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Guardianas del Fuego: La resistencia comunitaria tras el brillo del mezcal

Hace tres décadas, el mezcal en San Pedro Totolápam no se medía en dólares, sino en historias. El auge por la bebida tradicional ha impactado en el ecosistema de Oaxaca

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Hace tres décadas, el mezcal en San Pedro Totolápam no se medía en dólares, sino en historias. La destilería de la familia de Gladys Sánchez Garnica era un espacio de cohesión social: un lugar donde la luz de una sola bombilla bastaba para que los vecinos, tras largas cabalgatas, se reunieran no solo a beber, sino a reafirmar su identidad. 

“Nos enseñaron cuánto podíamos pedirle al monte”, recuerda Gladys a la agencia de noticias AP. 

Esas palabras resumen una ética de la reciprocidad que hoy se ve amenazada por un mercado que solo sabe pedir, pero rara vez devolver.

Auge global por el mezcal daña el ecosistema 

El auge global del mezcal ha traído consigo una paradoja social: mientras las marcas de celebridades como Bryan Cranston y Aaron Paul brillan en los estantes de Nueva York, en los Valles Centrales de Oaxaca la estructura comunitaria se fragmenta. 

El antiguo sistema de milpa —donde el agave convivía con el maíz y el frijol que alimentaban al pueblo— ha sido desplazado por el monocultivo. Esto no es solo un problema ecológico; es una pérdida de soberanía alimentaria. Al cambiar el bosque por agave comercial (espadín), las comunidades se vuelven dependientes de un mercado volátil y pierden la diversidad que les permitía ser autosuficientes.

Para productores como Luis Cruz Velasco, la industria ha sido un “salvavidas” contra la pobreza extrema, permitiendo que sus hermanos lleguen a la universidad. 

Sin embargo, este progreso tiene un costo invisible: la externalización de la culpa. Se señala a los campesinos por deforestar, mientras los contratos con las multinacionales a menudo no cubren siquiera los costos de producción digna o el manejo de residuos. 

Frente a este escenario, la respuesta surge de la organización colectiva. Gladys Sánchez Garnica no solo busca producir mezcal; busca recuperar el control. A través de “Guardianas del Mezcal”, un colectivo de mujeres, la lucha se vuelve política y social. No se trata solo de plantar agaves, sino de plantar cara a un sistema que invisibiliza el trabajo femenino y erosiona el tejido social.

La producción en México ha pasado de un millón de litros en 2010 a más de 11 millones en 2024, según el Consejo Mexicano Regulador de la Calidad del Mezcal (Comercam). Casi todo se produce en Oaxaca, pero menos de 30 por ciento se queda en el país. Alrededor de 75 por ciento de las exportaciones se destinan a Estados Unidos.

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