- Roberto Sánchez, candidato de la coalición Juntos por el Perú, llegó al balotaje tras una campaña enfocada en la reducción de las desigualdades sociales, el fortalecimiento de las regiones y la promoción de reformas institucionales
Roberto Sánchez, candidato de la coalición Juntos por el Perú, llegó al balotaje tras una campaña enfocada en la reducción de las desigualdades sociales, el fortalecimiento de las regiones y la promoción de reformas institucionales
La segunda vuelta presidencial en Perú se desarrolló este domingo en medio de una de las contiendas más cerradas de los últimos años. Los primeros sondeos a boca de urna mostraron una ligera ventaja de Keiko Fujimori sobre Roberto Sánchez, aunque la diferencia se ubicó dentro de márgenes mínimos que anticipan un escrutinio prolongado y un resultado aún incierto.
Más de 27 millones de ciudadanos fueron convocados a las urnas para elegir al próximo mandatario en un contexto marcado por la inestabilidad política, la inseguridad y el desgaste de las instituciones. La elección enfrenta dos proyectos de país claramente diferenciados y ha concentrado la atención de América Latina debido a las implicaciones que tendrá para el futuro político y económico de la nación andina.
Roberto Sánchez, candidato de la coalición Juntos por el Perú, llegó al balotaje tras una campaña enfocada en la reducción de las desigualdades sociales, el fortalecimiento de las regiones y la promoción de reformas institucionales. Su candidatura logró ampliar apoyos en zonas rurales y en sectores que demandan una mayor participación del Estado en el desarrollo económico y social del país.
Los datos difundidos por las encuestadoras mostraron que Sánchez obtuvo una ventaja significativa en las regiones del interior, donde concentró buena parte de su respaldo electoral. Este desempeño permitió equilibrar la competencia frente a Fujimori, quien registró mejores resultados en Lima y otras áreas urbanas.
La jornada electoral también puso de relieve el persistente debate en torno al legado político del fujimorismo. Keiko Fujimori busca alcanzar la presidencia después de tres intentos fallidos, mientras que Sánchez se presentó como una opción de cambio en un país que ha tenido ocho presidentes en la última década.
Con el conteo oficial aún en marcha, la estrecha diferencia entre ambos aspirantes mantiene abiertas todas las posibilidades. Analistas coinciden en que el desempeño de Sánchez refleja la consolidación de una fuerza política capaz de disputar el poder nacional y canalizar el descontento de amplios sectores de la sociedad peruana.


