Rodrigo Rojo /@Eneas
(12 de Octubre, 2013).- La pregunta sobre la que se desarrolla la conferencia es estimulante y atractiva: “¿Es posible la unidad de los movimientos sociales para rescatar a la Nación?”. Sin embargo, el auditorio casi vacío hace evidente la dificultad de planear un evento de esta naturaleza un viernes a las 17:00. Aun así, los ponentes hacen un esfuerzo para sacar adelante las reflexiones en torno a un tema que, actualmente, resulta nodal.
En la mesa cubierta con fieltro verde están Marcos Tello Chávez, del Movimiento de Liberación Nacional, y Jesús Ramírez, secretario de Comunicación y Propaganda del Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Modera Lucio Juárez, también de Morena, quien abre la discusión con una lectura oscura de la realidad nacional: la situación se ha tornado grave desde el regreso del PRI. El empuje de las nuevas reformas estructurales pone en riesgo el bienestar del pueblo mexicano y lleva su empobrecimiento a niveles insospechados. Ante esto, muchas personas perciben como muy necesaria la articulación de un movimiento de envergadura nacional que aglutine la mayor cantidad de sectores. ¿Es esto posible?
Para Marcos Tello, la unidad es posible en el contexto actual pues se trata de llamar al pueblo en contra de las reformas, del neoliberalismo y de la ocupación neocolonial. Sin embargo, un llamado a unificar la izquierda sería sólo una pérdida de tiempo. Se debe trabajar con propósitos específicos.
En realidad se trata de tejer a partir de una agenda que consiste en la reestructuración o refundación del país. La lucha se debe ubicar dentro de un contexto nacional y buscar los argumentos aglutinantes de los diferentes movimientos. Se debe entender que no puede haber oposición al neoliberalismo desde las pequeñas luchas locales o gremiales.
Así, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) por sí sola no puede ser el eje sobre el que se articule la lucha, ni pueden serlo Morena o el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). El movimiento que reúna a todos los sectores en lucha –campesinos, obreros, maestros y ciudadanos de todos los orígenes– no puede ser de autoconsumo y debe plantear nuevas formas de hacer política.
Esta lucha es posible gracias a que, hoy en día, opera una necesidad de unidad. Hay una mezcla de intereses y pretensiones que necesitan la unidad. Para Marcos, ya “anda circulando por ahí” esta unidad, y se nota en que todo mundo está hablando de acciones nacionales y coordinadas. Vaticina que viene la lucha nacional pero, al mismo tiempo, viene el encontronazo con el gobierno. Con la efervescencia nacional van a venir grandes choques. La sociedad se debe preparar para eso y para hacer una lucha no violenta.
Jesús Ramírez concuerda en que la unidad de los movimientos es urgente, pues estamos enfrentando un proceso de degradación de dimensiones históricas: la lucha ya no es contra un capitalismo local sino internacional. En este nuevo proceso, al que Jesús llama “una nueva etapa del capitalismo”, se subordina a los pueblos a la acumulación del capital; ya no existen los ideales de libertades o República.
Por lo tanto, en México estamos viendo cómo esa nueva etapa capitalista se está ajustando a nuestra realidad. Desde esta nueva óptica, el país se ve como tierra de conquista y colonización. Por lo tanto, la batalla que enfrentamos es si México sigue siendo México, pues lo que nos quieren heredar es un territorio de conquista sin derechos. La gente debe estar consciente de que se enfrenta a una oligarquía global. Por lo tanto, si se aprueban las reformas, va a ser prácticamente imposible recuperar la soberanía.
Se requiere de la unidad de todos los mexicanos, no sólo de la izquierda: de todos aquellos con consideren que México vale la pena como nación, de quienes reconozcan que este país está hecho de resistencias contra los poderes fácticos. Esta resistencia se puede construir en torno a un programa mínimo que es la defensa de la Nación.
La crisis no es sólo local y se vive un contexto similar al que ha existido en otros momentos de alzamiento social. En este sentido, la lucha de unidad no sólo es factible sino que se ve alentada a realizarse –en muchos sentidos, ya comenzó–, siempre y cuando se puedan superar las limitantes de los propios dirigentes.


