Gárgolas

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Era una tarde lluviosa, llena de sospechosas sombras y un aire tan denso que estaba a un solo grado de convertirse en neblina. Ante la búsqueda de resguardo por la lluvia, aquella joven de mirada audaz corrió a un pequeño toldo que visualizó en su camino. — ¿Es su primera vez aquí en Guadalajara? —preguntó el joven que atendía el puesto de periódicos. Ella, aunque un poco desconfiada contestó —Sí, ¿cómo lo supo? —Una sonrisa mediana se apoderó del joven, ella contestó con otra sonrisa.

Aparentemente, la lluvia iba incrementando su fuerza y ante esto ella solo relajó los hombros.  — ¿Gusta leer un periódico? — comentó el muchacho, mientras le extendía el “Eje Central”,  — ¡ándele, sin costo! —insistió. — Nunca había visto este periódico —respondió ella tomándolo, mientras comenzó a susurrar los titulares y se acomodaba en una sillita de plástico. “Se abre oficialmente la sucesión presidencial.”, “Cuba: una defensa anclada al pasado”. Ella soltaba pequeñas risas mientras repasaba las notas. —Son como aquellas gárgolas, ¿verdad? —comentó el chico entre risas, señalando la fachada de la plaza de gobierno, provocando que ella quedara contemplativa ante tan inocente revelación.

Las gárgolas son figuras grotescas que viven entre lo humano y lo animal, están hechas de piedra y durante toda su existencia observan desenfocadas hacia un solo lugar. Por supuesto que no oyen y mucho menos ven, pues lo que pareciese ser un sentido de pertenencia con respecto a su espacio, solo es la apariencia simbólica de la imaginación de aquel que las construyó. A pesar de su esencia inerte, logran emitir sonidos, pero solo a través de gárgaras que emanan del techo deshecho que resguardan, después de alguna tormenta. Las gárgolas suelen creer que tienen el mundo a sus pies por estar en cornisas muy elevadas, y suponen volar por habérseles labrado alas. Algunos les temen por sus monstruosas caras y expresiones poco amigables, otros las consideran símbolos y otros más las ven como un ejemplo de vida; es a estos últimos a quienes me referiré en este texto tomando como base analógica la explicación de lo que es una gárgola.

Los medios de comunicación hegemónicos no aparecieron espontáneamente de un día a otro, son empresas creadas para obtener dinero de manera inicial, pero en su “evolución” —por llamarle de algún modo—se dio cuando descubrieron que podían obtener poder controlando la opinión pública. Esta característica que fue descubriendo el empresariado mediático no solo creó un gran sistema de manipulación, sino que, a su vez, creó grandes manipuladores, gárgolas destinadas a proteger el medio en donde creen ser libres solo por tener sus líticas alas y ver el horizonte, donde gargarean el líquido adoctrinado dictado por los desechos de sus propios creadores.

En los últimos días hemos tenido que vivir con gárgaras aberrantes que desinforman sobre una supuesta bacteria que genera el hongo negro, la falta de pernos a una carpa casualmente confundida con la estructura del Cablebus, una gárgola que dice ser de mega izquierda; y otra más que inició con una gárgara sobre Cri Cri, pero acabó siendo hipocresía “vanguardista” de un supuesto amor por parte de los españoles hacia los árabes.

Hay veces que las gárgolas, de tanto esforzarse en sus tareas, terminan erosionándose a tal grado que comienzan a ser inservibles, como Loret de Mola, quien fue llamado a comparecer por el caso de Israel Vallarta, expediente en el que, con solo mencionar a los involucrados en el montaje, se dibuja de cuerpo entero el montaje: Loret de Mola, Genaro García Luna y Cárdenas Palomino. No voy a negar que el oficio de gárgola ha sido muy bien aprendido por Carlos, porque después de una soberana tunda recibida en el careo, su primera acción fue grabarse un video de salvación mediática con una letanía de gárgaras diametralmente alejadas de la verdad, aunque si realmente cree que lo que sucedió fue lo que dijo en ese video, tal vez deberíamos hablar en términos psiquiátricos.

Piaget describe a la noción del espacio como una extensión proyectada desde el cuerpo y en todas direcciones hasta el infinito, que es construida lentamente por el infante a medida que toma conciencia de su “yo” corpóreo en relación con los objetos; ante esta descripción, no me cabe duda de que las gárgolas neoliberales no han logrado comprender que ya no son ellas las que tienen el poder de dictaminar que es cierto y que es falso, pues han perdido el infinito de su noción espacial, ahora simplemente permean en un radio muy reducido donde solo se encuentran con más gárgolas.

Y hablando de espacio, es deprimente ver cómo una de las prácticas más comunes de estas gárgolas neoliberales es el utilizar fotos que son de otro espacio y otro tiempo para ilustrar con absoluta mentira otra situación, a fin de impactar en la opinión pública a como dé lugar. Es el culto a la falsedad, a la farsa, al método del “no importa nada mientras logremos defender nuestro medio, privilegio o a nuestros amos”. Lo más llamativo es la sincronía totalmente inorgánica con que desarrollan el intento de manipulación, el cual tiene dos fines: influir sobre algunos cuantos incautos y hacer propaganda política. Se preguntarán, ¿dónde queda el periodismo?, pues en realidad el periodismo es una etiqueta usada como fachada por estos seres, mientras que el periodismo real se encuentra en rincones muy aislados y poco accesibles.

Mijaíl Bakunin aseguraba que incluso las personas más cultas y bien informadas se corrompen inevitablemente al actuar como guardianes de la sociedad, ahora imaginemos qué pasa al actuar como guardianes de los privilegios y de las grandes empresas mediáticas cuyo único fin es acumular riqueza y poder.

Tenemos que clarificar los conceptos con los que nos relacionamos en estos tiempos, las gárgolas solo comunican, pero no realizan ninguna labor periodística, por ello enfrentar la desinformación en el presente nos obliga —para no ser manipulados— a tener un compromiso con la investigación, con la historia y con la geopolítica desde nuestra persona, desde nuestro yo.

Twitter: @bastianbila

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