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Simulación

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Las calles se alumbraban con diferentes luces de colores, era una noche lluviosa, muy fría y de escasa tranquilidad. La luminiscencia intermitente llamaba la atención de algunas personas que aún tenían la serenidad para poder voltear al cielo; otros corrían huyendo, sintiéndose perseguidos por lo desconocido, algunos más que ya habían caído víctimas del poder de la desidia simplemente suspiraron sin reaccionar. El evento duró casi veinte minutos a los que se sumaron veinte más para que volviera la calma.

Era evidente que la mayoría buscaba explicaciones y la información comenzó a fluir gracias a tres reporteros que salieron a registrar algunos testimonios. Uno entrevistó a una de las familias que corrieron despavoridas, ellos aseguraban que el evento fue causado por alienígenas que estaban tratando de acabar con los humanos; otro obtuvo el testimonio de alguien que pudo contemplar el evento manteniéndose tranquilo y que afirmó «es un llamado de Dios para que dejemos de pecar». El tercer reportero, después de tocar en algunas casas, por fin tuvo éxito en una en donde una persona accedió a ser entrevistada, comentando que simplemente no le importó el suceso y solo se limitó a decir que había pensado que eran patrullas que circularon con las luces encendidas haciendo sus recorridos.

Los titulares de cada uno de los periódicos a los que pertenecían estos reporteros fueron totalmente discordantes, en uno decía «Invasión alienígena», el otro «¡Dios existe!», y el último «Incrementan patrullas sus recorridos». El morbo general hizo que los tres periódicos vendieran muchos ejemplares, y las diferentes historias que narraban se entretejieron con el paso de los años hasta convertirse en un mito en el que se creía que Dios era un alienígena que causó terror en la población, por lo que miles de policías salieron a contener a la gente despavorida.

En al año 360 a.C., Platón dictaminó que su República ideal solo se conseguiría desterrando al «imitador» y al que simula. En nuestro tiempo estamos plagados de simulacros, la narrativa está infestada de tantos signos y símbolos para aparentar naturalidad que cualquier cosa puede llegar a ser verdadera pero nunca termina siendo real. Hay tanta información abrumándonos, entrando por cada rincón al que volteamos, que es imposible asimilarla toda y esto trae como consecuencia que nunca entendamos lo que sucede en realidad, el periodismo actual crea tantas versiones de la realidad como verdades proponga, cada vez más acostumbrado a lo subjetivo y —peor aún— a lo degenerativo según su conveniencia.

Lo que sí es real en todos sus ámbitos es el costumbrismo desidioso de la mayoría de los humanos a aceptar que los medios de comunicación simplifiquen las cosas y decidan qué es real y que no lo es. Hemos perdido la capacidad para acceder a las cosas y sucesos de lo físico, de lo tangible,  deglutiendo realidades empaquetadas que otros nos otorgan, en pocas palabras: la humanidad a perdido toda complejidad y, como bien postuló Jean Baudrillard, «Vivimos en un mundo en el que cada vez hay más información y menos significado».

Vivimos en un mundo del «yo creo», y del «yo sé», siempre esperamos que sea otro el que aporte los elementos de análisis porque, lamentablemente, el desarrollo de lo humano siempre ha estado supeditado a intereses políticos y económicos, nunca al interés del «nosotros». Siempre buscamos creadores por el miedo de aceptar infinitos, siempre andamos regateando pseudo filosofías (religiones) para ver cuál nos da más respuestas que preguntas porque, en general, los humanos hemos sido adoctrinados desde hace siglos al conformismo filosófico. Este mismo conformismo ha creado dioses modernos dentro de la ciencia, a la cual le adjudicamos la tarea de dar respuestas y cuando no las tiene, nos conformamos con el hecho de que algún día las tendrá para seguir navegando en la aceptación de lo desconocido sin generar lo más valioso que nos ha hecho ser lo que somos: las preguntas.

Claros ejemplos los encontramos en que la simulación es el pan de cada día para muchos medios hegemónicos, que disfrazan panfletos de propaganda conservadora en marcas privadas que dicen ser periódicos; o también en la simulación ideológica del PAN que, con la finalidad de conseguir adeptos, se suma a luchas sociales como el feminismo para terminar traicionándolas en los hechos invitando a México a representantes del peor fascismo español y pactar con él, solo para verse exhibidos una vez más y aclarar tres minutos después que no son pero sí son, pero no así, pero sí, pero no.

Estos extremistas nombran plan de Dios al hecho de considerarse los únicos que pueden detener al comunismo, el problema de su premisa es que ese enemigo al que refieren es un invento de ellos mismos y su segundo problema es que inventan que su ser supremo tiene un plan para algo que ellos mismos están inventando.

Estamos en un momento donde estas personas terminan creyéndose todas sus simulaciones y simulacros, convirtiéndose en loros que buscan a otros más que les hagan coro, ahí está como vivo ejemplo la Nueva Alianza de Medios MX, que se juntan para luchar por la libertad de expresión cuando en la realidad nadie, absolutamente nadie los ha callado, pero en su mundo de simulación el hecho de que los desmientan o repliquen es exactamente lo mismo a censura, cosa que nunca han sufrido a menos de que ellos tengan otros datos.

Como Debord señalaba, ahora todo resulta ser una acumulación de espectáculos, condensándose en simples registros. Las personas se interesan más en acumular imágenes que en vivir los hechos y la realidad. Todo esto es aprovechado para propagar mentiras, simulaciones de sucesos y crear narrativas artificiales como vemos diariamente en todas esas marcas que dicen llamarse periódicos.

Vivimos en un país hermoso lleno de dulzura, de sabores, de colores, de amor, de nostalgias y de sonrisas, la simulación siempre ha tratado de quitarnos todo eso y más. Por esta razón, la lucha siempre tiene que ser por buscar la realidad dentro de tantas verdades, mentiras y simulaciones que siempre tratarán alejarnos de ella.

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