Hablar de privilegios o de privilegiados se ha vuelto común en estos tiempos de cambios para todos los mexicanos, pero, aunque exista este concepto en el cotidiano, su conceptualización más allá de su forma de moda y su burda utilización como un insulto, implica un análisis muy extenso por parte de todos.
Los privilegios son ventajas especiales, o bien la eliminación de obligaciones a una o varias personas siempre dadas por un superior o un grupo con la autoridad para otorgarlos.
Los privilegios existen o aparecen a partir de estados circunstanciales que en ciertas ocasiones no dependen directamente del individuo que lo recibe, tal como puede ser el color de piel, el sexo, el país donde naces, o ciertas características físicas o sociales. Pero muchas otras veces los privilegios son buscados y generados desde lugares de manipulación, conveniencia y actividades poco éticas fomentadas por una cadena de individuos con una moral corrupta.
La búsqueda de privilegios es el pilar de la corrupción, por ende, la existencia de estos los clasifica como el pilar de todos los males sociales.
La desigualdad es simplemente un síntoma de la carrera emprendida por unos cuantos por más privilegios de los que ya tienen, teniendo claro que esa carrera solo puede iniciar si ya se tiene alguno de estos mismos. Los aspiracionales, por ejemplo, en realidad no buscan el dinero sino los privilegios que este puede otorgar, pero por lo general su aspiración se queda en apenas lo que se ve externamente o por encima en las clases privilegiadas.
A más privilegios, más poder y a más poder, mayor capacidad de torcer las leyes de un Estado, a grado tal que incluso se crean sistemas económicos y sociales para privilegiar aún más a los ya privilegiados.
Los privilegios son como una telaraña que va atrapando el sentido común y el sentido moral sociológico, deteniéndolo para poder ser devorado posteriormente; extinguir el pensamiento del bien para las mayorías es la meta principal de aquellos que gozan de más privilegios pues el bien común es el gran enemigo para ellos, ya que mientras más se distribuyan beneficios en la mayoría, menores privilegios tendrán los que más los gozan.
Podemos ver el poder de los privilegios también entre países; a los países pobres se les dice que sus economías crecerán si abren sus fronteras al comercio internacional, obviamente los países ricos tienen la posición dominante y terminan explotando a estos países pobres que fueron inducidos con condiciones comerciales desiguales. Esta explotación hace que las economías de los países no privilegiados se estanquen o se contraigan, mientras tanto los países ricos se enriquecen más. En pocas palabras, los países ricos empobrecen a los pobres.
Los más privilegiados generan su propia educación para convencerse que sus privilegios no son privilegios sino algo que se merecen, ya sea por herencia o bien por el arduo trabajo que ha sido despojar a otros de oportunidades, ayudas o bien de una equidad tanto en derechos como en obligaciones, esto es la meritocracia con todas las letras, signos y símbolos que carga.
Picketty lo expone de manera muy clara: no son lo mismo dos personas que ganan lo mismo si una de ellas recibe como herencia un departamento y no tiene que pagar renta.
México está desde hace mucho tiempo en una batalla entre clases sociales no solo por la desigualdad sino por su absurdo incremento, generado por la obsesión de los privilegiados en tener más privilegios; el neoliberalismo fue creado no para crear más desigualdad sino para que los más privilegiados sean aún más privilegiados con un incremento de la desigualdad implícito.
Lo oímos y vemos cuando leemos o escuchamos a un privilegiado o aspirante a ello hablando sobre Cuba. Dicen que todos los que gobiernan la isla son unos privilegiados, que se aprovechan del pueblo (privilegiados hablando de privilegios), y que el pueblo cubano no tiene acceso a los miles de opciones que el libre mercado otorga. Lo que no dicen es que el bloqueo mercantil que le impusieron jamás ha dejado ver el florecimiento o decaimiento de este sistema. Ahora que si apelamos a la memoria histórica, cuando existía la Unión Soviética y tenían un mercado, el pueblo cubano vivió muy bien.
Lo vemos ahora en México, donde se está llevando a cabo una reconversión de los privilegios para tratar de hacer menos grande las brechas de la desigualdad, un enloquecimiento de estos entes y grupos por no perder sus “conquistados” privilegios los lleva a recurrir a locuras desesperadas como sacar un pimiento llamado chipotle diciendo que es el único que dice la “verdad”, con una sarta de excusas numeradas para reclamar más y más dinero en lugar de acomodarse al cambio de bajar sueldos y excesos logrando objetivos pero sin despilfarros.
Pero insisto, su adoctrinamiento ni siquiera los deja ponerse en un lugar de auto análisis y pensar en el bien común, ellos están programados simplemente para obtener y pelear por más privilegios sin importar qué haya en medio.
Todos gozamos de algún privilegio, no importa las circunstancias o clase social porque el sistema está creado para eso; todos los privilegios siempre tienen una contra, un rico pierde el poder vivir más tranquilo que los demás, así como un hombre pierde por el privilegio de ser hombre el derecho a sentir y a ser vulnerable. El verdadero mal está en no pensar en tus propios privilegios para comenzar a dejar de usarlos para joder, mancillar o aprovecharse de otros, como también resulta inmoral nunca pensar en cómo luchar para que el sistema cambie y los privilegios dejen de serlo y pasen a diluirse en una autentica igualdad y una equidad que comiencen desde el pensamiento y terminen en la acción.
¿Has pensado en tus privilegios?


