Luego del #1DMx, el gobierno capitalino creó un manual para usar en sus marchas. Son páginas y páginas repletas de buena voluntad, que se desbaratan cuando se enfrentan ante la realidad: la policía del Distrito Federal no sabe dialogar… o sólo sabe hacerlo si empuña toletes y cascos con los cuales golpear a civiles desarmados.
(23 de octubre, 2013).- Los manifestantes no lo saben. Los disidentes lo ignoran. La gente que se cruza con las marchas también. Sólo unos pocos lo saben: sí existe un protocolo policial para usar durante las manifestaciones… pero es desconocido porque brilla por su ausencia.
El manual se llama “Actuación Policial para el Control de Multitudes en Materia de Uso de la Fuerza, Restablecimiento del Orden Público y Respeto a los Derechos Humanos” y fue promovido con intensidad por el Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera ante los mandos de la Secretaría de Seguridad Pública local (SSPDF), luego de las manifestaciones del 1 de diciembre de 2012, cuando Enrique Peña Nieto asumió la Presidencia.
En teoría, el protocolo se enfoca principalmente en la vigilancia de las concentraciones y que el seguimiento de los uniformados se haga con apego al respeto a las garantías individuales… pero ha tenido serias fallas.
El documento cataloga 23 tipos de actividades que se desarrollan en las manifestaciones y cómo deben reaccionar los elementos policiacos: Arenga, Unidad Policial, Técnica, Táctica, Sustancias irritantes en aerosol, Seguridad, Punto Estratégico, Puesto de Mando, Plantón, Orden público, Orden de Operaciones, Motín, Mitin, Marcha, Manifestación, Linchamiento, Estrategia, Dispositivo, Diligencia, Conducción, Concentración, Bloqueo y Asamblea.
Y para ello, hay reglas:
– Verificar que el personal operativo cuente con el equipamiento de acuerdo al servicio encomendado.
– Designar al responsable y el número de transportes para el traslado del personal.
– Considerar la ruta más corta para el traslado del personal, previendo la seguridad de éste.
– Analizar y determinar el grado de amenaza en la zona.
– Activar los servicios de emergencia para la evacuación y traslado de posibles lesionados al momento de llevarse a cabo la operación.
– Determinar las situaciones especiales y necesidades logísticas para su intervención.
– Acatar las órdenes del mando
Están por escrito para que nada se salga de control, pero el 2 de octubre pasado, en la marcha por el 45 aniversario de la matanza estudiantil en Tlatelolco, el resumen de la jornada arrojó un saldo negativo para la policía de Mancera: más de 20 quejas de parte de la Comisión de Derechos Humanos del DF (CDHDF) por detenciones arbitrarias y agresiones a periodistas.
Entre las violaciones más referidas por manifestantes y miembros de los medios de comunicación fue el uso de toletes, escudos, cascos y hasta extintores para someter a los asistentes a la marcha y detenerlos, en ocasiones con lujo de violencia.
“La orden que un servidor dio fue la de no utilizar toletes, ni gases. Consecuentemente nosotros estaremos verificando y checando si hubo alguien que lo realizó, entonces haremos las sanciones correspondientes.
“Categóricamente les digo que no hubo personal nuestro haciendo detenciones en la marcha; sabemos que hubo personal de otra corporación que, a sabiendas de que se trataba de flagrancia, hicieron las detenciones, porque la Constitución dice que cualquier persona que se encuentre en flagrancia cometiendo un delito puede ser detenida no solo por uniformados sino por cualquier persona, independientemente si son policías o no”, dijo Jesús Rodríguez Almeida, titular de la SSPDF, cuando se le cuestionó por el uso excesivo de la fuerza de sus empleados.
Pese al esfuerzo por crear este manual, todo transcurrió como si no existiera. Peor: como si hubiera que desafiarlo para demostrar que los policías se han ganado el derecho a vigilar una manifestación.
El capítulo seis del manual –denominado “Restablecimiento Del Orden Público”– señala que para el empleo de la fuerza pública se necesita agotar el diálogo con los manifestantes en caso de que se den conflictos; si no hay solución o respuesta favorable, la persona al mando ordenará al personal policial instrumentar las acciones para advertir a la multitud que se desista de realizar actos contrarios a derecho.
Los puntos de actuar son, en orden: uno, Persuasión o disuasión verbal; dos, Reducción física de movimientos; tres, Utilización de armas incapacitantes no letales; y cuatro, Utilización de armas de fuego o de fuerza letal.
Sin embargo, en la marcha del 2 de octubre, no sólo la policía se abstuvo del diálogo, sino que actuó directo a disuadir la acción violenta con el uso de la fuerza, sin importar cómo se señala en el manual. Los uniformados decidieron pasar de cero a tres sin pasar por el uno o dos.
Todo quedó grabado en decenas de cámaras profesionales o celulares de transeúntes, que sirvieron como testigos para la derrota más significativa del manual “Actuación Policial para el Control de Multitudes en Materia de Uso de la Fuerza, Restablecimiento del Orden Público y Respeto a los Derechos Humanos”:
Un policía de 32 años, con tres de antigüedad en la corporación, fue detenido y dado de baja luego de que alguien captó con su celular cómo golpeaba con su casco a dos jóvenes y una niña que no se oponían al arresto.
La caída del joven policia es la misma que la del manual de Rodríguez Almeida y Mancera: muchas buenas intenciones que, mezcladas con poca preparación y un poco de malicia, generan violaciones a derechos humanos.





