Bienestar: la palabra maldita del dogma neoliberal

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Toda la ideología del capitalismo de mercado libre se basa en una estafa: el capitalismo depende
por completo del Estado. Su ideología mercantilista es una simple fachada para colocar recursos
públicos en manos privadas a expensas de la sociedad.
                                     Owen Jones

Hace unos días me encontré en Twitter con otra de esas noticias que suelen desatar la ira de las legiones derechistas: el presidente Andrés Manuel López Obrador anunciaba la creación de una empresa de gas llamada “Gas del bienestar”. Dicha empresa estatal forma parte de una estrategia energética dirigida a paliar los efectos inflacionarios que variables, tanto externas como internas, han desencadenado para azote de los bolsillos de los mexicanos. Como era de esperar, los lidercitos de opinión que fungen como golpeadores al servicio de la clase empresarial estallaron en una furia patológica, intentando sin ingenio y nublados en hiel, ridiculizar la medida económica.

En esta andanada, pregunté en un tuit por qué la palabra bienestar irritaba tanto a muchos. Inesperadamente fui increpada por una tuitera – en cuya bio se dice economista “valkiria”, “todopoderosa” y no sé qué otros desvaríos más – quien amablemente se “ofreció” a “explicarme” sus tres razones “contundentes” por las que a ella y a otros les provoca urticaria dicho concepto. Sirva de pretexto ese tuit sintomático de todos los ataques surgidos a fin de abordar algunas consideraciones importantes.

  1. “Porque ese bienestar siempre va a expensas del erario”.

¿Se referirá a las numerosas intervenciones públicas que ha requerido el capitalismo de “libre mercado”?

Pese a la mitología imperante y difundida en los grandes medios privados de comunicación  según la cual el capitalismo de libre mercado es el único marco eficaz para lograr un bienestar económico generalizado al aumentar la productividad y el nivel de vida, además de proporcionar altos grados de libertad individual y resultados equitativos en materia social, a diferencia de los mucho menos eficientes grandes gastos públicos y las regulaciones estrictas, lo auténticamente cierto es que el neoliberalismo ha dependido de enormes apoyos gubernamentales durante toda su existencia. Como señalan Robert Pollin y Gerald Epstein (2021): “en múltiples ocasiones, el orden económico neoliberal global podría haberse venido fácilmente abajo y haber alcanzado los niveles de la Gran Depresión de la década de 1930, de no ser por las numerosas intervenciones estatales. Para su supervivencia, han sido esenciales los rescates estatales y las inyecciones de gasto público de emergencia financiados con préstamos – es decir, gasto deficitario-, así como las acciones de los bancos centrales para apuntalar a las entidades financieras al borde de la ruina”.

¿De este bienestar a expensas del erario es del que se quejan los economistas neoliberales? No lo creo, dado que sacan a colación este argumento cuando se trata de la creación de una empresa pública para beneficio de la mayoría y nunca en relación con los rescates que han exigido las grandes empresas para salvarlas de las deudas en que han incurrido en virtud de sus malas prácticas financiero-administrativas.

  1. “Porque ese bienestar significa robo por parte de los que se encuentran en el poder”.

¿Estará haciendo alusión al robo que han significado los repetidos rescates del capitalismo neoliberal como, por ejemplo, el Fobaproa o el rescate carretero?

No parece que se trate de esa situación.  La gran deficiencia de esa afirmación, por llamarla de manera gentil, “que es en beneficio de los que tienen el poder”, adolece de aclarar a qué poder se refiere.

Intuyo, por los rasgos ideológicos que denota, que se refiere al poder del Estado y de los políticos.  En dicho caso, está cometiendo la gran omisión de olvidarse de los poderes empresariales y económicos que son los que se han visto beneficiados cuando no se han desarrollado estas políticas públicas del bienestar. Porque precisamente son quienes poseen el poder económico los que no se benefician con las políticas del bienestar actuales o, por lo menos, no como quisieran. Son quienes han salido a quejarse amargamente de las mismas cuando antes fueron ellos los que permanecían callados o alababan a los gobiernos pripanistas en turno por las pingües ganancias que numerosas investigaciones y datos han considerado verdaderos “robos” al erario y que obtuvieron gracias a las políticas neoliberales impuestas en el país.

Este robo por parte del poder económico con recursos públicos no sólo ha tenido lugar en México, sino en todo el mundo, por eso el descrédito generalizado de este régimen económico e ideológico.

