Fin de semana intenso en los medios tradicionales y las redes sociales. Nada nuevo. Esta ha sido la tónica desde que Andrés Manuel López Obrador ganó en las urnas en 2018. Nadie puede negar la creciente politización e interés que su figura ha suscitado en la población, sobre todo desde que se desempeñó como jefe de gobierno del Distrito Federal y decidió convertirse en candidato a la presidencia del país. Desde hace algún tiempo, se venía observando un patrón curioso: una vez concluida la conferencia matutina presidencial de los viernes, algún reputado conductor de noticias – como, por ejemplo, Carmen Aristegui – o destacado portal informativo difunde con gran estruendo un reportaje, una nota, una investigación, que replican insistentemente la mayoría de los medios impresos y audiovisuales durante el fin de semana cuando (de modo muy conveniente para los objetivos que se persiguen) no hay conferencias matutinas donde AMLO pueda ejercer su derecho de réplica o aclarar de manera pronta lo propagado y que, con ciertas variaciones, suele tratarse de conductas presuntamente indebidas de familiares del mandatario o integrantes de su gabinete o la 4T las cuales se pretende que la audiencia relacione con los excesos, los despilfarros o las francas corruptelas de los miembros del régimen pripanista; en suma, que la gente que tanto aprueba el desempeño del presidente actual, caiga en el desánimo del “todos son iguales” y, decida, ahora sí, retirarle su apoyo.
Sin embargo, en esta ocasión hubo una diferencia.
Fue el jefe del Ejecutivo quien el viernes pasado, durante su ejercicio informativo cotidiano, pateó primero el balón con el cual mantuvo muy entretenidos a los interesados en el debate público de todo el espectro de fobias y filias políticas. Le quitó así a la oposición la iniciativa de diseminar alguna noticia falsa.
Desde Hermosillo, Sonora, donde se celebró la conferencia matutina, reveló los ingresos del periodista Loret de Mola durante 2021, así como los medios que se los pagaron: 35 millones 200 mil pesos. Además, los comparó con lo que él gana: dos millones 11 mil, reconociendo que, a su vez, es una cifra muchísimo mayor que lo que obtiene la mayoría del pueblo por su trabajo. Señaló que estos datos se los proporcionó la gente.
Las reacciones no se dejaron esperar. Desde el mismo Loret, pasando por sus colegas de todas las tendencias, hasta los simpatizantes y odiadores de AMLO.
Como ya es costumbre, los detractores se rasgaron las vestiduras; organizaron Spaces en Twitter que luego equipararon con las luchas de Zapata y Villa o con las concentraciones masivas en el zócalo de la capital que suele convocar López Obrador; lloraron emocionados por el “error mayúsculo” del presidente; lanzaron invectivas; amenazaron con llevarlo a la cárcel; escribieron notas, tuits, editoriales y columnas furiosas rogando a potencias extranjeras que ya le pusieran un alto. En fin. Lo de siempre. Curiosamente, hasta donde pude investigar, los medios que le pagan a Loret como Radiópolis, El Universal o el Washington Post también se unieron a estas protestas, pero nunca desmintieron los datos. Cabe mencionar que Loret mismo se contradijo al respecto: “¡Qué cosa! Usar los datos de Hacienda para perseguir a un periodista”, tuiteó. “¡Y además datos falsos, montos inflados!”. Como bien apuntó Jorge Armando Rocha: “O son “datos de Hacienda” o son “datos falsos”, no se pueden las dos cosas al mismo tiempo”. Añadiría que sí, tal vez sí pueden ser las dos cosas, pero, entonces, ¿Loret está confesando que infló los datos, que declaró datos falsos?
Como “equivocación” también lo consideraron algunos (definitivamente no la mayoría) de los que se dicen simpatizantes de AMLO y ya ni se diga de los autonombrados “críticos”, “neutrales”, “independientes” e “imparciales” como Julio Hernández López, el mismo que recomendaba a AMLO mantenerse como luchador social y no convertir a MORENA en partido, sino que continuara como movimiento.
Discrepo de esta visión. El presidente no cometió un error. Al contrario. Y las razones son varias.
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- El derecho a la información es una preocupación de la humanidad. El desarrollo de la civilización es producto de la extraordinaria diversidad informativa y cultural. Las habilidades para crear y emitir información exigen reconocimiento y tutela jurídica. Diversos instrumentos del derecho nacional e internacional constituyen el marco jurídico básico del derecho a la información. Los tres aspectos más importantes que comprenden esta garantía fundamental son:
-El derecho a atraerse información que incluye las facultades de a) acceso a los archivos, registros y documentos públicos, y b) la decisión de qué medio se lee, se escucha o se contempla.
