La primera refinería en México fue construida en 1917. La última, en 1979. Después, a partir de la década de los 80, con la llegada del modelo neoliberal al país, el Sistema Nacional de Refinación fue quedando en el abandono, al igual que cualquier lógica de seguridad energética.
El relato de los neoliberales, en su momento, fue que era más rentable importar gasolina, en lugar de producirla. Esa narrativa, sostenida en su ideología, creó un círculo vicioso; al no invertir en las refinerías, más se autocumplía su teoría acerca de la conveniencia de importar en lugar de producir.
Además, durante un lapso de 40 años no se construyó ni una refinería nueva; a Felipe Calderón apenas le alcanzó para una barda perimetral a sobreprecio. Y se vendieron dos plantas dentro de las refinerías, que actualmente el gobierno de López Obrador trata de recomprar.
En la actualidad, México importa desde Texas la mayor parte de la gasolina que utiliza; en concreto, poco más del 70%. Esto convierte a nuestro país en un tomador de precios; es decir, tenemos que comprar al precio que nos pone el mercado mundial y, específicamente, nuestro proveedor: Estados Unidos.
Junto a esa política de abandono tan emblemática del modelo neoliberal, vino un frenesí de privatizaciones, donde lo que menos le importaba a esos gobiernos era invertir en empresas del Estado.
El objetivo era claro: desmantelar el sector energético para dejarlo en manos de intereses privados extranjeros. Por eso, cualquier privatización suele ser precedida por décadas de abandono, saqueo y/o desprestigio, como se vio en el modus operandi que siguieron para defenestrar a Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Sin embargo, la política energética del presidente López Obrador llegó a rescatar las seis refinerías con las que contamos, lo que le ha permitido a México reducir hasta 40 por ciento sus importaciones de gasolina y producir, prácticamente, todo el diésel utilizado en el país. Adicionalmente está a punto de concluir la construcción de una nueva en el puerto Dos Bocas, Tabasco, y llevar a cabo la compra de otra, en Deer Park, Texas.
Producir es una medida clave para que en México se puedan mantener precios accesibles en los combustibles. Mientras tanto, frente a la invasión de Rusia a Ucrania se decidió otorgar un subsidio del Estado, buscando cuidar el bolsillo de las familias mexicanas ante el aumento de precios a nivel mundial.
Aunque esto representa una presión a las finanzas públicas, el subsidio representa en términos totales una cantidad menor al de sexenios pasados; sin embargo, que la mezcla mexicana de crudo también haya elevado su valor, permite trasladar ese dinero a los subsidios que, por una parte, ayudan a controlar la inflación y, por otra, mantienen la estabilidad social del país.


