(1 de noviembre, 2013).- Usando su olfato de investigador y con los indicios de que el dinero que se alojaba en la bóveda de la Secretaría de Finanzas era guardado en cajas y al día siguiente desaparecía, el comandante Alfredo Alonso Cuenca, comisario de la Policía de Investigación de la Procuraduría llegó hasta el Ejido Lomitas, Nacajuca, específicamente a la refaccionaria Jomali.
El investigador se dedicó a recabar datos e informes en el lugar. Ahí supo por vecinos que “personas del sexo masculino han ingresado a dicho domicilio cajas de cartón de huevo o archivo”. Ese fue el argumento principal usado por la fiscal Luz del Alba Pardo Cruz para solicitarle al juez penal de primera instancia el cateo a la refaccionaria propiedad de Marlis Cupil López, secretaria del despacho particular del ex secretario de Administración y Finanzas, José Sáiz Pineda.
Otro indicio que llevó a realizar el cateo fue que “dicho local (la refaccionaria) a comparación de la calidad económica de las otras viviendas resalta un poco más, por lo que es presumible que en la casa-habitación o local pueda existir o puedan estar las cajas de cartón con el dinero que fue sustraído de la Secretaría de Administración y Finanzas”.
Un cateo de madrugada
A la una de la mañana del miércoles 22 de mayo, la fiscal Luz del Alba recibió la autorización para catear la refaccionaria.
El oficio era enviado por la juez Guadalupe Cadenas Sánchez, pero fue hasta 4:40 de la madrugada cuando la Agente del Ministerio Público ejecutó la orden.
En el operativo sólo la acompañaron el perito criminalista Juan Vinagre Reyes, el jefe de Grupo de la Policía de Investigación, José Gilberto Pérez Pérez y los elementos ministeriales a su cargo, Javier Arturo Yepez Pérez y José Alfredo Cordero Guzmán.
A esa hora de la madrugada, en Lomitas, Nacajuca y frente al local de la refaccionaria hizo su aparición Marlis Cupil, según se desprende del desahogo de la diligencia del cateo, del que tuvo conocimiento Tabasco HOY.
Ahí, según la declaración, Marlis cooperó de inmediato, aceptó ser la propietaria de la casa y del local y confesó que en el lugar “habían unas cajas de dinero que no eran de ella sino del contador José Manuel Sáiz Pineda”.
Cupil López entregó las llaves a las autoridades y permitió el acceso al local, sólo puso una objeción: Ella no subiría al pequeño edificio porque “se encontraba con un poco de dolor en la espinilla de la pierna izquierda”.
En busca de la ‘billetiza’
El local de la refaccionaria Jomali está compuesto de dos pisos, la planta baja corresponde a un local de cinco metros por seis metros de fondo, el cual cuenta con dos cortinas metálicas en color blanco, una frontal y otra lateral, un área para realizar cambios de aceite a vehículos.
Al subir la escalera de la segunda planta la Ministerio Público contó 17 escalones, ahí se topó con una puerta de herrería con tres cerraduras, que por su dureza y seguridad advierte al que entra que traspasará una “fortaleza”.
Según la descripción, en esa planta hay dos oficinas del área administrativa, divididas con canceles de aluminio y cristales, un baño y una bodega.
En los cubículos fueron hallados muebles de oficina y dos equipos de cómputo marca LG con sus respectivos monitores.
En uno de los espacios encontraron un pequeño maletín color negro que en su interior contenía una laptop.
Un ‘tesoro’ en una bodega
Entre cajas llenas de botellas de aceite automotriz, de anticongelante y otros artículos propios de una refaccionaria, y casi al final del espacio que ocupa la bodega, el equipo de la Procuraduría halló el primer indicio del ‘tesoro’: Una caja de pañales “Huggies Ultraconfort, etapa seis”.
En su interior sólo quedaban dos ligas de goma, como aquellas que le merecieron el mote de “Señor de las ligas” a René Bejarano.
A lado de ésta se encontró una segunda caja, no una caja cualquiera, sino una señora caja con 57 centímetros de altura, ideal para guardar millones de pesos.
Esa caja trae la leyenda “Servilletas Suavel, con capacidad para 12 paquetes” y su interior estaba repleto de billetes de diferentes denominaciones, como son de mil, de quinientos, de cien pesos, de doscientos pesos y de cincuenta pesos.
Un tercer depósito de cartón con la leyenda “Huggies Ultraconfort” fue encontrado -según la autoridad- hasta la mitad con fajas de billetes de quinientos pesos, todas debidamente enligadas. El cuarto contenedor es de cereales Kellogs de la marca “Chocokrispis” y en su interior hay todo para una gran alimentación: Está rebosada completamente con fajillas de 500 pesos.
Una última caja es descrita como “pequeña” donde hallaron billetes con denominaciones de 20 hasta mil pesos.
Horas más tarde sería el propio Procurador Fernando Valenzuela Pernas quien informaría que las tres cajas contenían: Caja uno: 40 mazos de 500 pesos; caja dos: 70 mazos de 500 pesos; caja tres: 10 mazos de mil pesos, 2 mazos de 500 y de mil pesos; caja cuatro: 23 mazos de 500 pesos y finalmente caja cinco: Diferentes billetes con denominaciones de 50 a mil pesos.
Eran en total 88 millones 560 mil 416 pesos, una mínima parte del faltante de recursos federales que no aparece en Finanzas estimado en 2 mil 628 millones 816 mil 999 pesos, según Leoncio Lorenzo Gómez.
Al final de aquella diligencia Marlis Cupil esperaba afuera de la refaccionaria a la fiscal del caso, ahí, con las cajas de dinero aseguradas, se le solicitó acudir a la Procuraduría para rendir su declaración a lo cual aceptó. Días más tarde aparecería en la cama de un hospital denunciando una detención arbitraria y tortura.
Hoy la “Lady de Lomitas” está prófuga.


