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Crónicas en la ciudad de Mancera: envejecer sin paz

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Rodrigo Rojo / @Eneas

 

 “Crónicas en la ciudad de Mancera” es una serie de vivencias contadas a partir de los recorridos que hacen los reporteros de REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO por la capital del país. Lo que ven es lo mismo que viven millones de capitalinos gobernados por un hombre a quien la popularidad se le escapa de las manos.

En la segunda entrega, Rodrigo Rojo mira donde pocos ven: los adultos mayores que silenciosamente trabajan de mañana a noche hasta que les llegue la muerte, porque a la “capital social” no le interesa saldar sus deudas con ellos.

 

(15 de octubre, 2013).- Antonio Villanueva se agacha con gran esfuerzo para recoger uno de los libros amontonados en el suelo. Intento ayudarle, pero me detiene. Siento su mano trémula sobre mi brazo, que gentilmente me pide no auxiliarlo. Él levanta el ejemplar y lo acomoda sobre una de las decenas de columnas de libros que llenan su local: Librería Villanueva, en la fachada 44 de la calle Antonio Caso, en la zona vieja del Centro Histórico. Un local que ajusta a la perfección con su fisionomía.

Sin dejar de acomodar, me cuenta su historia: don Antonio es poblano de origen, tiene 85 años, empezó a trabajar desde los 14 y por el panorama que tiene enfrente, no conocerá la jubilación o el retiro para disfrutar en paz sus últimos días. Un minuto antes de morir, seguramente estará trabajando.

Aprendió el oficio de librero de su tío y después de algunos años pudo independizarse. Sólo en este local lleva 50 años  trabajando. Toda la vida rodeado de libros. Le pregunto si los estudiantes son sus clientes más habituales. No. “Ellos buscan libros nuevos, acá casi no tengo de eso”, dice y volteo a ver el montón de libros que se extienden muy adentro en el local: algunas ediciones tienen más de medio siglo. Lo que él trabajando de mañana a noche.

HASTA QUE EL CUERPO AGUANTE. Don Antonio trabaja en su local de libros desde hace medio siglo; trabaja para sobrevivir.
HASTA QUE EL CUERPO AGUANTE. Don Antonio trabaja en su local de libros desde hace medio siglo; trabaja para sobrevivir.

Su rostro surcado por arrugas rodea un par de ojos vidriosos. Flanqueado por hojas carcomidas por el tiempo, su vida es como la de muchos de los 7 millones de personas en México que tienen más de 60 años: casi cuatro de cada 10 pasan su vejez trabajando, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

El promedio no disminuye mucho conforme pasan los años: 31% de los adultos octagenarios siguen trabajando, en ocasiones con ingresos que sólo les permiten cubrir comida, medicinas y transportes.

Se ha vuelto uno de esos hombres y mujeres fantasmas que trabajan diario, invisibles ante los ojos de ciudad de jóvenes y del gobierno federal y capitalino.

***

Aunque, en el 2000, la Ciudad de México fue la primera entidad en el país en dar un trato preferencial a los ancianos con la pensión universal para adultos mayores, la misma ciudad ha dejado de ser la “capital social” que se proclama hoy en día.

Con un millón 27 mil adultos mayores de 60 años, el Distrito Federal es la tercera entidad con más ancianos en el país, de acuerdo con el INEGI; sólo 520 mil reciben pensión, admitió el 11 de octubre de este año la secretaria de Desarrollo Social del DF, Rosa Icela Rodríguez.

El asunto es más dramático para los que trabajan por necesidad: en el gobierno de Miguel Ángel Mancera hay cerca de 30 mil personas de entre 65 y 70 años que ganan de 1 a 2 salarios mínimos.

VULNERABLES. En el DF, 72 por ciento de los adultos mayores son vulnerables a algún tipo de violencia.
VULNERABLES. En el DF, 72 por ciento de los adultos mayores son vulnerables a algún tipo de violencia.

La escena no es ajena. Quienes caminamos diario por la ciudad los vemos trabajando en el Metro como personal de limpieza o llenando bolsas de plástico del supermercado con comida que difícilmente podrán pagar. Siguen trabajando por salarios ridículos o, de plano, por propinas.

