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Acostumbrándonos a la democracia

México ha recorrido un camino muy arduo y escabroso rumbo a la democracia.

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Mientras escribo estas líneas, se está llevando a cabo en México un ejercicio democrático inédito: la consulta popular, mediante la cual los ciudadanos decidirán si se ejecutan los procesos necesarios para esclarecer las políticas implementadas en años pasados por los actores políticos, con el propósito de garantizar la justicia y los derechos a las posibles víctimas.

Fue en 2011 cuando en el Senado se aprobó la reforma constitucional para erigir a la consulta como un mecanismo de democracia directa en nuestro país. El requisito establecido a fin de que esta consulta adquiriera un carácter vinculatorio, es decir, obligatorio para las autoridades correspondientes, fue la concurrencia a las urnas del 40% del padrón el mismo día en que tuvieran lugar las elecciones.

En 2019, la oposición modificó la fecha en que podría realizarse la consulta de tal modo que se efectuara en cualquier año sin estar ligada con las elecciones. La razón tuvo que ver meramente con un cálculo político. Dado que el presidente Andrés Manuel López Obrador -escuchando a las millones de voces que exigían llevar a juicio a los expresidentes pripanistas- ya había anunciado su decisión de solicitar a la Suprema Corte que esa demanda se sometiera al mecanismo de consulta popular previsto en la Constitución, los representantes legislativos, provenientes de los partidos adversarios al proyecto del gobierno, no quisieron que el asunto de la futura consulta influyera en el ánimo de los votantes al recordar los múltiples y dolorosos agravios sufridos por las políticas neoliberales y, en consecuencia, los castigaran todavía más de lo que lo hicieron en las elecciones intermedias de junio pasado.

La democracia es el sistema de gobierno en el cual el poder de decisión recae en el pueblo como única voluntad soberana que los poderes públicos están obligados a obedecer. El modo en el que se expresa y ejerce dicha voluntad distingue los tipos de democracia existentes:

  • Democracia directa: los ciudadanos son consultados con respecto a todas las decisiones (referéndum, revocación de mandato, iniciativa popular).
  • Democracia indirecta: los ciudadanos sólo eligen a los representantes que después tomarán las decisiones (elecciones).
  • Democracia semidirecta o mixta: se trata de lograr un equilibrio entre los mecanismos de democracia directa y los mecanismos de democracia indirecta.

Como todo en la vida, cada uno de estos tipos conlleva sus ventajas y desventajas. El tamaño de las poblaciones y la necesidad de éstas de dedicarse a múltiples asuntos privados, además de los públicos, ocasiona que les sea muy difícil tomar decisiones sobre todos los rubros que implican la gestión de un país; sin embargo, quedarse sólo con la democracia indirecta, como ha sucedido hasta ahora, impide un verdadero gobierno del pueblo por el pueblo, lo que constituye la esencia y el ideal democráticos.

México ha recorrido un camino muy arduo y escabroso rumbo a la democracia.

Una y otra vez la democracia indirecta nos fue negada con diversas artimañas que van desde golpes de Estado, como el de Victoriano Huerta contra el presidente Francisco I. Madero, pasando por fraudes electorales de todo tipo, hasta el uso faccioso de los medios de comunicación y muchas otras trapacerías más.

En lo que se refiere a los mecanismos de democracia directa, ni siquiera eran contemplados. A ninguno de los expresidentes pripanistas les pasó alguna vez por la mente consultarle algo al pueblo.

En 2014 se expidió la Ley Federal de Consulta Popular que reglamenta la fracción VIII del artículo 35 Constitucional donde se plasma la figura de la consulta popular.

En 2015, la Suprema Corte de Justicia negó el pedido popular para llevar a cabo una consulta sobre la procedencia o no de la reforma energética.  De manera muy cuestionable, adujo que el asunto no era materia de consulta en los términos del artículo 35 constitucional y, por lo tanto, no fue posible poner en funcionamiento el instrumento de democracia directa previsto en la Carta Magna.

Es hasta ahora, por convocatoria del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, que el máximo tribunal del país acepta por primera vez que se practique este mecanismo con objeto de que los ciudadanos emitan su sentir respecto a un asunto de interés público.

El 15 de septiembre de 2020, el ejecutivo envió al Senado la solicitud para realizar la consulta popular sobre el posible enjuiciamiento de los últimos cinco expresidentes.

El artículo 26 de la Ley Federal de Consulta Popular dispone que cuando la petición de consulta popular provenga del presidente de la República, la Suprema Corte resolverá sobre la constitucionalidad de la materia y revisará que la pregunta no sea tendenciosa o contenga juicios de valor. Es por ello que la pregunta original fue modificada por la Suprema Corte, pese a que varios medios han atribuido al presidente la redacción final de la misma, tachándola de confusa, sin haberse siquiera tomado la molestia de efectuar una pequeña labor de investigación. 

Analistas, columnistas, periodistas de la oposición (declarada y encubierta) difundidos por los grandes medios han descalificado este ejercicio democrático por diversas razones, aunque varias de ellas, como ya vimos, son responsabilidad directa de la misma oposición o de otros poderes y no del ejecutivo, como se ha querido hacer creer a la opinión pública; otras son consecuencia de la falta de práctica de un instrumento que nunca se había utilizado en nuestro país con valor vinculatorio y que pueden corregirse paulatinamente en la medida en que su ejecución se haga costumbre.

