Durante la Conferencia del Pueblo, la presidenta Claudia Sheinbaum se refirió a las recientes elecciones en Chile y advirtió que no es posible justificar ni reivindicar regímenes autoritarios, al señalar que llama la atención el reconocimiento que el presidente electo hace de Augusto Pinochet. Subrayó que, aunque el triunfo fue resultado de un proceso democrático, la memoria histórica obliga a no minimizar lo ocurrido en Chile a partir del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, cuando fue derrocado un gobierno elegido por el pueblo.

Sheinbaum contextualizó que en la década de los 70 el Cono Sur vivió una etapa marcada por golpes de Estado y un fuerte intervencionismo de Estados Unidos, situación que posteriormente fue reconocida tras la apertura de archivos oficiales. Recordó que en Chile, tras la elección democrática de Salvador Allende, se produjeron decisiones como la nacionalización del cobre que generaron oposición de sectores de la oligarquía y del gobierno estadounidense, lo que derivó en un golpe militar caracterizado por una represión y aniquilamiento brutal de quienes pensaban distinto.
La mandataria evocó escenas que calificó como imposibles de olvidar, como los asesinatos ocurridos en estadios donde se acumulaban cuerpos de personas detenidas y ejecutadas sin juicio, y enfatizó que más allá de cualquier modelo económico, el problema central fue la instauración de un régimen dictatorial que se prolongó durante años, hasta que un referéndum abrió nuevamente paso a la democracia. En ese sentido, insistió en que no se puede normalizar ni relativizar el autoritarismo ni los golpes de Estado.

Al contrastar con la situación mexicana, Sheinbaum afirmó que en México hay democracia plena, sin persecución a medios de comunicación, censura ni restricciones a la movilización social, y recordó que incluso reuniones de ultraderecha se han realizado libremente en la Ciudad de México. Señaló que reivindicar figuras como Pinochet equivale, en el contexto nacional, a justificar a Victoriano Huerta, quien llegó al poder mediante un golpe de Estado contra Francisco I. Madero.

Finalmente, destacó la importancia de que las nuevas generaciones conozcan lo ocurrido en países como Argentina, Uruguay, Chile y Brasil, y recordó que México, mientras vivía problemas internos como las desapariciones políticas, mantuvo una política exterior de asilo que recibió a miles de chilenos, argentinos, uruguayos y brasileños.


