Redacción / @Revolucion3_0
(05 de septiembre, 2013).- Las nueve de la mañana marcan el inicio de una jornada que pinta larga para los maestros. Citados en el Auditorio Nacional, los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) caminan por la estación Auditorio de la línea 7 del Metro.
Un mar de maestros sale de las escaleras que desembocan en Paseo de la Reforma; ahí, quienes llegaron desde las seis de la mañana ya están agrupándose conforme la sección a la que pertenecen.
Las pancartas blancas que identifican los contingentes son parte del paisaje que rodea la marcha. Todos los líderes de grupo traen consigo el mismo mensaje: “No a la Ley del Servicio Profesional Docente, es una reforma laboral disfrazada de ley sobre educación”.
En punto de las diez y media de la mañana, los maestros de la CNTE que se dieron cita en el Auditorio comenzaron a marchar con un grito que despertaba la unanimidad de los maestros: “Si hay que evaluar, por Peña hay que empezar”.
Conforme avanzaba sobre Reforma, la CNTE fue recibiendo la adhesión de los docentes del Distrito Federal, quienes están afiliados al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) pero mostraron su desacuerdo con las decisiones de la cúpula de su gremio uniéndose al magisterio disidente. Se identificaron mediante cartulinas con el nombre de las escuelas donde laboran.
Mientras los profesores en insurgencia recibían ese apoyo en la banqueta de la avenida más importante de la capital, un grupo de alrededor de 500 estudiantes de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros (BENM) gritaba consignas contra la Ley del Servicio Profesional Docente. Enfatizaban que, con esa ley, “el futuro de ser maestros está en riesgo”.
Las once horas y quince minutos marcan la llegada de un momento importante; los maestros arribaron a la Estela de Luz. La gente que salía del Metro Chapultepec veía cómo la calle era tomada con mantas y consignas en contra de un gobierno y una ley que violentan su vida laboral.
Conforme avanzaba la marcha, se ensanchaba el mar de gente, bastaba con mirar atrás para convencerse de la unidad de los maestros.
Una “víbora” serpeaba entre los marchistas, provocando la hilaridad en quienes observaban el paso de los contingentes: un dibujo de la cara de Peña Nieto con orejas de burro hacía las veces de este ofidio que alegorizaba la verdadera personalidad del titular del Ejecutivo.
Sin duda, el paso de los maestros se llenaba de color con esa imagen que encarna su descontento con el poder político, el mismo que los llamó a participar en reuniones para integrar sus ideas a una ley que finalmente se aprobó en ambas Cámaras sin que los legisladores tuvieran tiempo de siquiera leerla.
Esta traición fue escenificada por los maestros en la figura de un Cristo crucificado portador de una placa con el rótulo “CNTE”. Éste era golpeado por un verdugo cuyas ropas llevaban escrito el nombre de los siete partidos políticos que tienen presencia en el Congreso.
Al llegar a avenida Insurgentes se hizo una pausa para transmitir un mensaje de aliento y unidad: “no vamos a descansar de luchar, porque no nos van a derrotar” clamaron los líderes magisteriales frente al recinto que alberga al Senado de la República, donde se consumó la traición de los poderosos y su Pacto por México.
San Lázaro estaba cercado, el Centro Histórico era suyo, la calle era suya. La expectativa de lo que seguía llenaba el ambiente. Se tomó la decisión de dirigirse a la Secretaría de Gobernación.
Los maestros emprendieron de nuevo el paso a las 13:00 horas, caminaron por Reforma con rumbo a la “esquina de la información”, la de Reforma y Bucareli. El trazo de la manifestación sólo era uno; pedir audiencia con el secretario de Gobernación.
En esta parte del trayecto dominaron las consignas contra los medios de comunicación de la oligarquía: “No somos uno, no somos cien, prensa vendida, cuéntanos bien”. Como desde el inicio de la marcha, los elementos de la policía rodeaban todas las calles donde pusieran pie los maestros.
Al acercarse al edificio de la Segob, las vallas de contención y más policías los esperan. Todos los que están resguardando la dependencia federal portan armadura completa. Los maestros los encaran y corean sus consignas.
Aquí se pronuncia el segundo discurso de los maestros: piden una reunión frente a frente, donde se confronte propuesta contra imposición, con Enrique Peña Nieto. El magisterio es claro: promulgar la ley recién aprobada sería una declaración de guerra. Una hora después, los representantes de los maestros son recibidos en la Segob.
Los maestros esperaron que ese edificio pintado de blanco albergara la solución al conflicto, pero entre esas paredes habrían de encontrar la misma soberbia de la que los legisladores hicieron gala durante las últimas semanas.
El Gobierno Federal les respondió a los maestros con el mismo desprecio que muestra ante cualquier reclamo popular: pueden presentar tantos argumentos como deseen, las decisiones están tomadas.
Culminó la marcha, comenzó una etapa de resistencia a largo plazo para un magisterio golpeado y abandonado, pero no derrotado.

