Hay lágrimas en su rostro. Éstas son las líneas que acompañaron al hombre que dejó su cotidianeidad para exigir justicia durante los últimos meses de su vida:
Primero se llevaron a los judíos,
pero como yo no era judío, no me importó.
Después se llevaron a los comunistas,
pero como yo no era comunista, tampoco me importó.
Luego se llevaron a los obreros,
pero como yo no era obrero, tampoco me importó.
Más tarde se llevaron a los intelectuales,
pero como yo no era intelectual, tampoco me importó.
Después siguieron con los curas,
pero como yo no era cura, tampoco me importó.
Ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde.
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“¿Esa reunión con su amigo Nepomuceno fue una despedida?”, le pregunto a don Melchor mientras platicamos en las escalinatas del Ángel de la Independencia bajo un cielo nublado. La lluvia no está lejos. La respuesta del hombre alto, corpulento, moreno, que porta sombrero beige y masca chicle, fue contundente: “Sí, fue una despedida”.