La exigencia de justicia por todos los agravios cometidos por los regímenes pripanistas no ha dejado de escucharse. El larguísimo catálogo de los horrores está disponible en hemerotecas, bibliotecas y, sobre todo, en la mente y en el corazón de los mexicanos que los sufrieron. En 2018, fueron el motivo por el que los mexicanos decidieron, mediante el mecanismo de democracia indirecta – las elecciones – darles la espalda en favor de un régimen distinto representado por Andrés Manuel López Obrador y el proyecto de la 4T.

Desde que era candidato a la presidencia, el presidente dejó muy claro que su manera de hacer justicia sería mediante la puesta en marcha de un proyecto político-económico totalmente distinto. Uno que favoreciera a las mayorías y no sólo a unos cuantos como sucedía anteriormente. Nunca fue promesa de campaña ni parte del proyecto de nación sujetar a proceso a los expresidentes pripanistas. Siempre lo dijo. Para él lo importante consistía en ir desmantelando este régimen que tanta sangre, lágrimas y miseria ha costado a nuestro país.  Consideraba excesivo dedicar recursos y esfuerzos enormes a encontrar las pruebas siempre tan elusivas, así como a desarmar el sólido andamiaje jurídico heredado y la inextricable trama de complicidades que impedirían el desarrollo de un proceso judicial eficaz, frente a la batería de costosísimos abogados e inercias institucionales las cuales no permitirían alcanzar una sentencia satisfactoria para los anhelos de justicia de la población.   Así lo entendimos muchos, pero no todos.

Por ello, a pesar de su reluctancia, el presidente accedió a los clamores de la gente y decidió solicitar a la Suprema Corte de Justicia que resolviera declarar o no la procedencia de la consulta en este asunto.

Y no sólo fue tal razón la que lo impulsó a esto, sino también y, principalmente, la profunda vocación democrática del mandatario, que lo condujo a aprovechar el asunto para abrir en la práctica más canales de participación democrática, por medio de los cuales la población se acostumbre a intervenir en la toma de decisiones sobre asuntos de interés público. Así lo ha dejado patente una y otra vez cuando aborda el tema.

Es así que, a pesar de que él siempre manifestó que votaría por el NO – ya que prefiere seguir dedicándose al proceso de transformación del régimen y de las condiciones socioeconómicas de la mayoría de la población mediante el combate a la corrupción en el gobierno actual, el establecimiento de políticas de redistribución material, kayseri escort
el logro de la paz a través de la justicia social y el viraje de la retórica y la práctica de la guerra, en suma, con un verdadero cambio respecto a lo que el país había vivido hasta ahora- Andrés Manuel López Obrador optó por someter a consulta del pueblo el asunto del esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en años pasados por los actores políticos, que el imaginario popular ha traducido como “juicio a los expresidentes”.

Contrario a lo que la oposición ha difundido como eslogan, hoy, como nunca, se está aplicando la ley mediante la consulta popular.

El artículo 39 constitucional, que afirma que la soberanía reside esencial y originariamente en el pueblo, está realizándose en los hechos de manera cada vez más contundente desde el 1ro. de junio de 2018 – cuando Andrés Manuel López Obrador llegó a la presidencia, sin necesidad de cometer fraude, gracias a la voluntad de millones de mexicanos- y ahora, el 1ro de agosto de 2021, por medio de la consulta popular, otra vía democrática más.

La semana anterior estuve pensando cuál iba a ser el sentido de mi voto en esta consulta.

¿Me decantaría por el SÍ?  Por ese lado me conducía el afán de repudio claro y contundente al régimen neoliberal que tanto daño le hizo a mi país, que tanto sufrimiento ha causado y que fue impuesto por los expresidentes pripanistas y sus innumerables cómplices políticos (desafortunadamente los titiriteros económicos – autores preponderantes – no entran en el ámbito de la pregunta de la consulta como sería lo justo, quizá alguna vez suceda si luchamos por ello). Aunque este régimen ya fue rechazado, sin duda alguna, en 2018 gracias a las elecciones, y se confirmó nuevamente el pasado 1ro. de junio de este año en los comicios intermedios, resulta muy valiosa una sanción social y política con valor constitucional por parte de la ciudadanía en esta consulta popular.

¿Tacharía el NO en la boleta? Francamente también contemplé esta posibilidad. Yo, como muchos otros, no voté por Andrés Manuel Lopez Obrador para que llevara a ningún expresidente a la cárcel. Por eso a mí no me decepciona que no lo haya hecho hasta ahora. Él nunca lo prometió. Lo que motivó mi voto por él fue y sigue siendo la puesta en práctica de su convicción y su principio: “Por el bien de todos, primero los pobres”. Y lo está cumpliendo. No me ha defraudado. Estoy sakarya escort bayan consciente de que el blindaje jurídico que se encargaron muy bien en armar y los recursos con los que cuentan los expresidentes y sus titiriteros son exorbitantes; por ello, es muy difícil y arduo (aunque no imposible) que puedan ser juzgados y sentenciados por los crímenes que cometieron y, por ello, preferiría que todos los recursos y energías siguieran dedicándose a desmantelar, con la implementación de políticas distintas, su legado perverso.

Cualquiera que sea el resultado de la consulta, el país obtuvo una victoria con su realización. Nos estamos empezando a acostumbrar a la democracia. Y eso representa un gran avance. Participar en las decisiones políticas a fin de mejorar la vida colectiva es invaluable.

Entonces, ¿por cuál opción creen que me decidí? ¿Y ustedes?

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