José Arturo García / @SoyArturito
(20 de agosto, 2013).- Una mañana de marzo del 2012, Francisco Albavera Trejo ingresó a uno de los vagones del tren que estaba por salir de la estación Pantitlán, de la Línea 1 del Metro. Se dirigía a la Universidad. No llegó. Su último rastro quedó en este transporte del que nunca “salió”.
Ahí —dice Irma Trejo, madre de Francisco— comenzó su doble pesadilla: la del secuestro del joven de 23 años de edad y la de la indiferencia de las autoridades.
Ese viernes 23 de marzo, a las 6:30 de la mañana, Francisco iba a la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas (UPIICSA) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), donde estudiaba la carrera de ingeniería.
Por la tarde, la señora Irma se enteró del rapto de su hijo. Uno de sus compañeros de escuela recibió el único mensaje sobre lo sucedido esa mañana: “A tu amigo Paquito lo tenemos guardadito. Vamos a llamar a las 12 para que empiecen a cooperar. No llamen a la policía. No la chinguen o se muere”.
Lo que pasó después lo narra Irma Trejo: Cuando llego a la Fiscalía, la ministerio público me dice ‘si usted se peleo con su hijo y sí cree que nosotros por ser una Fiscalía Especializada (en Secuestros) vamos a salir corriendo a buscar su hijo, está usted muy equivocada’. Yo les dije que no me había peleado con mi hijo y que necesitaba de su ayuda. La ministerio público decidió tomar la denuncia. Entonces me indicó que no le comentara de la desaparición de Francisco a nadie y que esperara la reactivación de alguna negociación. Pasaron los días y ya no hubo contacto.
El agente asignado al caso de Francisco Albavera Trejo ignoró la situación de la familia. Y la familia decidió tomar la iniciativa en sus investigaciones. Acudieron al Metro para encontrar respuesta en alguna cámara de video. “Tuvimos el acercamiento con una persona muy humana que nos ayudó sin importar que no contáramos con un oficio. Observamos los videos y vimos entrar a nuestro hijo en un andén del metro Pantitlán. Hicimos un rastreo, pero nunca pudimos ver si salía. Había tanta gente que no lo pudimos encontrar“.
El 10 de mayo del 2012, durante la marcha de las mamás en busca de sus hijos desaparecidos, Irma optó por participar en una huelga de hambre frente a la Procuraduría General de la República (PGR) para presionar en la búsqueda. Hasta el día de hoy, su hijo sigue desaparecido.
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—¿Se están dando secuestros al interior del Metro? —se le pregunta a Fernando Ruiz Canales, presidente de Consejo para la Ley y los Derechos Humanos, A.C.
—Desde el 2008 hemos detectado 17 grupos dedicados a delinquir en el Metro. Dos se dedican al secuestro exprés: la banda de Los Costeños y de Los Flacos. De las 17 bandas ninguna ha sido disuelta. Los Costeños son los más peligrosos, porque suben al vagón, amagan a la víctima y luego la meten a una camioneta tipo Van. Operan en la Línea 2. Ellos inician exigiendo rescates de 100 mil pesos, como a la familia sólo le dan un par de horas para recabar el dinero, el pago final se pacta en 15, 20 o 30 mil pesos.
Ruiz Canales refiere que Los Flacos son el segundo grupo en importancia dentro del secuestro exprés. Después de someter a la víctima la llevan a un cajero automático. En ocasiones sus secuestros se prolongan por más de dos horas, pues las llevan de un cajero a otro.
“Son bandas que realizan más de un secuestro al día. Los Flacos llegan a recabar 30 mil pesos diarios. Los Costeños, hemos registrado, obtienen 120 mil pesos diarios”, aseguró el presidente del Consejo.
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Luis Pérez Eguidarte, fiscal de la Subprocuraduría de Averiguaciones Previas Desconcentradas de la Procuraduría capitalina, y Jorge Sotelo, responsable de las agencias del Metro, Tren Suburbano y del Aeropuerto, aseguran que no existen registros de secuestro al interior del Metro.
En entrevista, los funcionarios informaron que los cuatro principales delitos registrados en el Metro, entre enero del 2012 y julio del 2013, fueron: robo sin violencia (313 averiguaciones previas), robo con violencia (298), abuso sexual (121) y violación (1).
