El presidente Andrés Manuel López Obrador realiza movimientos de precisión en al ajedrez político con miras al 2024. Ya son dos gobernadores de oposición los que suma a su gobierno: el priista Quirino Ordaz de Sinaloa y el panista de Nayarit, Antonio Echevarría.
En este sentido, López Obrador envía un mensaje al bloque opositor que conforman PRI, PAN y PRD: hay panistas y priistas de primer orden que están de acuerdo con la Cuarta Transformación. El bloque tiene fisuras.
Por supuesto la jugada estratégica de AMLO significa un duro golpe para el bloque opositor que, hasta ahora, presumía estar sólido y unido. No obstante, vemos que está reducido a un bloque legislativo en defensa del reparto presupuestal y que en medida que nos acerquemos a la elección de 2024 podría continuar sufriendo bajas sensibles.
Por eso salió inmediatamente el presidente del PRI, Alejandro Moreno, a tratar de apagar el fuego y asegurar que el gobierno federal no podrá dividirlos y a amenazar con la expulsión a todos aquellos que se sumen a la administración de López Obrador sin su permiso.
El priista Quirino Ordaz será embajador de México en España y aún no se sabe el cargo que podría ocupar el panista Echevarría. Sin embargo, el presidente no dejó pasar la oportunidad para confirmar este fin de semana la adhesión de ambos a su movimiento. No es tanto la importancia de los puestos y tareas que asuman, sino la urgencia de la señal que ha decidido enviar.
Al incorporar a priistas y panistas de primer orden, el mensaje de AMLO es más amplio: todos los que se comprometan a la lucha contra la corrupción caben en el paraguas de la Cuarta Transformación y en su gobierno. López Obrador ha decidido entonces no solo fortalecer internamente a su gobierno con operadores políticos leales y hábiles como el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, sino con adhesiones que fortalecen, de forma más amplia, al proyecto de la 4T con miras a la dura batalla electoral que se avecina en 2024.
Mientras tanto, en la otra esquina, los escasos gobernadores federalistas opositores que quedan, ampliamente cuestionados y disminuidos en alcance político, se arropan entre ellos y presumen una fotografía en la que observamos en medio al panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca de Tamaulipas; a su derecha, al perredista de Michoacán Silvano Aureoles y a su izquierda, al priista de Coahuila Miguel Riquelme. Sí, por increíble que parezca, son quienes alientan una narrativa de una supuesta narcoelección el 6 de junio pasado.
Dichos políticos mandan su mensaje: tocan a uno y tocan a los tres, pero quizá es cuestión de tiempo para que, por lo menos dos de ellos, rindan cuentas pronto. En el caso de García Cabeza de Vaca existe ya una orden de aprehensión en su contra por lavado de dinero y delincuencia organizada. Pero ha logrado a través del control del Congreso local ponerle un dique a su desafuero; aunque sea nada más prolongar lo inevitable pues de cualquier forma el próximo año al terminar su mandato quedaría a disposición de la FGR y el juez que solicita su captura.
En el caso de Aureoles parece que el choque con el nivel federal es inevitable. Las cuentas en Michoacán no están sanas. Dejó de pagarle a los maestros y maestras de la entidad y peor aún, el gobierno federal parece no tenerle confianza por lo que enviará los tres mil millones de pesos adicionales que solicita el perredista para pagar la nómina hasta que Alfredo Ramírez Bedolla de Morena asuma el poder como gobernador.
La alianza federalista se desvanece por factores internos y externos. Queda como una caricatura de gobernadores que prometieron mucho y lograron poco; que juraban tener las soluciones inmediatas contra la pandemia, que eran expertos fiscalistas y en temas de seguridad. Pero que resultaron eficaces para la grilla y no para mejorar la calidad de vida de sus gobernados.
El bloque opositor no está en su mejor momento, los panistas se pelean entre sí por el desastre de la invitación al líder de VOX y los priistas empiezan a reconocer que en su partido no hay espacio para todos. AMLO ha aprovechado el momento para mover sus piezas en el ajedrez político; tiende la mano y no solo fortalece a su administración sino a la 4T frente a lo que tenemos ya en puerta, la dura disputa entre dos proyectos de país.