-El derecho a informar que incluye a) las libertades de expresión y de imprenta, y b) el de constitución de sociedades y empresas informativas.
-El derecho a ser informado que incluye las facultades de a) recibir información objetiva y oportuna, b) la cual debe ser completa, es decir, el derecho a enterarse de todas las noticias, y c) con carácter universal, o sea, que la información sea para todas las personas sin exclusión alguna.
Se han vertido ríos de tinta sobre la libertad de expresión, pero muy poco sobre el derecho a ser informado. A los medios de comunicación no les ha importado hasta ahora. No es tan fácil manipular emocionalmente este derecho sin acarrearse responsabilidades que no desean asumir y sin reducir en gran medida el enorme poder e influencia que han alcanzado en la vida pública gracias al monopolio del que han gozado sobre el valiosísimo bien público que constituye la información.
En 2013, se reformaron los artículos 6º y 7º de nuestra Carta Magna:
Art. 6º “…
Toda persona tiene derecho al libre acceso a información plural y oportuna, así como a buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole por cualquier medio de expresión.
El Estado garantizará el derecho de acceso a las tecnologías de la información y comunicación, así como a los servicios de radiodifusión y telecomunicaciones, incluido el de banda ancha e Internet.
Art. 7º. “Es inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio. No se puede restringir este derecho por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares…”
Se habla mucho sobre el control del Estado, del control oficial, pero no se hace referencia a los controles particulares que expresamente se prohíben en el artículo constitucional, pero que hemos padecido dado el oligopolio de los medios de comunicación. No hay día en que no se acuse al presidente de censura o autoritarismo por lo que dice o responde en sus conferencias matutinas, pero la realidad es que ha sido el único titular del Ejecutivo que ha venido a garantizar el derecho a la información de los ciudadanos gracias a las llamadas “mañaneras”. Ha permitido un poco de pluralidad para poder enterarnos de asuntos públicos esenciales que estuvieron vedados para nosotros durante mucho tiempo porque a los medios no les interesaba informarnos. Uno de estos asuntos es la agenda de dichos medios y los profesionales de la comunicación que trabajan en ellos, como es el caso de Carlos Loret de Mola. Por ello, lo que ganan quienes viven de un bien público como lo es la información y quiénes les pagan son un tema que nos concierne a todos los ciudadanos para gozar plenamente de nuestro derecho a ser informados. El periódico Reforma también lo cree así, sólo que únicamente cuando se trata de los sueldos de los comunicadores que considera de alguna manera vinculados con el proyecto de la 4T. En una ocasión publicó esos salarios sin que chistara ninguno de los hoy abogados oficiosos de Loret.
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- AMLO tuvo que venir a hacer la labor que los medios de comunicación oligopólicos no llevaron a cabo durante décadas a pesar de ser su obligación: mostrar a quiénes obedecen y qué intereses protegen muchos de los informadores más prestigiados. En este mundo supuestamente cada vez más informado y transparente, la propiedad de los medios de comunicación sigue siendo muy opaca. Se conoce quiénes son algunos de sus dueños, pero el velo que implica la constitución de sociedades anónimas, de corporaciones, de fondos de inversión impide conocer a ciencia cierta nombres y apellidos. Investigaciones rigurosas muestran que los sectores económicamente más poderosos como son las empresas farmacéuticas, petroleras, hidroeléctricas, mineras, armadoras, entre otras, son accionistas de medios de comunicación. Es gracias a ellos que pueden cabildear con mayores ventajas ante los gobiernos de los países en los que quieren hacer negocios. Son su arma, una de sus herramientas más valiosas para doblegar a gobiernos insumisos, para obtener todas las ventajas con los menores costos. Es por ello que pagar millones a sus empleados estrella para desempeñar esa labor significa un costo muy bajo para lo que ganan a cambio.
- Por ello, resulta falsa e irrisoria la visión romántica de un simple particular como Loret quien sólo está ejerciendo su profesión enfrentándose en desventaja de condiciones al malvado y todopoderoso Estado representado por el presidente. Las empresas propietarias de los grandes medios de comunicación tienen mayor poder económico y, por ende, político que muchas de las naciones del mundo. No puede olvidarse el momento histórico que se vive en México desde que AMLO asumió su cargo y comenzó un nuevo régimen. Tampoco deben pasarse por alto las reformas que faltan aprobarse, principalmente la reforma eléctrica, las cuales tocan intereses económicos empeñados en impedir a toda costa que se les frene un poco su voracidad. Así se explica el embate mediático cada vez más cruento e incesante en contra del gobierno sin importar ya la veracidad y la calidad de la información que se utilice. Loret de Mola ha sido uno los esbirros más destacados de estos poderes fácticos que nadie elige pero que saquean a todos. Y ya vemos que no lo hace gratuitamente. Reprochable habría sido que el presidente poseyera la información que nos mostró el viernes pasado y no hubiera exhibido a quienes intentan seguir abusando de las prebendas que les entregaron los presidentes pripanistas mediante un andamiaje legal a modo.