En lo que va del 2013, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) refiere 100 casos de abuso sexual, 90 de robo con violencia a los usuarios del Metro y 54 reportes más con robo sin violencia.
—¿Cuántas bandas han desarticulado desde enero del 2012?
—Sólo dos: la de Los Tlaxcas y la de Los Abuelos.
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Fernando Ruiz Canales, presidente de Consejo para la Ley, sentencia: “En 2008 le hicimos saber a Francisco Bojórquez, entonces director del Metro, que había víctimas de robos, asaltos y secuestros en el Metro. Él dijo que no era cierto y desacreditó a las víctimas. Dijo que era imposible ingresar con armas. Dos semanas después de ese encuentro sucedió la balacera en el Metro Balderas. Ahí quedó exhibido que las personas sí ingresaba con armas y en la actualidad sigue entrando gente armada al Metro”.
El caso más reciente de una balacera al interior de este transporte sucedió el 13 de agosto. La protagonista fue la estación Muzquiz, de la Línea B, que corre de Buenavista a Ciudad Azteca. Usuarios de Twitter escucharon tres disparos de arma de fuego. Desde una de las cuentas del Sistema (@MetroLineaSI) se respondió:
“Con respecto a los disparos escuchados sobre L-B, comentan los policías del lugar que [los balazos] fueron en el exterior de la estación”. Enseguida, una de las usuarias que publicó la información refutó: “No puede ser posible. Les están diciendo (los) TESTIGOS de los balazos y el asalto en el vagón en Muzquiz ¿Y se aferran [a que no ocurrió nada]?”.
A Fondo, un medio local del estado de México, publicó lo siguiente: “De acuerdo con el testimonio de uno de los afectados, los asaltantes logran ingresar armados a los vagones, pese a la vigilancia que existe. Gabriel, un joven de 17 años, narró que eran las 12:15 horas cuando abordó el Metro en la estación Impulsora para dirigirse a la Vocacional 3. A esa hora, otras 15 personas viajaban en el vagón, con dirección a Ciudad Azteca. Cuando el convoy llegó a la estación Río de Los Remedios las puertas se abrieron, tres hombres ingresaron por la misma puerta y segundos después se distribuyeron por todo el vagón. ´¡Saquen todo lo que tengan, celulares, carteras, dinero. Esto es un asalto!‘ gritó uno de los tres tipos que iban armados”.
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Desde el año 2007, el Consejo para la Ley y los Derechos Humanos, A.C. identificó la operación de Los Costeños. La información la hicieron llegar a la PGJDF y al STC Metro. “Su líder tiene tatuado un puma en uno de sus antebrazos. Todas las referencias que nos han dado las víctimas llevan a esa característica”, detalla Fernando Ruiz. “Los teléfonos inteligentes potenciaron los asaltos. La mayoría de las bandas se dedican al robo con y sin violencia”.
Según el Consejo, el 75 por ciento de los asaltos ocurrió con armas de fuego y punzocortantes; el otro 25 por ciento fue por sometimiento físico o intimidación por mayoría de grupo. También están los asaltos que ocurren inmediatamente afuera del Metro, donde la víctima fue seleccionada desde el interior.
—¿Por qué hasta ahora se evidencian estas situaciones? —se le pregunta a Ruiz Canales.
—Lo puedo fundamentar en una hartazgo de la gente. No es posible que ya no te sientas seguro en un vagón donde estás acompañado de 40 personas. Los pasajeros del Metro también son usuarios de microbuses y ahí se cometen muchos delitos, como para que todavía te agredan en un transporte que “está cuidado”.
Los factores para permitir la inseguridad son la cantidad de personas que transitan por el Metro, donde los asaltantes aprovechan para perderse y no ser grabados por las cámaras; la escasa seguridad policíaca, la desinformación entre los usuarios para prevenir y denunciar los hechos. además de la nula capacidad de las autoridades para auxiliar al usuario.
Como sucedió con el último testimonio recabado, donde un padre de familia resumió el profesionalismo de quienes resguardan el medio de transporte: “En el Metro Zapata ofendieron y asaltaron a mi hija. Al recurrir a un policía, éste sólo dijo: ‘No se queje, le salió barato'”.