En muchos casos, la pensión del gobierno capitalino es insuficiente. Son 971. 40 pesos mensuales y hay medicamentos –como el Neuroplus Dual contra el Mal de Alzheimer– que cuestan la mitad de toda la pensión y cada vez se vuelven más demandados por sexagenarios.

Ante ello, el gobierno del DF anunció dos medidas: se incrementará la pensión para adultos mayores en 2014… pero nadie sabe cuánto. Y desde ese año, los beneficiarios de la pensión universal podrán entrar gratis a… Cinépolis y Cinemex.

Mientras tanto, don Antonio sigue acomodando libros. Para muchos como él, con ese ritmo de vida, la ayuda urge.

SOLIDARIDAD. En lugar de aumentar medidas urgentes para la población mayor en DF, como don Antonio, el gobierno capitalino invertirá en llevarlos gratis al cine.
SOLIDARIDAD. En lugar de aumentar medidas urgentes para la población mayor en DF, como don Antonio, el gobierno capitalino invertirá en llevarlos gratis al cine.

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Benito Mirón Lince, secretario de Trabajo en el gobierno de Marcelo Ebrard, solía decir que la única cifra de desempleo que le gustaba era la de adultos mayores. Cuando rendía esas cuentas ante la Asamblea Legislativa del Distrito Federal o a la prensa, sonreía mostrando las arrugas de sus 65 años.

“Si tenemos mucho desempleo acá es porque estamos haciendo las cosas bien: nuestros adultos mayores no necesitan trabajar, están bien atendidos, con pensión, jubilados, disfrutando sus días en paz. El reto es desempleo al 100 para adultos mayores”, decía Mirón Lince.

E04. VIOLENTADOS. En el DF, 50 mil adultos mayores son víctimas de algún tipo de violencia.
VIOLENTADOS. En el DF, 50 mil adultos mayores son víctimas de algún tipo de violencia.

El reto parece perdido en el DF. A falta de verdadera seguridad social, muchas de las personas de la tercera edad se ven forzadas a seguir trabajando. Una empresa de la delegación Tlalpan que solicita auxiliares de limpieza, bajo contrato indeterminado, promete pagar 3 mil 600 pesos mensuales, trabajando de lunes a domingo. “Después del cuarto mes se otorga premio por puntualidad”, presume.

Las empresas ofrecen el trabajo a este sector para “darles una oportunidad de integrarse al mercado laboral”… como si el resto de su vida no hubiesen hecho nada.

La empresa que maneja la limpieza de las terminales 1 y 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, hace poco tiempo, enfrentó una huelga de sus trabajadores, pues les pagaba mil 50 pesos a la quincena y se negaba a inscribirlos al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para ahorrarse 700 pesos por cada trabajador. El 80% de ellos son personal de la tercera edad.

Apenas el 8 de octubre, el gobierno capitalino cacareó la coautoría de la Primera Feria Nacional de Empleo para Adultos Mayores y Personas con Discapacidad en la delegación Benito Juárez; sin embargo, el número de puestos ofertados no era tan amplio.

Apenas 628.

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Con estas cifras, le pregunto a don Antonio por qué sigue trabajando y si no ha pensado en retirarse. Por un momento detiene su acarreo de libros y voltea a mirarme: “Yo voy a seguir trabajando hasta que ya no pueda más; me han dicho que ya le pare, que ya me vaya. Pero mientras yo pueda voy a seguir atendiendo aquí”.

Me sorprende el tesón de su respuesta. Le pregunto si no tiene familia y asiente. “Tengo un hijo, también librero, pero vende libros nuevos. Mi esposa hace muchos años que murió”.

Estoy a punto de preguntarle algo más, pero noto su incomodidad. Le agradezco por su amabilidad y me alejo unos pasos. Cuando vuelvo la cabeza, don Antonio sigue apilando sus libros, uno a uno, décadas de horas empalmándose por quien sabe cuánto tiempo más.

SIN DESCANSO. Don Antonio trabajará hasta que no pueda más; lo hará sin generar ahorro para un retiro en paz.
SIN DESCANSO. Don Antonio trabajará hasta que no pueda más; lo hará sin generar ahorro para un retiro en paz.

A veces, la tercera (edad) no es la vencida.

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