Los rescates que han salvado al capitalismo global durante períodos de crisis han reforzado también las tendencias más perversas del neoliberalismo.

En 1978, antes del auge del neoliberalismo, los directores ejecutivos de las 350 grandes empresas estadounidenses más importantes ganaban 1.7 millones de dólares, 33 veces los 51,200 dólares que ganaba el trabajador medio no supervisor del sector privado. A partir de 2019, los directores ejecutivos ganaban 366 veces más que el trabajador medio, 21.3 millones frente a 58,200 dólares. Por un lado, desprecian teóricamente al Estado, pero dependen prácticamente de él, lo que se traduce en una especie de socialismo para las grandes corporaciones de Wall Street, y en un capitalismo voraz para todos los demás.

Este bienestar para unos cuantos no parece molestarlos. El problema surge cuando el gobierno pretende extenderlo a la mayoría de la población.

  1. “Las pruebas siempre han demostrado que es sólo una palabra porque al final sólo empobrece a todo el mundo”.

No, a todo mundo, no. Sólo a la mayoría, porque como ya examinamos con anterioridad, hay unos cuantos que han resultado más que beneficiados cuando el Estado se dedica a rescatar al capitalismo neoliberal en perjuicio de la mayoría de la población, lo cual precisamente es lo que no está haciendo el gobierno de la 4T. Al contrario. Y por eso el enojo de los ideólogos de la clase empresarial.

Les molestan mucho las becas del bienestar, las pensiones del bienestar, y una de las causas es que se afirma que se trata de regalar dinero que no va a sacar de pobre a nadie. De nuevo, curioso que esas inyecciones de dinero no causen el menor respingo cuando van dirigidas a las grandes empresas.

Muchos hemos crecido oyendo que “no se puede simplemente dar dinero a la gente pobre”. Sin embargo, parece que esta intuición sólo se basa en anécdotas y rumores, sin ningún estudio serio que la respalde.

Fue hasta la década de 1990 que empezaron a realizarse experimentos rigurosos al respecto. Desde entonces se han llevado a cabo varias investigaciones sobre los efectos que las transferencias de efectivo ejercen sobre la vida de las personas en situación de pobreza.

No es una tarea fácil resumir los resultados de estos estudios porque el aspecto principal de estas transferencias de efectivo consiste en que brindan a las personas la libertad de utilizarlas en distintas cosas. Además, se otorgan en diversas cantidades y a diferentes frecuencias, al mismo tiempo que se establecen requisitos variados para recibirlas.

Gobiernos, organizaciones sin fines de lucro e investigadores independientes que han sometido a prueba las políticas de “sólo dar dinero” en varias partes del mundo han concluido que se trata de una medida eficaz para ayudar a la gente que vive en pobreza (GiveDirectly, Research on cash transfers, 22 de diciembre de 2020).

La evidencia que se extrajo a partir de los estudios que comprenden 56 programas de transferencias de efectivo en países de medio y bajo ingreso muestra que las transferencias de efectivo están asociadas con la reducción de la pobreza (Francesca Bastagli, Jessica Hagen-Zanker, Georgina Sturge, 2026), han arrojado el resultado más exitoso que han atestiguado diversos investigadores y constituyen programas prioritarios en varios lugares. (GiveWell, 2017). Asimismo, son más económicas que la asistencia alimentaria en especie o que la entrega de vales (Shanoon Doocy, 2017).

A pesar de los prejuicios clasistas prevalecientes, quienes reciben las transferencias de efectivo no lo desperdician ni hacen mal uso de él. Los beneficiarios de las mismas reducen su pobreza y mejoran distintos aspectos de su vida. Estas transferencias de efectivo generan cambios positivos importantes en las vidas de las personas.

Así las “ocurrencias” del presidente Andrés Manuel López Obrador consistentes en “regalarles dinero a los pobres”, después de todo, sí son muy efectivas, beneficiosas y rentables de acuerdo con los resultados arrojados por varias investigaciones internacionales muy serias.

Concluyo dándole la razón a la tuitera que dio pie a esta columna, aunque no precisamente en el sentido que ella pretendía:

Cuando el gobierno brinda bienestar a unos cuantos, mediante rescates y subsidios con dinero del erario, se provoca la pobreza de casi todo el mundo, pero cuando las políticas públicas van dirigidas al bienestar de la mayoría de la población mejora de manera significativa el nivel de vida de muchos.

El “por el bien de todos, primero los pobres”, no se encuentra nada errado.

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