- Las conferencias matutinas representan un dolor de cabeza para la oposición, incluyendo a sus voceros de los medios de comunicación. No les permiten mentir, tergiversar, exagerar, ocultar información sin que haya respuesta de por medio. Por eso han intentado desaparecerlas desde sus inicios. La razón que están aduciendo ahora es que el legítimo derecho de réplica que ejerce ahí el presidente está provocando los homicidios de periodistas. No se recuerda ya que esta escalada de violencia se desató a partir de la guerra contra las drogas lanzada por Calderón y su Secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna (quién en estos momentos se encuentra encarcelado en Estados Unidos por sus vínculos con el crimen organizado) y cuyas consecuencias aún perduran. Los asesinatos de periodistas y de miles de personas más dedicadas a múltiples oficios y profesiones se perpetraron sin que existieran las conferencias mañaneras. Equiparar a los millonarios Loret de Mola, López Dóriga o Carmen Aristegui (considerada por la revista Forbes como una de las mujeres más influyentes y poderosas) con los reporteros y periodistas de radios comunitarias, radios municipales, diarios estatales e, incluso, con la mayoría de quienes trabajan en los principales periódicos, radios y televisoras nacionales, los cuales viven y laboran en las condiciones materiales más precarias, es irresponsable y denota una falta de criterio absoluta. No es ético, es una comparación moralina sin el menor fundamento.
- Constituye una labor prioritaria del gobierno de AMLO defender el proyecto de nación, el proyecto de la 4T contra los ataques diarios asestados por la mayoría de los medios de comunicación las veinticuatro horas de cada uno de los siete días de la semana. No puede simplemente ignorar las mentiras, tergiversaciones y análisis sesgados que ven y escuchan sin cesar taxistas y pasajeros en la radio; clientes y trabajadores de tiendas, salones de belleza, oficinas, consultorios médicos en programas de televisión; estudiantes, diseñadores, profesores en Youtube, Twitter o Facebook; jóvenes, amas de casa, meseros, traductores en grupos de WhatsApp; transeúntes en las primeras planas de los periódicos. Es cierto que hay algunos medios alternativos y usuarios de redes que intentan contrarrestar con información fidedigna y conversaciones argumentadas tantas noticias falsas. Pero su alcance no se compara con el de los grandes medios gracias a los cuantiosos recursos económicos que manejan y la estructura con la que cuentan. Por eso, la función de las conferencias mañaneras resulta crucial. Es el único contrapeso con suficiente influencia y poder para hacer frente en cierta medida a quienes quieren socavar la aprobación y el apoyo al gobierno de la 4T, a quienes están intentando que regrese el régimen pripanista para que les devuelva los pocos privilegios que se les han podido reducir en virtud del blindaje jurídico heredado y que tan difícil ha sido revertir. Si no es AMLO quien señale y exhiba, con la resonancia necesaria, a los voceros de los poderes fácticos, nadie más lo hará con la misma eficacia. Hay muchos problemas que resolver y él trabaja incansablemente en ello. Nadie puede reprocharle lo contrario. Y proteger el proyecto de la 4T mediante la exhibición de los poderes fácticos y sus mercenarios es también una de sus tareas esenciales.
- Lopez Obrador no difundió ningún dato privado mediante el cual se pueda localizar y atentar contra la integridad física de Loret a diferencia de lo que sí hicieron Chumel Torres con Jairo Calixto Albarrán o el mismo Loret de Mola con Irma Sandoval cuando formaba parte del gabinete de AMLO. En esos casos, “TodosLosQueHoySonLoret” festejaron alegremente.
No se trata de Loret, sino de los poderes fácticos que están detrás de él y que quieren regresar “haiga sido como haiga sido” al régimen de privilegios del que gozaban a costa del malestar de la mayoría.
No se trata de los hijos del mandatario y ni siquiera de AMLO mismo, sino de la soberanía y dignidad del país y del bienestar del pueblo.
Por eso, el presidente NO se equivocó.


